Que “La casa”, sujeciones de afectos y objetos, experimentara, colapsara, desde adentro, en corte vivo, minucioso, de carcoma y tedio, la historia crepuscular de la materia, “Al filo de la tarde”, comprueba, corrobora, una reflexión alegórica de que todo se desgasta, pasa, a tenor de “un duelo sin descanso”, abandonando, lentamente, desde afuera y la memoria, “apenas un destello”, o rastro de luz de lo que presumía su inquebrantable apariencia.

Precisamente, en su reto, “dentro”, despliego íntimo y del hogar, la poetisa de la imagen, Sally Rodríguez, ostentando, apenas, sostenido, un ligero tono, “susurro”, que discurre, ambulatorio, sobre la fragilidad o levedad de la existencia, apuntalada en el empalme, entrañable, cotidiano, “de vasijas y manos”, empieza a rematar, desmontar, en concreto chasco, las piezas, componentes, o recreo concurrente, de su propia semejanza, exactitud y alborozo.

De ahí que, en su apuesta, “fuera”, ya exterminados el tacto y los enseres, la poetisa, en medio, pleno, del consiguiente estrépito de natura, columbra el mismo desengaño que había ocurrido en el ya lejano horizonte, angustiante, de “La casa”. Prolongación, o vuelo tácito, ortodoxo, del destino, indefectible de las cosas, “viento…cenizas…ramas…hierba”, oscurecidas, unas, desamparadas, otras, ante la pérdida, sucesoria, de voluntad propia o abortada resistencia.

Así, a pesar de una esperanza incierta, “Hay aves”, todavía, o quizás “simples hojas”, que se abaten en un trayecto, irrevocable, transmigrando “hacia un sol” que se revoca, “disuelve”, a partir del lar en llamas, sobre cada objeto, de relevo, a punto de terminar el día y el comienzo de la noche que, a todos, por igual, nos toca.

Al filo de la tarde

La casa

es apenas un destello

un duelo sin descanso

al filo de la tarde

Dentro

se oye un caminar

un susurro muy leve

de vasijas y manos

Fuera

Un viento de ceniza

anochece las ramas

y la hierba que agita

su abandono

Hay aves

o talvez simples hojas

que emigran hacia un sol

que se disuelve