Ya hemos escrito sobre otras obras para niños de la autoría de la reconocida escritora y gestora cultural Brunilda Contreras. En esta ocasión vamos a estudiar su obra titulada "¿Qué le dijo?" (Diseño de portada a cargo de Verouschka Freixas. Impresión Editora Amigo del Hogar, República Dominicana, 2025). La obra consta de 40 páginas, ilustradas a a todo color.
Sobre los perfiles estéticos de esta obra para niños, debo destacar el manejo adecuado y rítmico que esta autora hace de la lengua. Aquí, el decir tiene una finalidad que se proyecta y se refracta en la multiplicidad de sentidos que asume la palabra, cuando la autora, a partir de la interrogante "¿qué le dijo?", busca respuestas.
Es una apuesta lúdica que se expone sobre la página, a partir del uso de la lengua.
Esta autora demuestra tener conciencia del porqué y el para qué escribimos para niños y niñas. Ella sabe que su finalidad fundamental no es "enseñar", sino deleitar a pequeños y a adultos.
Para esta autora, la lengua es parte de la ritmicidad y de la armonía fónica que todo trabajador o trabajadora creativo debe buscar cuando escribe para niños y niñas.
La obra, que consta de un prólogo escrito por Geraldine de Santis, inicia con un "¿Qué le dijo la gallina al huevo?". La gallina al huevo le dijo: "¡Papá!". Mientras que el huevo le dijo a la gallina: "¡Me pusiste!". Y el huevo volvió y le dijo a la gallina: "¡Mamá!".
Es la provocación de risa en los niños y niñas lo que procura esta autora en esta obra, poniendo también a gozar a nosotros, los adultos.
Al encontrarnos con este "¿Qué le dijo el gallo al cantante?", les confieso que no pude detener la risa: "¿Qué le dijo el gallo al cantante?": "¡A que te me salgo!".
Vean ustedes por dónde es que esta provocación de gozo está enfilada desde el inicio. "¿Qué le dijo el avión a una avioneta?": "Dame amores". Aquí, cada expresión está coordinada con el propósito de sorprender a los lectores y lectoras.
Y es que esta autora ha llegado a entender su misión de inculcar risa y provocar el pensamiento creativo en nuestros niños y niñas. Realmente, nuestros escritores y escritoras para niños y niñas tienen en esta obra una producción modélica, digna de que la podamos seguir como posible pauta de acción al momento de escribir para niños y niñas en este país.
"¿Qué le dijo?" es aquí una interrogante base o eje-núcleo desde la cual el humor planificado se desprende para sorprender a los lectores y lectoras. Es esta una obra que, dentro y fuera de nuestros espacios áulicos, puede ser montada también como obra de teatro.
Con esta obra podemos poner a nuestros niños y niñas a actuar y a reflexionar, poniéndolos también a responder la interrogante: "¿Qué le dijo?". Sin importar qué responden ni cómo responden, porque lo importante aquí es que hablen, a sabiendas de que, al hablar… piensan.
Esto, en el entendido de que poner a pensar a nuestros niños y niñas es una tarea pendiente en nuestras escuelas, liceos, institutos, academias y hogares de la República Dominicana.
Veamos este "¿Qué le dijo?": "El agua al hielo y al vapor: Por más que se disfracen, terminamos siendo lo mismo".
"¿Qué le dijo el río a la lluvia?": "Acomódate en mi lecho".
"El río al canal": "¡Impostor!".
Hay aquí una acción lúdica desde la cual la mamá, el papá, el maestro o la maestra pueden deleitar enseñando y enseñar deleitando, teniendo como centro los "Qué le dijo" que esta autora nos brinda.
Las ilustraciones utilizadas en esta obra no son complementarias; al contrario, son fundamentales en la unidad estética que representa esta obra. Son imágenes que, desde el uso del azul cielo, el amarillo y el verde, representan un equilibrio artístico unido a las expresiones discursivas que aquí conllevan al disfrute.
"Qué le dijo la vela a la llama": "Por ti me derrito". "Qué le dijo uno al cerdo": "¡PUERCO!".
Son sorprendentes las respuestas que encontramos en esta obra. Se trata de un coordinado vínculo entre la palabra y las ilustraciones. Ambas conforman los universos estéticos que, desde aquí, se desprenden.
Desde esta obra podemos asegurar que la literatura infantil en la República Dominicana se encamina por senderos de esperanza y que el Estado Dominicano debe entender esa realidad y programar, con hechos y no con demagógicas promesas, su desarrollo, apoyando a nuestros autores y autoras.
Desde esta obra se abre un espacio a la imaginación de niños y niñas y de adultos. De ahí que se trata de un recurso estético que nos permite contribuir a la formación de una sociedad más reflexiva y creativa.
Entonces, podemos afirmar, una vez más, que desde la literatura infantil podemos construir una sociedad más justa y participativa, sobre todo ahora, cuando la inteligencia artificial nos acorrala y conlleva a nuestros niños a alejarse del libro y de la lectura.
Desde esta obra podemos adentrarnos al universo de la imaginación y el gozo y hacer de la palabra nuestra aliada hacia la construcción de una sociedad fundamentada en principios humanísticos, desde el imaginar y desde el crear.
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