Hablar de Olga Bucarelli no es simplemente evocar a una actriz; es traer a la memoria una presencia que acompaña toda mi vida: una energía singular, una manera de habitar el mundo a través del arte. Desde aquellos días iniciales en el Teatro Estudiantil del Colegio De La Salle, a comienzos de la década de 1970, ya se percibe en ella algo distinto: una intensidad poco común, una entrega que no responde solo a la disciplina, sino a una vocación profunda, casi inevitable.

Olga no solo actúa: vive el teatro.

En un tiempo en que los caminos están claramente delimitados —y, sobre todo, restringidos para las mujeres—, Olga rompe moldes con naturalidad. Juega fútbol, algo inusual en aquella época, y estudia arquitectura, al igual que su hermano Miguel, nuestro compañero Manuel Chapuseaux y yo. Esa combinación de sensibilidad artística y formación técnica revela otra dimensión de su talento: la capacidad de comprender el espacio, la estructura, la historia del arte y el equilibrio, cualidades que traslada con naturalidad al escenario.

Donde Olga se vuelve verdaderamente inolvidable es en escena. En montajes como Lo que pasó, pasa, Otro coro, Cabimas, Carroña vidriosa y Orula Changó, de Rómulo Rivas, o El médico a palos, de Molière, su presencia se impone desde la verdad interna del personaje, atravesando al espectador. Hay en ella una conexión esencial con cada rol, una manera de decir y de estar que nace desde las entrañas.

Olga Bucarelli: teatro que respira

Olga Bucarelli, una de las grandes actrices del teatro dominicano, referente de entrega, talento y permanencia viva sobre las tablas.

Olga es, en el sentido más pleno, una artista —con mayúscula—, capaz de transitar con autenticidad por la radio, el cine y la televisión, sin perder nunca su raíz escénica. En cada personaje no solo actúa: crea, reinventa, respira junto al texto y eleva a sus compañeros. Su arte no es únicamente técnico; es orgánico. No se aprende del todo: se es.

Durante años forma parte del elenco de la Compañía Oficial de Teatro de Bellas Artes, donde consolida su reputación como actriz profunda, versátil y comprometida, dejando una huella imborrable en la historia del teatro dominicano.

Al mirar hacia atrás, uno comprende que Olga no es solo una compañera de escena, sino parte de una generación que hace del teatro una forma de vida, una manera de entender el país, la cultura y la sensibilidad con pasión y firmeza. Una generación que no se diluye con el tiempo, sino que permanece activa, creadora y trascendente.

Entre sus compañeras actrices, inmensas como ella, figuran Yanela Hernández, Iris Peinado y Arlette Fernández; y actores como Manuel Chapuseaux, Mario Lebrón, Teófilo Terrero, Salvador Espinal, Eduardo Loaces, Miguel Bucarelli, Miguel Ángel Castillo, María del Carmen Hernández y Benigna Chapuseaux, entre muchos otros jóvenes del Teatro Estudiantil que ensayan en el Colegio De La Salle bajo la dirección de Otto Coro y Rómulo Rivas. Muchos de ellos continúan, aún hoy, vinculados al teatro, marcados por ese mismo fuego inicial.

Detrás de ese impulso, como raíz firme y guía luminosa, está la presencia de nuestros mentores, Otto Coro y Rómulo Rivas, quienes siembran en nosotros no solo la disciplina del oficio, sino el sentido profundo del teatro como compromiso y expresión de vida. En ese trayecto compartido, obras como Estructura, de Otto Coro, y Lo que pasó, pasa, nos marcan a todos; y Olga vuelve a destacar con esa intensidad orgánica que la hace sobresalir sin esfuerzo, como si el escenario fuera su estado natural.

Cuando salimos del Teatro Estudiantil y decidimos profesionalizarnos, fundamos el Teatro Gayumba, un paso que afirma nuestra vocación: hacer del teatro un destino, no un tránsito. Más adelante, una parte del grupo evoluciona hacia lo que será el Teatro Gratey, y Olga nos acompaña en ese nuevo trayecto.

En Gratey participa en montajes emblemáticos que marcan nuestra historia y la del teatro dominicano: Mujeres de nuestro país, Entremeses dominicanos, En entremés, de Cristóbal de Llerena; 1946, primera manifestación del Teatro Gratey; y La Chunga, de Mario Vargas Llosa. Todas dirigidas por mí. En cada una, Olga vuelve a brillar con fuerza, talento y disciplina.

En Gratey coinciden tres actrices que marcan una época: Yanela Hernández, Olga Bucarelli y Anacaona Féliz. Una tríada de talento, sensibilidad y fuerza interpretativa difícil de repetir. Juntas representan lo mejor de una generación de mujeres en el teatro dominicano, con identidad propia, rigor y entrega absoluta al oficio.

Con Gratey realizamos giras internacionales a Cuba, Estados Unidos y México, llevando nuestras propuestas más allá de las fronteras y marcando una etapa de esplendor para el teatro dominicano.

En lo personal, esta etapa consolida no solo mi vocación como director, sino la certeza de estar rodeado de artistas verdaderos. Y entre ellos, Olga —siempre Olguita—, dejando en cada escenario la huella de su talento, su disciplina y esa fuerza interior que la convierte, y la sigue convirtiendo, en una actriz imprescindible y una amiga para siempre.

Olga Bucarelli, una de las grandes actrices del teatro dominicano, referente de entrega, talento y permanencia viva sobre las tablas.

Al anunciar, en la celebración del Día Nacional e Internacional del Teatro este 27 de marzo, que el Festival Nacional de Teatro 2026 (FENATE) es dedicado a ella por el Ministerio de Cultura, quiero rendir homenaje a esa amiga, compañera y gran actriz.

Olga Bucarelli no es solo parte de nuestra historia: es faro y guía, ejemplo vivo para las nuevas generaciones. Su vida en el teatro se despliega como un poema: dramática, cómica, trágica, pero sobre todo profundamente humana. Cada gesto, cada mirada, cada silencio suyo es lección, memoria y luz que atraviesa el tiempo.

Y lo más admirable: Olga continúa hoy sobre los escenarios, viva, vigente, entregada al oficio con la misma intensidad de siempre.

Que su nombre siga vibrando en cada escenario, en cada aplauso, en cada corazón que —como el nuestro— aprende a amar el teatro gracias a esa fuerza solidaria y a ese talento infinito.

Hoy, junto a Olga, seguimos dignificando el teatro dominicano, manteniendo viva la pasión, la disciplina, la camaradería y la amistad: la verdadera escuela del arte.

Danilo Ginebra

Publicista y director de teatro

Danilo Ginebra. Director de teatro, publicista y gestor cultural, reconocido por su innovación y compromiso con los valores patrióticos y sociales. Su dedicación al arte, la publicidad y la política refleja su incansable esfuerzo por el bienestar colectivo. Se distingue por su trato afable y su solidaridad.

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