Descender a las tinieblas, pero por gracia divina que siempre es buena, sintió, William Blake, el infierno y subió a la luz, a este plano que habitamos desde temprano en cuanto asumir su naturaleza, misma que no viene estrictamente de la casualidad. Bajar a lo oscuro está dentro de su poesía, le mantiene en una linealidad totalmente tensada en horizonte de blancura que permea su creación. Un poeta maldito es Blake, y más, uno de los ejemplos acabados de la literatura del mundo, no hablamos de literatura dominicana, enfatizamos: literatura escrita en lengua española. Y es este nombre, que colocamos como primer molde trasladado en situaciones y espasmos con los que hoy se constituyen rasgos del bien y del mal en la producción poética de Pastor de Moya, teoría y práctica sistemática de la estructura y sus alfileres punzantes, hallamos similitudes en ambos dentro de sus oligárquicas estructuras manchadas por el ir y venir de la existencia.
2. Y la lengua que relata realidades
En la lengua habita la dualidad, sombra y luz, ya hemos dicho, y esta obra de Pastor De Moya habitó entre la claridad hasta la oscuridad más honda, pues estar en este lugar subjetivo del ser, al igual que en lo claro, también supone escalar distintos grados. Lo entendido y asumido como poeta maldito en Pastor De Moya existe íntegro en la literatura mundial partiendo de la lengua española a modo de reiteración.
Un hacer es su manierismo conductual sin desvío, sin equivocaciones, diestro; vertical en el manejo de recursos retóricos y procedimientos estructurales, propios del escrutinio dentro de escalas de la innovación. Hay en él y en obrar una continuidad del manejo del sustantivo. Conciencia que se gestó en la intimidad del vientre: es esta; el alma del poema, sustantivo y verbo. La morfología del verso está sustentada en los núcleos que lo fundamentan, por eso esa plenitud de sentido sostenido se extiende en el decir poético mismo.
La composición, a la hora de la construcción, descansa, se afirma, en la estructura fónica sintáctica con la necesaria carga semántica derramada en sensaciones, emociones sentimientos y, desde luego, el conocimiento implicado e inevitable, que mudó de las visiones del mundo y de las direcciones y observaciones de los otros en este plano material concebido, establecido por los sentidos que se manifiestan en el significante, donde hay otros lados en que descolla, de forma proverbial, la propuesta de Pastor De Moya. El peso de lo establecido en el pleno de lo visible que, por cualidad, por lo que se le conoce en el mundo palpable que se experimenta en primera instancia, en el ser mismo, en el pálpito de la carne y en la imaginación, advertimos esa nada constante y progresiva que culmina siendo algo: trascendental de lo humano recogido en significado, expresando lo que siempre fue y es desde el origen, prolongado en la composición que se hace entidad de Pastor de Moya como símbolo y esquema que emerge de su interioridad.
Una composición de plano, en esta obra total de Pastor, manifiesta muchas formas. Un estilo desgajado, como un buen tronco de roble en ramas robustas, su decir prevalece en una linealidad apegada a principios, desenvuelta en un quehacer siempre violentado, y ahí otras formas de decir el mismo decir.
3. Experimentación y el verso
Dentro de la naturaleza del acto poético, de la creación de nuevas realidades, la ley de modificación de lo establecido, esto es, del signo, la palabra, opera con natural imperativo en el sentido que el arte, esa nueva realidad, genera un fluir sistemático que resulta concreción bien propia, natural del hecho mismo de creaciones imaginarias.
Veamos este comportamiento; Carlos Bousoño (1923-2015),(4) creador de un sistema para estudiar y explicar el acto poético centrado en el poema, aplicable a todos los distintos géneros literarios, entiende que lo poético predomina y se concreta dentro de las épocas -cien años de discurrir temporal que le pertenece a uno y otros movimientos, por condición humana y espiritual, a hombre y mujer en lo que concierne a crear obras imaginarias, como corresponde al arte en todas sus vertientes, intuye un sistema de renovación. La modificación, desde los recursos estructurales y retóricos, resulta tan natural, según Bousoño, que lo ya hecho por otros es una acción de estímulo al pensamiento crítico que se reproducirá donde la variable será la constante de hallar la verdad individual de porqué somos o no somos en su ascender evolutivo, por ejemplo, potenciadores de la belleza en el renacer de la palabra. Hablamos de un natural procedimiento que anda fiado a lo existencial. Una señal, la historia de cualquier arte ejemplifica distintos momentos de sus sucederles. Ahora, esas leyes, modificación del signo y asentimiento, crea la energía universal, única en torno a la aparición de cláusulas que se ajustan a esos distintos procedimientos de la creación.
Las leyes estuvieron en la naturaleza y su aplicación inconsciente creció en un discurrir histórico: las aplicaban todos los poetas, los verdaderos y únicos, que en este mundo han sido, y son.
Y en este sentido, la experimentación participa en direcciones múltiples, de acuerdo a los postulados de Carlos Bousoño donde advierte ruptura con lo establecido que se visibiliza, contactarle por golpe de ojo, contrario al fluir normal del verso, cuya modificación se acuna discreto en la línea, en el rito, en las relaciones pulsadas que establece la cadena fónica – sintáctica, supone un ritual de procesos lingüísticos, semánticos en el que se esquematizan esos desplazamientos.
4. Un poeta maldito desde el río Camú
La denominación de poetas malditos proviene de un ensayo: Les poetes maudts que publicó Paul Verlaine (2), 1884, en el que grafica interioridades de estos creadores, externadas en un contexto social donde eran generalmente rechazados, o no entendidos, citando, entre otros, a Mallarmé, Paul Valery, Arthur Rimbaud, Baudelaire y Marceline Desbordes-Valmore, única mujer que por esas fechas se ajustó a la lista de poetas malditos.
Pero, en sentido general, porqué Paul Verlaine se detuvo específicamente en la morfología de los poetas señalados para denominarlos malditos con el entendido de que eran vistos como inadaptados y no como literatos. La respuesta descansa en la inigualable complejidad de cada uno de ellos ante la vastedad inmedible de sus obras, donde las rupturas contra lo tradicional adquieren otra tonalidad derivada de todo aquello que se entiende libre de censura y de manipulación.
Hay en otros poetas malditos un serio aliento de los románticos esenciales, asumiendo el dramatismo primigenio. Víctor Hugo, Samuel Taylor, Gustavo Adolfo Becker, Lord Byron, Edgar Allan Poe, William Blake, Oscar Wilde entre otros se sitúan en el aquí y ahora de una modernidad templada, y en el sentido de vanguardias, profundizan y transforman el cuadrante lírico con un tono en sus líneas de extremo fracaso.
Pastor De Moya, con toda la legitimidad que sustenta nuestro criterio, pertenece a esta especie de la que en su ensayo habla Verlaine. Revuelvo en esta afirmación centrada en actitudes suyas estéticas en el momento en que le tocó ser – A manera de ejemplificación, enfrentamos estos versos- Uno, Baudelaire, Las flores del mal, 1857, y el otro de nuestro poeta, Pastor De Moya, ejemplos vivos de que el cielo e infierno están entrelazaos en la luz y la oscuridad del ser en su esencialidad.
Charles Baudelaire (Las flores del mal, 1857)
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