Sucusumucu es una locución popular y coloquial puertorriqueña que significa hacer algo con disimulo, sigilo, cautela o a escondidas para obtener algún tipo de beneficio o salirse con la suya (Diccionario de la Lengua Española/RAE)
Amanda me “reprochaba” que a lo sucusumucu andaba detrás de sus carnes jayuyanas y retornar complacido a sus juegos en la cama y perderme en su cabellera de eucaliptos y, por supuesto, otra vez navegar con el Negro Francisco en su manantial de cocomordan boricua. Y que a lo sucusumucu siempre zambullía mis deseos en sus placeres, aunque no quisiera, ya sea por sus “días malos”, porque no quería en broma convertirse en una “mamabuela” o simplemente no tenía ganas de un delicioso mañanero antes del café y el cepillo de dientes.
¿Sucusumucu? Confieso que no conocía la expresión hasta que releí al Maestro Luis Rafael Sánchez en su icónica novela La Guaracha de Macho Camacho que ya cumple 50 años en el canon caribeño, latinoamericano y global.
…LA RECEPCIONISTA: El patatús: si era loca mosquita muerta, si era loca a lo sucusumucu. La enfermera y la recepcionista, confundida y sorprendida por la loquera de la loca quietecita, la loca mosquita muerta, a lo sucusumucu ni se da cuenta que sube el volumen del transistor hasta chocar con la rayita que indica que el volumen no sube más… (La Guaracha de Macho Camacho/Luis Rafael Sánchez/páginas 195-196/Edición Conmemorativa 50/Seix Barral).
En buen dominicano: a lo callaíto sucusumucu sería chuparse la teta y la ajena o que haciéndose el pendejo siempre le tocarán los mangos bajitos, ¿o también sería tirarse a muerto?
En el caso de Amanda, la mulata jayuyana, quien suscribe intentaba utilizar mi sucusumucu para agotar e intentar convencerla de la obesidad grasosa y maloliente de sus celos desbordantes adheridos a su ADN.
A su repertorio de sospechas , cada vez más agudas con inclusión de tramoyas, iluminación y un casting de mujeres extraídas de su mente delirante, se agregaba su obsesión de que a todas me las cogía a lo sucusumucu, ya sean amigas, compañeras de trabajo y primas y hasta las cajeras del supermercado cuando me obsequiaban una sonrisa de buen servicio al cliente.
Todas estas damas residían en mi celular. Amanda aprovechaba mi sueño profundo en las madrugadas para saber con quién, a qué hora y cómo se llamaba la próxima a la que le amolaría el cuchillo.
Todas sus sospechas se convertían al final de día en pompas de jabón de cuaba lanzadas al aire, evaporadas sin sustento y muertas en la orilla. Tanta cantaleta irracional y fastidiosa para generar estrés, dolor y separación.
-Pero mi amol, es una amiga de long time. La velduga velduga de mi vida eres tú bebé
-No y no. Te vi hablando con ella en el super muy cerquita , muy face to face, ¡Acho, con las amigas no se habla así!
-Goldi, deja esos celos. Cómete este mangusito con queso de hoja que te preparé, mi bori. Mami, suelta yaaa, por favor.
Fallido intento de mi sucusumucu, La cantaleta aumentó de audición y de rango hasta el día de su partida por el Aeropuerto Internacional de Las Américas.
…Alguna vez paseamos tomados de la mano después de quemarnos vivos en nuestro jardín de fuego y fluidos/Caminamos y el aire era fresco tibio /Y tú reías con el mundo/ y yo te miraba a ti caminar delante de mí. Tan rica, tan deseable, tan mía…
Volviendo al Maestro Luis Rafael Sánchez y La Guaracha hay que decir que la magia de leer literatura es encontrar palabras, personajes, escenas, dramas y risas que te recuerden sucesos e historias de tu vida. Escarbar en la literatura es un gran placer.
Leer es un camino conocido, es volver a nosotros por algún recoveco de nuestras experiencias. Ya lo han dicho los super guruses que todo está dicho, vivido, digerido, masticado y expulsado.
No hay nada nuevo. Suena cursi, pero es así. Ni el Gabo ni Cortázar ni los autores de ahora descubrieron el palito del fósforo apagado. Y sin embargo se mueve. Y se seguirá moviendo, más allá de nuestras partidas de este barrio cada día más al revés de lo que conocimos como mundo habitable, potable, bebible, compresible y sobre todo, vivible.
Lean libros -si les gusta físicos, mejor-, subrayen, hagan notas al margen, rebusquen los diccionarios, investiguen. No se lleven de las redes sociales. Tienen su sucusumucu para hacernos creer todas las mierdas, mentiras y bulos a conveniencia de los poderosos, fariseos y charlatanes que habitan este mundo.
Y a lo sucusumucu lo dejo hasta aquí…Buen domingo.
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