La noche se sentía como el preludio de algo distinto. Algo proclamaba que lo que estaba por suceder sobre el escenario sería perdurable por su calidad, consistencia e intensidad, a juzgar por la información disponible sobre sus dos protagonistas vocales: la soprano Nadine Sierra y el tenor Xabier Anduaga, con el respaldo de la Orquesta Sinfónica Nacional y el papel determinante que desarrollaría su director, el maestro José Antonio Molina.
No se podía predecir el resultado artístico, pero el ambiente era promisorio. El impecable programa de mano de Fundación Sinfonía reafirmaba ese criterio esperanzador.
La Gala de Grandes Intérpretes “Margarita Copello de Rodríguez”, organizada por Fundación Sinfonía y la Fundación Amigos del Teatro Nacional, reunió a dos de las voces más destacadas de la lírica internacional junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección de José Antonio Molina.
Un programa de gran exigencia
El programa, elaborado con sumo criterio selectivo, recorrió fragmentos de ópera italiana y francesa, zarzuela española y repertorio del teatro musical estadounidense.
El bloque inicial estuvo a cargo de Giuseppe Verdi, con el Preludio de La traviata, interpretado por la Orquesta Sinfónica Nacional.
A continuación, Nadine Sierra abordó Ah! Je veux vivre, de Roméo et Juliette, de Charles Gounod, uno de los momentos de mayor lucimiento de la soprano.
Luego llegó uno de los grandes desafíos del repertorio tenoril: Ah! Mes amis, quel jour de fête!, de La fille du régiment, de Gaetano Donizetti, interpretada por Xabier Anduaga en el papel de Tonio.
La pieza exige al tenor un dominio técnico excepcional y contiene los célebres nueve dos de pecho, uno de los grandes desafíos de virtuosismo del repertorio.
El repertorio belcantista continuó con Caro elisir! … Esulti pur la barbara, de L’elisir d’amore, de Gaetano Donizetti, en la que participaron Nadine Sierra y Xabier Anduaga.
De Giacomo Puccini llegó después el célebre dúo O soave fanciulla, de La bohème, con Sierra y Anduaga como Mimì y Rodolfo.
El tránsito hacia la zarzuela española permitió otro cambio de atmósfera. Se escuchó el Intermedio de Las bodas de Luis Alonso, de Gerónimo Giménez; ¡Flor roja!, de El barberillo de Lavapiés, de Francisco Asenjo Barbieri; Me llaman la Primorosa, de El barbero de Sevilla, en la voz de Nadine Sierra, y No puede ser, de La tabernera del puerto, de Pablo Sorozábal, interpretada por Xabier Anduaga.
El programa formal cerró con repertorio del teatro musical estadounidense: la Obertura de Candide, de Leonard Bernstein, a cargo de la orquesta, y Tonight, de West Side Story, en un dúo de notable sensualidad y complicidad entre Nadine Sierra y Xabier Anduaga.
El regalo
Las piezas ofrecidas después del programa oficial fueron la coronación de una noche de auténtico deleite estético y de una entrega vocal difícil de olvidar.
Xabier Anduaga interpretó Júrame, de la compositora mexicana María Grever, una de las canciones latinoamericanas más conocidas del siglo XX.
Nadine Sierra respondió con O mio babbino caro, de Giacomo Puccini, perteneciente a Gianni Schicchi, ópera de un acto que forma parte del tríptico Il trittico.
Y, para cerrar, llegó una reconocidísima canción napolitana: ’O sole mio, de Eduardo Di Capua, con letra de Giovanni Capurro, interpretada a dúo por ambos cantantes.
Entonces el paroxismo se hizo general. La emoción impregnó la sala y cerró una función que había ido creciendo progresivamente hasta desembocar en ese instante de comunión entre artistas, orquesta y público.
Pero… ¿Qué fue distinto?
La presentación de Fundación Sinfonía fue incomparable no porque haya sido la única gala de calidad indiscutible, sino por la combinación excepcional de factores que confluyeron esa noche: la selección de los dos cantantes, el repertorio escogido, el nivel de la Orquesta Sinfónica Nacional y el momentum construido por su director, el maestro José Antonio Molina.
El director de la OSN estuvo en una gran noche de integración total con sus músicos, con los dos intérpretes y con el público.
Molina parecía establecer una conversación permanente con los cantantes: a veces mediante la orquesta, otras a través del silencio, la espera, el acompañamiento y la respuesta inmediata a cada gesto vocal.
Fue la suma de su talento, su entrega a la música y su vocación de director, galvanizando de la mejor manera la relación entre quienes protagonizaban, desde el instrumento o desde la voz, una noche que merece quedar registrada en la historia sinfónico-vocal de la República Dominicana.
Pero aún faltaba más: la oleada de impecabilidad y fuerza interpretativa de los dos solistas invitados, Nadine Sierra y Xabier Anduaga, con un derroche de condiciones de textura, fuerza, modulación, afinación, proyección y expresividad.
No pocos pudieron preguntarse cuál de los dos era mejor.
Una comparación imposible
Es una interrogante comprensible, pero imposible de resolver en esos términos.
No se trata de dos voces que deban competir por cuál es “mejor”. Se trata de dos categorías vocales distintas, cada una con sus propias exigencias técnicas, fisiológicas, expresivas y estéticas.
Nadine Sierra es soprano; Xabier Anduaga, tenor. Ambos pertenecen a categorías de voz aguda, pero sus instrumentos tienen características diferentes y deben ser juzgados dentro de las exigencias específicas de cada registro.
Una soprano puede alcanzar zonas agudas que para un tenor resultan extremas, mientras que el tenor dispone de una zona media y grave propia de su fisiología vocal. Incluso cuando ambos coinciden en determinadas notas, la manera de producirlas, apoyarlas, proyectarlas y colorearlas puede ser sustancialmente diferente.
Por eso, la pregunta adecuada no es: “¿Quién tiene mejor voz?”, sino: “¿Qué tan excepcional es cada cantante dentro de las exigencias de su propia categoría vocal?”
Cada uno puede ser evaluado, individualmente, por criterios como:
- afinación;
- calidad y belleza del timbre;
- control respiratorio;
- legato;
- musicalidad;
- dicción;
- capacidad expresiva;
- homogeneidad de los registros;
- flexibilidad;
- proyección vocal;
- dominio técnico;
- interpretación estilística;
- capacidad dramática;
- resistencia;
- comunicación emocional.
En este último aspecto, Nadine Sierra pareció sacar ventaja especial: su capacidad para convertir la técnica vocal en expresión dramática fue uno de los elementos más sobresalientes de la noche.
Como resumió un maestro coral consultado para esta crónica, que pidió reservar su nombre: “Nadine Sierra y Xabier Anduaga representan dos naturalezas vocales diferentes que pueden ser evaluadas individualmente por el dominio de sus respectivos instrumentos y, conjuntamente, por la capacidad de crear equilibrio, contraste y diálogo musical.”
Sus carreras

Nadine Sierra
El registro curricular de Nadine Sierra señala que comenzó su formación vocal a los 14 años. Ingresó como artista joven en Palm Beach Opera y dos años después realizó su debut operístico. A los 15 años ya había aparecido en el programa radiofónico estadounidense From the Top.
En 2009 se convirtió en la ganadora más joven de la historia de las Metropolitan Opera National Council Auditions, reconocimiento que contribuyó decisivamente a colocarla en el radar internacional.
Uno de los momentos más significativos de su trayectoria reciente ocurrió el 7 de diciembre de 2024, durante la histórica reapertura de Notre-Dame de París, cinco años después del incendio que devastó buena parte de la catedral.
Sierra fue seleccionada para interpretar La Marseillaise, el himno nacional francés, acompañada por el Coro del Ejército francés. La interpretación tuvo una enorme carga simbólica: una soprano estadounidense de raíces puertorriqueñas y portuguesas cantando el himno de Francia ante una audiencia internacional en uno de los acontecimientos culturales más significativos de Europa en los últimos años.
Ese episodio contribuyó a ampliar todavía más su proyección internacional.
Sitio oficial de Nadine Sierra
Xabier Anduaga
Xabier Anduaga es uno de los tenores españoles de mayor proyección internacional de la nueva generación.
Nació en San Sebastián, España, en 1995, en el País Vasco. En 2019 ganó el primer premio de Operalia, el prestigioso concurso creado por Plácido Domingo, consolidándose desde entonces como uno de los nombres más observados de la nueva generación de cantantes.
En 2021 recibió además el International Opera Award al mejor cantante joven, junto con otros reconocimientos de la crítica especializada.
Uno de los momentos decisivos de su carrera fue su llegada al Metropolitan Opera de Nueva York, donde ha compartido escenario con grandes figuras de la lírica, entre ellas Nadine Sierra.
Su voz ha sido asociada tradicionalmente con el tenor lírico-ligero, aunque su evolución artística apunta hacia un instrumento de mayor cuerpo y amplitud.
Ese proceso resulta particularmente interesante: Anduaga ya no necesita demostrar que puede afrontar el repertorio belcantista. Su trayectoria internacional lo ha acreditado sobradamente. El desafío ahora es ampliar progresivamente la dimensión dramática de su instrumento sin sacrificar las virtudes que lo han distinguido: facilidad en el registro agudo, precisión, luminosidad, flexibilidad y virtuosismo.
De ahí que su evolución hacia repertorios como Verdi y determinados papeles franceses pueda ser observada como una etapa natural en la maduración de su carrera.
Una noche para recordar
La Gala de Grandes Intérpretes no fue solamente una sucesión de arias, dúos, intermedios y canciones.
Fue una demostración de cómo tres fuerzas pueden encontrarse en un escenario: la voz, la orquesta y la dirección musical.
Nadine Sierra aportó una combinación de virtuosismo, dramatismo y carisma; Xabier Anduaga, una extraordinaria facilidad vocal, luminosidad y dominio técnico; y José Antonio Molina, desde el podio, construyó el espacio musical para que ambas personalidades pudieran encontrarse sin anularse.
La Orquesta Sinfónica Nacional completó ese tejido sonoro.
Y cuando sonó ’O sole mio como despedida, ya no había necesidad de preguntarse quién había sido mejor.
La respuesta estaba en otra parte: la verdadera victoria de la noche fue que dos instrumentos vocales diferentes, acompañados por una orquesta y conducidos por un director inspirado, consiguieron convertir una gala lírica en una experiencia compartida de belleza, emoción y memoria.
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