La ira suele presentarse como una fuerza legítima: parece defender nuestra dignidad, exigir justicia y protegernos de la humillación. Sin embargo, pocas pasiones son tan engañosas como esta. Quien se entrega a ella cree responder a una ofensa, cuando en realidad puede estar obedeciendo al primer impulso de su ánimo herido.

En el texto La edad de la ira: una historia del presente (2017), Pankaj Mishra plantea que esta pasión desenfrenada deja de entenderse únicamente como una pasión individual y se revela como un síntoma histórico y social, estrechamente vinculado al resentimiento. Ese resentimiento, que circula en la vida pública, especialmente en las redes sociales y en aplicaciones de chats como WhatsApp, expresa frustraciones acumuladas que encuentran nuevas formas de manifestarse mediante la confrontación, la agresividad y la violencia.

El filósofo Séneca entiende este sentimiento como una falsa muestra de carácter, una enfermedad del juicio que debe ser detenida antes de convertirse en acción. Desde esa mirada, la ira se aposenta en quienes clausuran toda posibilidad de concertación y eligen habitar el conflicto como destino, aun cuando ello implique consumirse en la propia confrontación.

La grandeza de este filósofo de gran vigencia radica en haber reflexionado sobre las pasiones humanas de todos los tiempos (Merejo, 2005), especialmente sobre la ira, a la que entendió como una fuerza capaz de arrastrar al ser humano hacia la destrucción cuando pierde el dominio de sí mismo. Su pensamiento estoico coloca en primer plano la necesidad de la serenidad, la templanza y el juicio racional frente a esa ráfaga destructiva que nubla la razón.

De acuerdo con su enfoque filosófico, uno de los remedios más sensatos contra este mal que perturba la razón es actuar con la demora prudente, ya que la pausa permite que el sano juicio vuelva a ocupar el lugar que el furor intenta arrebatarle:

“El mejor remedio para la ira es la dilación. Exígele al principio no que perdone sino que piense: tiene un primer impulso intenso, desistirá si espera. Y no intentes eliminarla entera de un golpe: toda ella será derrotada mientras la acosamos por partes. De las cosas que nos ofenden, unas nos las comunican, otras las oímos nosotros o las vemos. De las que nos cuentan no debemos hacer caso enseguida: muchos mienten para engañar, muchos porque han sido engañados; uno con su acusación trata de obtener favor y finge un ultraje para aparentar que se duele porque se lo han hecho; está el individuo perverso y que querría romper amistades bien trabadas; está el provocador de suspicacias y que debería contemplar sus juegos y de lejos y a salvo observaría a quienes ha enemistado” (Séneca, 2013, p. 177).

La enseñanza de Séneca es profundamente actual, porque no todo acontecimiento merece una reacción inmediata, como tampoco toda acusación es verdadera ni toda ofensa percibida exige furia. Muchas veces la ira, como pasión desbordada, nace de sospechas sembradas o de interpretaciones precipitadas. Por eso, la dilación representa una forma de inteligencia moral. Esperar antes de responder significa proteger la mente de la manipulación, del rumor y del orgullo herido en esta era del cibermundo.

La salida lúcida que ofrece este gran filósofo griego consiste en comprender que vencer este sentimiento negativo requiere debilitarla paso a paso. Primero se contiene la respuesta, luego se enfría el impulso, después se examina el hecho y finalmente, se decide con justicia. Allí donde una acción exige reacción inmediata; la prudencia exige examen. Esa pausa, mínima pero decisiva, puede salvar una amistad, evitar una injusticia y devolvernos el dominio de nosotros mismos antes de que la pasión nos devore. Por eso, es concebida por este pensador como una fuerza que debe ser examinada antes de que gobierne el juicio. Para combatirla, propone mirarla con rigor, descubrir sus deformaciones y quitarle cualquier apariencia de nobleza. Solo cuando la ira aparece tal como es —exceso, ceguera y desorden interior— puede ser contenida por la razón.

Por eso afirma: “Lograremos no irarnos si nos representamos con frecuencia los defectos de la ira y la valoramos acertadamente. Hay que denunciarla ante nosotros y condenarla; hay que analizar sus perversiones y sacarlas a luz; pues que aparezca tal como es, hay que compararla con lo peor” (Séneca, 2013, p. 191).

Lo anterior muestra que esta pasión desbocada pierde fuerza cuando es expuesta ante la conciencia. Al analizar sus efectos, queda claro que bajo su impulso se debilita la prudencia, se oscurece la justicia y se abre paso una conducta capaz de dañar vínculos, decisiones y la propia dignidad. Por eso, desenmascararla constituye el primer paso para recuperar el dominio de sí y evitar que una pasión momentánea determine el curso de nuestros actos.

En nuestra vida, la ira aparece como una forma de derrota interior. Quien se deja arrastrar por ella cree afirmar su fuerza, cuando en realidad queda sometida por ella. La verdadera firmeza está en conservar la claridad en medio del conflicto, escuchar antes de condenar y actuar desde el juicio sereno. La prudencia, entonces, vence donde esta fracasa: porque protege la dignidad, preserva la justicia y evita que el ser humano se destruya en nombre de una reacción pasajera.

Pero el problema se agrava cuando la persona dominada por la ira ya no escucha, cuando confunde la advertencia con una ofensa y la prudencia con debilidad. En ese punto, la derrota comienza antes del desenlace visible, porque quien se niega a pensar queda preso de su propio arrebato. Cae, más que por la fuerza del otro, por la ceguera que él mismo alimenta. Es entonces, cuando esta  reacción deja de ser un impulso pasajero y se convierte en una forma de autodestrucción, dado que empuja a actuar sin medida, a rechazar toda mediación y a cerrar el camino de la razón.

De ahí que, de acuerdo con Séneca, la verdadera fortaleza esté en saber detenerse a tiempo antes de imponerse desde el furor. Quien domina su ira conserva su juicio; quien se entrega a ella pierde primero la serenidad, luego la claridad y, finalmente, la posibilidad de decidir con justicia. La derrota más profunda ocurre cuando alguien, antes de ser vencido desde fuera, ya ha sido vencido interiormente por aquello que dejó de contener.

Referencias

Habermas, J. (2014). Teoría de la acción comunicativa (Tomo I). Trotta.

Merejo, A. (2005). Conversaciones en el lago. Narraciones filosóficas. Búho

Mishra, P. (2017). La edad de la ira: Una historia del presente. Galaxia Gutenberg.

Paz, O. (2014). Solo a dos voces. En Obras completas (Vol. VIII). Fondo de Cultura Económica.

Séneca. (2013). Sobre la ira: Libros I-III. Gredos.

Andrés Merejo

Filósofo

Profesor e investigador de la escuela de filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD): PhD en Filosofía. Coordinador del Master Filosofía en un mundo global UASD-UPV/EHU (País Vasco). Especialista en Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS). Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Premio Nacional de ensayo científico (2014). Profesor del Año (UASD). Fundador del Instituto Dominicano de Investigación de la Ciberesfera (INDOIC). Fundador del Observatorio de las Humanidades Digitales de la UASD (2015). Miembro de la Sociedad Dominicana de Inteligencia Artificial (SODIA). Miembro fundador e integrante de la Junta Directiva de la Asociación Iberoamericana de Filosofía de las ciencias y las técnicas (AIFCYT). Director de fomento y difusión de la Ciencia y la Tecnología, del Ministerio de Educación Superior Ciencia y Tecnología (MESCyT). Autor de varias obras: La vida americana en el siglo XXI (1998), Cuentos en NY (2002), Conversaciones en el Lago (2005), El ciberespacio en la Internet en la República Dominicana (2007), Hackers y Filosofía de la ciberpolítica (2012), La era del cibermundo (2015), La dominicanidad transida: entre lo real y virtual (2017), Filosofía para tiempos transidos y cibernéticos (2023), Cibermundo transido: Enredo gris de pospandemia, guerra y ciberguerra (2023), El oficio de pensar. Diálogos filosóficos (2025), vol. I y II, y Filosofía política de la inteligencia artificial. Poder, técnica y futuro humano (2026). Email: merejoandres@gmail.com

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