En un discurso que distó mucho de ser una simple nota de agradecimiento, el ganador del Premio Nacional de Literatura 2023, Pedro Vergés, lanzó una severa advertencia sobre la degradación del oficio de escribir en la actualidad. Según el autor galardonado en la noche de hoy, asistimos a una "banalización del concepto" de escritor que se ha intensificado de forma notoria en las últimas décadas, diluyendo la frontera entre el arte real y la mera capacidad de no ser analfabeto.

Para el galardonado, el hecho de que casi toda la población sepa escribir ha generado la falsa ilusión de que cualquiera, por el simple uso del idioma ante un imponderable de la vida, es ya un artista.

Esta "espontaneidad literaria" se ha multiplicado de forma asombrosa, facilitada por las plataformas de divulgación masiva que otorgan el título de "escritor" a cualquiera que publique un artículo o un libro de cualquier índole. El autor critica que esta tendencia no es un fenómeno aislado, sino una característica de los tiempos actuales donde la cantidad parece primar sobre la calidad, generando un mercado saturado de obras supuestamente literarias que confunden al lector.

La denuncia se extiende al ámbito económico, donde la obra literaria ha caído en un "alto grado de desvalorización del valor". Bajo la presión del mercado y la multiplicación desmedida de textos que se autodenominan poemas o novelas, el arte de escribir se encuentra en una encrucijada "enojosa" donde la mercancía pesa más que la estética. El autor lamenta que el intercambio entre creador y lector esté hoy sujeto a una rapidez que impide el esfuerzo emocional necesario para asomarse a la verdad del arte.

Uno de los puntos más críticos de su intervención fue la distinción entre divertirse e interesarse por lo que se cuenta. En la narrativa contemporánea, parece haber un desvío hacia lo meramente atractivo y superficial, renunciando a la posibilidad de alcanzar "lo sublime" en favor de lo superfluo. Esta banalización del hecho estético, aunque el autor espera que sea pasajera, requiere una alerta constante para no perder la esencia de la literatura.

El discurso también arremetió contra la "arbitrariedad del gusto" del lector común, el cual, carente de especialización, desestima o acepta obras basándose en criterios puramente subjetivos. Esta arbitrariedad genera corrientes de opinión que, a pesar de su falta de fundamento técnico, terminan pesando de manera desproporcionada en el entorno literario actual, fortalecidas por la inmediatez de la época.

Frente a este caos, el autor propone el juicio crítico como el único antídoto contra lo banal y el "repentismo". El juicio crítico no es un capricho, sino un esfuerzo de apreciación basado en la acumulación de saberes que permite establecer cánones convincentes. Sin esta guía, la literatura queda a merced de apreciaciones epocales que, aunque se muestren prepotentes y seguras de sí mismas, carecen de la vocación de permanencia de las verdaderas obras maestras.

¿De qué sufre la literatura dominicana actual?

Al analizar el panorama local, el diagnóstico no fue más alentador: la literatura dominicana sufre una "dispersión" sin precedentes. El autor sostiene que se han perdido los criterios de jerarquía estética y generacional que antes daban orden al país.

"Hoy, la geografía ha dejado de ser un límite, resultando en una literatura transnacional escrita "dentro, fuera y en el medio", lo que ha generado un desorden disciplinario que urge atender", precisa.

Un desafío adicional mencionado es la falta de análisis sobre la pertinencia de las obras escritas por dominicanos en otras lenguas, como el inglés, producto de los procesos migratorios. El autor cuestiona cómo se vincula esta producción con la sociedad que le da vida y advierte que un país no puede sostenerse sin una cultura y una literatura cuyos valores estén debidamente ponderados por la crítica.

La crítica se tornó directa hacia las instituciones y los especialistas actuales, denunciando la creación de "antologías caprichosas" y "críticas pretenciosas" que no aclaran nada y solo confunden. El autor lamenta que se hagan apologías sin fundamento real y aboga por recuperar el impulso de hace cuarenta años, cuando un grupo de intelectuales organizó el primer congreso crítico para poner "la casa en orden".

Finalmente, el galardonado cerró con un tono de "inevitable pesimismo", sugiriendo a las universidades y academias de la "alta cultura" que asuman la responsabilidad de organizar un nuevo evento de envergadura crítica.

Aclara que no es un reclamo ni una solicitud, sino una "simple sugerencia" nacida de la necesidad absoluta de clasificar con seriedad el valor de la obra nacional para poder entender quiénes somos realmente.

Julio Solano

Periodista y poeta

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