El tiempo acrisola los talentos. Contrario a la mirada pesimista al paso de los años, es con ello que la obra crítica va cobrando forma. Además, la tan anhelada madurez va reposando las emociones y amansando  el seso para nivelar  la mirada y medir con justicia la estatura del otro, posponiendo el ego a cada atisbo.  Es lo que, al menos en mi caso, limpia el cristalino para mirar sin pasiones la obra de los escritores dominicanos.

En uno de los periodos en que fungí como director de cultura en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, gestioné con la Rectoría de entonces, presentar ante el “Premio Reina Sofía” la obra del poeta Víctor Villegas, reconocido por todos por la evolución de su estro poético que lo  hizo  transitar de la generación del cuarentaiocho a la vehemencia ochentista.  Sin embargo, las autoridades de la  UASD no supieron calibrar la importancia para el país que significaba una presea tal para nuestras letras. Estrecha la mirada que solo alcanza hasta la mediocre nariz.

Víctor Villegas.

El gran escritor y político, Juan Bosch, ponderó toda su vida al poeta y profesor de Estética, Pedro Mir, para el máximo galardón de las letras en lengua española. A más de uno escuché decir con sorna, que el poeta de “Hay un país en el mundo” no merecía tal reconocimiento. Pienso que lo merecía tanto como Jorge Edwards, quien lo recibió un año antes de la muerte de Don Pedro. Los premios, a veces llegan tardíos, como ocurrió un año después cuando el laureado lo fue Paco Umbral. Pero, en nuestro caso, la  muerte se nos adelanta.

Marcio Veloz Maggiolo

Una pequeña comunidad entusiasta, generó una página en las redes sociales ponderando al poeta, pintor, antropólogo, catedrático, novelista, polímata en fin, Marcio Veloz Maggiolo. Creo que le sobraban al ilustre hombre de letras y ciencia cualidades para cualquier galardón. Pero asistimos, ya sin asombro, a la rabia liliputiense que murmuraba en corrillos contra esa candidatura.

Años antes, cuando toda la comunidad intelectual española veía en Antonio Fernández Spencer el claro sucesor de Pedro Henríquez Ureña, sus propios coetáneos dominicanos minaron la posibilidad de cualquier reconocimiento.

Dado que la presentación y postulación de tales laudatios debe provenir de instituciones, las omisiones mencionadas, y otras que no hemos citado, son responsabilidades desatendidas por el Ministerio de Cultura y la Universidad Autónoma de Santo Domingo, así como otras organizaciones con fe pública para presentación de candidaturas.

La universidad estatal no  se ha percatado de  que un gran porcentaje de los ganadores del Premio Nacional son o han sido académicos de esa Casa de Estudios y, por tanto, visibilizarlos da brillo y prestigio a su Alma Mater. Aunque el Honorable Consejo Universitario resolutó hace  unos años, que los maestros de la UASD distinguidos por tan alto reconocimiento de las letras nacionales, pasarían a ser, de forma automática profesores eméritos; dos luminarias docentes: Manuel Matos Moquete y León David, están pendiente de que cumplan con lo que el propio Consejo ha establecido.

Manuel Matos Moquete, escritor. Foto: ©Acento.com.do

Así, vamos navegando en este océano de iniquidades y exclusiones (que se me figuran autoexclusiones) hasta llegar  a esta orilla del tiempo. Encontramos obras y autores con altísimos aportes a la lengua de Cervantes, pero con poco reconocimiento internacional, en parte por las diatribas locales.

Empero la reciente publicación en la colección Visor de la poesía completa de José Antonio Mármol, quien hace ya unos años obtuvo también el premio Casa América, ha roto los atavismos insulares y emerge como una promesa de que la rica producción literaria dominicana germine en tierras con mayor fecundidad y lectoría, abriendo puertas para las letras nacionales.

José Mármol.

No hay dudas, dada la importancia tanto del galardón obtenido como de la publicación en la prestigiosa firma editorial española, de que este es un momento estelar para este autor criollo, y con él para la visualización de la literatura insular dominicana.

No se trata solo de que Mármol haya logrado, por sus propios medios, romper barreras territoriales, y trascender los bordes que impone un pedazo de tierra rodeado de agua, sino que todos los lectores especializados coligen las sobradas calidades de su obra poética y ensayística. Siendo, de tal modo, que las instituciones del país podrían presentarlo como candidato al honor de un premio como el Cervantes,  Reina  Sofia o  Princesa de Asturias de las letras.

Un dominicano en tal tribuna, subiría cargando con todos los que en su país hacen ejercicio de creación con el lenguaje cervantino, abriría puertas para una diferente marca-país,  dando a ver un poco más que playas y montañas en la isla donde por vez primera en América se habló español, por primera vez se discursó en castizo sobre derechos humanos, y una indígena poetizó en esta lengua que cambiamos por oro siendo de oro, al decir de Pablo Neruda.

Mas allá del  solipsismo literario están los efectos que una obra puede tener a nivel social. Más allá de la repetida soledad del creador está esperando el lector. En poesía de soledad, Paz lo dijo mejor que yo (lo parafraseo): la poesía parte de la soledad, al final busca la comunión y “devolver al hombre su inocencia”.  La obra siempre trasciende a su autor.

César Augusto Zapata

Psicólogo, poeta y educador

Piscólogo, escritor, poeta. Premio Internacional de Poesía Casa de Teatro 1994. Director de la Cátedra de la Edgar Morin, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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