Siguiendo para mí, una trascendente y por demás entrañable tradición, mi hijo Milton Morrison me trae en sus viajes siempre, algunos libros que resultan esenciales para mi biblioteca, han sido muchos, pero ahora como ejemplo pongo Un caballero en Moscú de Amor Towles, Melancolía de la resistencia del más reciente Premio Nobel, László Krasznahorkai y En agosto nos vemos  el libro de Gabriel García Márquez que él no quería publicar y que era quizás el único de sus obras que no tenía el placer de disfrutar. Ha sido para mí como un soplo escritural leerlo. Publicó el ensayo Mi visión sobre Gabriel García Márquez que escribí a solicitud de Verónica Sención para el homenaje al creador de Macondo. (17 de abril de 2024)

Gabriel García Márquez y Juan Bosch, 1979.

Hoy, 17 de abril, se cumplen diez años de la muerte física de quien, con su talento y creatividad, enlazó la gran narrativa desde El Quijote, de Cervantes, hasta Cien años de Soledad. Esto significa en cualquier lengua, y en este caso la española, una renovación de todo el proceso escritural, no para redactar al más alto nivel y con las mayores exigencias, lo cual ya de por sí es un acontecimiento, sino algo mayor, que es convertir ese hecho literario en arte.

Y decimos arte, porque sabemos que el proceso de construcción, a partir de la escritura, fue una creación de los seres humanos después de miles de años de lo que se denominaría literatura oral. Aunque parezca contradictorio, usar el término literatura, es decir letras, para hablar de una comunicación de signos sonoros, sólo se explica por los grandes aportes que demuestran que lo literario no nació con la escritura, sino con los signos vocales que hicieron que lo que denomináramos poesía o llamáramos relatos, se fueran construyendo en la cotidianidad.

La escritura, tal como la conocemos, iniciará sus andanzas probablemente hace 3500 años y no viene de la letra, como tal, sino de los números, porque gracias al comercio, en los intercambios en Fenicia y otros lugares de Oriente, se dieron las circunstancias para que los intercambios, a través del trueque, fueran construyendo una grafía que culminará en los primeros escritos. Ahí se van a ir guardando las historias que ya irán superándose mientras comparten la oralidad, y lo de superarla es por el hecho de que a partir de ese momento se podían guardar datos que la oralidad no podía sostener en su proceso de movilidad entre las personas.

Unas obras, como Las mil y una noches, que ahora podemos disfrutar a través de los más diversos soportes, eran historias que corrían de boca en boca y que fueron luego recopiladas. Así también pasó con el Ramayama y Mahabhárata, La Biblia, La Ilíada y La Odisea y otros monumentos del pensamiento humano que evolucionaban e iban construyendo lo que es hoy lo literario. Pero antes de llegar a estos momentos, un hecho significativo que fue la invención de la imprenta por Gutenberg, que permitirá cierto descanso a los escribanos (artesanos que se fueron perfeccionando en la capacidad de reproducir las obras escritas) y darles a los lectores la posibilidad de tener algunas obras y ofrecer continuidad al conocimiento. Pero ya con la creación de los aspectos móviles e impresos, llegamos a la democratización de la literatura. Ya las obras ambiguas, y las que se van creando, podrán ir construyendo las bibliotecas y difundir los conocimientos en forma relativamente masiva. De ahí que lectura y escritura tendrán una interacción que no se detendrá hasta el día de hoy.

El mundo que creó García Márquez se inició con su incursión en la poesía, tanto la de su país como la del Siglo de Oro Español, con su dedicación al periodismo y a sus narraciones que le permitirán llegar hasta Cien Años de Soledad. Esto está precedido de lecturas de William Faulkner, Ernest Hemingway, Franz Kafka y Virginia Woolf, para mencionar sólo algunos de los autores que él ha reconocido como sus predecesores. Macondo parecería provenir del condado de Yoknapatawpha, pero él mismo luego va a influir en autores como Isabel Allende, en La casa de los espíritus, Haruki Murakami, Salman Rushdie, Orhan Pamuk y el Premio Nobel chino Mo Yan.

¿Cómo llegó la obra de García Márquez a la República Dominicana? Esa pregunta es clave para entender algunos aspectos que destacaremos en esta aproximación. Precisamente en mayo de 1967 se publican los primeros ejemplares en la Editorial Sudamericana de Argentina.

Gabriel García Márquez y Juan Rulfo.

Un grupo de jóvenes había formado, para ese mismo año, el grupo literario La Antorcha. Ya existía El Puño, círculo literario fundamental de la época, con escritores como Marcio Veloz Maggiolo (el mayor de nuestros novelistas del siglo XX) y jóvenes escritores como René del Risco y Miguel Alfonseca; también existían La Isla y La Máscara, pero fue durante una visita de los miembros de La Antorcha a las casas de Miguel Alfonseca y de René del Risco, cuando escuchamos que había salido publicada una obra que transformaría la visión de la narración y que podría compararse con lo que significó El Quijote en su época.

En unas declaraciones, el más grande de nuestros escritores de cuentos: Juan Bosch, decía para la prensa nacional lo mismo que expresaba Pablo Neruda para la internacional, refiriéndose a esta obra, como un gran acontecimiento, volviendo a repetir el criterio de que era el texto más importante después de la principal obra de Miguel de Cervantes. Pero todo en el país no fueron elogios, nuestra generación literaria discutió en una de sus sesiones, un ensayo escrito por la crítica de arte Marianne de Tolentino, para la época responsable del área de francés del Departamento de Idiomas, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, refutando unas declaraciones del gran novelista guatemalteco Miguel Ángel Asturias, autor de El  señor presidente y Premio Nobel de Literatura, quien había relacionado la obra recién nacida con La búsqueda de lol absoluto, de Honoré de Balzac.

Era evidente, después de haber leído este artículo y otros que salieron en diversas partes del mundo y después de conocer la obra de Mario Vargas Llosa (que fue su tesis doctoral, Historia de un deicidio), precedida por estudios y traducciones en los idiomas fundamentales del mundo que comprendimos que, para escribir Cien años de soledad, no era necesario sólo tener varias resmas de papel y una gran capacidad de redacción. Que se trataba realmente de un hito dentro de la tradición literaria, no solamente de nuestra América, sino universal. ¿Pero qué obras precedieron a Cien años de soledad hechas por el autor? Poesías, cuentos, novelas, relatos de no ficción, criticas de cine y una dedicación al periodismo, que consideró de tanto valor, como su obra literaria misma.

Para entender en una forma más adecuada la relación entre García Márquez y la teoría literaria y su concepción acerca de la literatura que surgió con el boom y la precedente en América Latina no he encontrado un texto mejor que el libro Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa Dos soledades, un diálogo sobre la novela en América Latina.

Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Gabriel García Máquez.

Yo tengo la impresión de que empecé a ser escritor cuando me di cuenta de que no servía para nada. Mi papá tenía una farmacia y, naturalmente, quería que yo fuera farmacéutico para que lo reemplazara. Yo tenía una vocación totalmente distinta: quería ser abogado. Y quería ser abogado porque en las películas los abogados se llevaban las palmas en los juzgados defendiendo las causas perdidas. Sin embargo, ya en la universidad, con todas las dificultades que pasé para estudiar, me encontré con que tampoco iba a servir para ser abogado. Empecé a escribir los primeros cuentos y, en ese momento, verdaderamente no tenía ninguna noción de para qué servía escribir. Al principio, me gustaba escribir porque me publicaban las cosas y descubrí lo que después he declarado varias veces y que tiene mucho de cierto: ¨escribo para que mis amigos me quieran más¨, Contestó García Márquez a una precisa pregunta de Mario Vargas Llosa para descubrir los prolegómenos de su afición por las letras.

Vargas Llosa lo va llevando al terreno de la relación de la literatura con la subversión. Él acota:

¨Yo creo que si esto es previsto, que si es deliberada la fuerza, la función subversiva del libro que se está escribiendo, desde ese momento ya el libro es malo. Pero antes quiero establecer esto: cuando aquí decimos escritor, cuando decimos literatura, nos estamos refiriendo a novelista y novela porque de otro modo podría prestarse a malas interpretaciones; en realidad, estoy hablando de novelista y de novela. Creo que el escritor está siempre en conflicto con la sociedad; más aún, tengo la impresión de que se escribe como una forma de resolver ese conflicto personal del escritor con su medio. Cuando yo me siento a escribir un libro es porque me interesa contar una buena historia. Una historia que me guste. Lo que sucede es que yo también tengo una formación ideológica; creo que el escritor, todo escritor sincero en el momento de contar su historia, ya sea la de Caperucita Roja o una historia de guerrilleros, para poner los dos extremos; si el escritor, repito, tiene una posición ideológica firme, esta posición ideológica se verá en su historia, es decir, va a alimentar su historia y es a partir de este momento que esa historia puede tener esa fuerza subversiva de que hablo. No creo que sea deliberada, pero sí que es inevitable¨.

En el diálogo, cuando Mario Vargas Llosa le pregunta por el tema de la soledad, mientras sus libros están poblados de personajes e incluso se refiere a su obra principal Cien años de soledad, García Márquez le responde: "Voy a dar una vuelta antes de llegar a la respuesta. En realidad, no conozco a nadie que en cierta medida no se sienta solo. Éste es el significado de la soledad que a mí me interesa" y señala que es parte esencial de la naturaleza humana.

Gabriel García Márquez señala que su concepto de la soledad es inconsciente, mientras que algunos autores al analizar su obra piensan que se trata de las características del hombre latinoamericano que se ha alienado y frustrado en el proceso histórico y recurre fundamentalmente a la soledad. Otro aspecto a destacar es la relación de García Márquez con los personajes femeninos en sus relatos, él expresó: "Por ejemplo, hay un crítico en Colombia que escribió una cosa muy completa sobre mis libros, decía que notaba que las mujeres que figuraban en mis libros son la seguridad, son el sentido común, son las que mantienen la casta y el uso de la razón en la familia, mientras los hombres andan haciendo toda clase de aventuras, yéndose a las guerras y tratando de explorar y fundar pueblos, que siempre terminan en fracasos espectaculares, y gracias a la mujer, que está en la casa ―manteniendo, digamos, la tradición, los primeros valores―, los hombres han podido hacer las guerras y han podido hacer las grandes colonizaciones de América". ¿Verdad? "En el momento en el que yo leí esto revisé mis libros anteriores y me di cuenta de que era cierto¨. Él mismo dice allí que hay un personaje que es Úrsula, que vive ciento setenta años, y es la que sostiene toda la novela.

Portada de Las cartas del boom.

Otro texto esencial son Las cartas del boom:

"El boom, un fenómeno cultural de significación mundial fue a la vez una coyuntura y una cristalización, la culminación de medio siglo de evolución literaria en ese continente periférico y desconocido, América Latina".

El boom latinoamericano por la unidad y propósitos comunes que se advierte es quizás, algo parecido en Lengua Española a la generación del 27; sin embargo, esta última, sólo tuvo una proyección fundamentalmente en España y en América Latina, naturalmente después vendrían las traducciones, que la convertirían si lo vemos en la actualidad, en algo mundial. Pero el boom fue distinto, desde el principio disparó sus horizontes hacia el mundo, como diciendo aquí estamos nosotros, pues no era que hubiera falta de grandes narradores, antes de éstos, pues ahí están Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, para mencionar también cuatro, al igual que en el caso del boom, donde prevaleció el cuarteto formado por Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, donde también hubo autores y autoras que se inscriben en un problema epocal.

En este importante movimiento literario que, junto al fenómeno de la revolución cubana, nos dijo: "nosotros existimos y tenemos una literatura que puede formar parte de la tradición universal, en Occidente desde La Ilíada y la Odisea pasando por todas las literaturas de la Edad Media, el Renacimiento hasta las novelas de caballerías que tiene su máxima expresión en El Quijote. No nos hemos detenido ahí, pues se habla del post-boom y una narrativa tanto en novelas como en cuentos, de una valoración, diversidad y riqueza indiscutibles, sobre todo escrita por mujeres¨.

Gabriel García Márquez logró el esplendor, tanto en su narrativa corta, como en sus novelas, pero fue Vargas Llosa quien, con La ciudad y los perros, La casa verde y Conversación en la catedral iniciaría la narración de largo aliento, mientras García Márquez, al referirse a los cuentos que escribió, dijo que: "eran ejercicios para calentar el brazo, pues en su caso vendrían las novelas después". Por tanto, Cortázar, con su novela Rayuela, considero que dividió en un antes y un después las técnicas para este género, pero es en sus cuentos donde algunos autores entienden que está su obra fundamental. En Carlos Fuentes, es evidente que la novela fue su pasión principal y sus grandes obras pertenecen a este género, quizás con Terra nostra, escribió la más voluminosa de las novelas del boom, al extremo de que un escritor actual llegó a decir en el Congreso Centroamérica Cuenta, que para leer Terra nostra había que conseguir una beca.

En las misivas intercambiables de este libro, García Márquez no fue muy precavido en guardarlas, alegando en algún momento que se les habían extraviado la mayor parte; sin embargo, del rescate investigativo, publicado en Alfaguara en una edición de Carlos Aguirre y Gerald Martin, Javier Munguía y Augusto Wong Campos, hay que destacar en las cartas de Gabriel García Márquez a Mario Vargas Llosa, su interés por el cine y el proyecto de hacer un libro conjunto a cuatro manos sobre la guerra entre Perú y Colombia.

La edición de la Academia de la Lengua sobre Cien años de soledad y el conjunto de ensayos que forman parte de la misma, es una fuente indiscutible para conocer mejor al autor de El Otoño del patriarca:

Sin dudas, uno de los escritores más cercanos a Gabriel García Márquez, fue su compatriota Álvaro Mutis, también destacado narrador y poeta, ganador del Premio Cervantes. Se conocieron en la Facultad de Derecho. Mutis destaca en García Márquez una indulgencia inteligente para todos sus semejantes y un sentido de vigilante servicial en la amistad: “No conozco amigo igual. Pero tampoco conozco otro que la cultive con más amoroso rigor, con más sereno equilibrio. He pensado a menudo que Gabriel nació ya maduro, viejo no, nunca lo ha sido ni creo que lo será; tiene un aura de intemporalidad que lo asimila a sus personajes”.

Yo había editado en los años 50 una revista mexicana de literatura, que se correspondía, en Bogotá, con la mítica revista Mito, dirigida por Jorge Gaitán Durán. Entre Mutis y Gaitán, me fue dado y publicando los cuentos de García Márquez, cada vez más maravilloso que el anterior, porque cada uno contenía al anterior y anunciaba al siguiente. Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo y Un día después del sábado, conducían a El coronel no tiene quien le escriba y La mala hora, pero también prolongaban, como un eco del mar dentro de un caracol los inquietantes pórticos de pasados relatos de Gabo. La tercera resignación, Eva está dentro de un gato, Tubal-Caín forja una estrella, Nabo, el negro que hizo esperar a los ángeles y Ojos de perro azul. Títulos que eran nombres, nombres que eran bautizos, nombres de misterios y amor, que se pronosticaban a sí mismos, como arte y artífice, naturaleza y natividad, profecía y advertencia, recuerdo y olvido, vigilia y sueño. Dirá el gran escritor mexicano miembro del boom, Carlos Fuentes.

Cuando el autor de Aura, leyó Cien años de soledad, que ya se iba dibujando a través de La Hojarasca, se dio cuenta de que había aparecido en el firmamento un nuevo descubridor del Nuevo Mundo, que tenía la misión de darle nombre a América.

Carlos Fuentes señala: Lo conocí en 1962, en Córdoba 48 y nuestra amistad nació allí mismo, con la instantaneidad de lo eterno.

Como señala Fuentes, esa amistad lo llevó a acompañar al autor de El coronel no tiene quien la escriba, al congreso de la lengua, cuando al cumplir 80 años se hizo la edición de la Academia Española de la Lengua y de la Asociación de Academias de la obra inmortal, pero con comentarios de autores esenciales, que desde diversas perspectivas trataron de abordar el fenómeno literario en el ámbito de la novela más impresionante del siglo XX.

Me detuve en los ensayos Lo que sé de Gabriel, de Álvaro Mutis; para darle nombre a América. Cien años de soledad, realidad total y novela total que forma parte del libro de Vargas Llosa; Gabriel García Márquez en busca de la verdad poética, de Víctor García de la Concha; Algunas literariedades de Cien años de soledad, de Claudio Guillén; Nota al texto, Árbol genealógico de los Buendía, Cien años de Soledad, Pedro Luis Barcia; Juan Gustavo Cobo Borda El patio de atrás; Gonzalo Celorio, con Cien años de soledad y la narrativa de lo real maravilloso americano; Atajos de la verdad, de Sergio Ramírez.

Franklin Mieses Burgos.

En una entrevista que realicé al gran poeta dominicano Franklin Mieses Burgos para el suplemento cultural Aquí del 12 de julio de 1973, le pregunté: ¿A qué usted atribuye el aparente predominio de la narrativa en la mayoría de los países de Latinoamérica, mientras en el nuestro prevalece, aún, la poesía? Aseveró:

" Yo no veo tal predominio en la narrativa en la mayoría de los países latinoamericanos, lo que veo es otra forma de poética en la que lo narrativo interviene. Pero esto no significa de ninguna manera que la magia de la poesía se halle ausente de lo que se está haciendo actualmente. El propio García Márquez confesó últimamente que su cultura es completamente poética. En realidad, lo que sucede es que la poesía ha dejado de ser patrimonio exclusivo del verso tradicional y ahora se aventura por otros territorios donde antes le estaba prohibido penetrar. Por eso ahora, la vemos por todas partes, hasta en los ensayos de psiquiatría. Lo que además de ser alentador, es altamente significante para un mundo al que a veces consideramos seco y materialista".

Esta aseveración del gran lirico dominicano viene a ser explicada a profundidad por el gran escritor colombiano Juan Gustavo Cobo Borda, cuando señala al García Márquez que tomará el seudónimo de Javier Garcés e incluye como parte de su investigación el poema del autor de Cien años de soledad, Elegía a Marisela – Geografía celeste, que en sus primeros versos dirá:

No ha muerto. Ha iniciado

un viaje atardecido,

de azul en azul claro

de cielo en cielo ha ido

por la senda del sueño

con su arcángel de lino

 

Es evidente que el joven García Márquez estaba sumamente interesado en la poesía y sobre todo influido por el grupo literario Piedra y Cielo. Por eso dirá en la página 161 de su magistral obra: "Durante muchas horas, al margen de los sobresaltos de una guerra sin futuro, resolvió en versos rimados sus experiencias a la orilla de la muerte. Entonces, sus pensamientos se hicieron tan claros, que pudo examinarlos al derecho y al revés".

Hablar, escribir o reflexionar acerca de Gabriel García Márquez en su décimo aniversario de su fallecimiento es una tarea ciclópea y que sólo puede ser abordada muy parcialmente, pero quizás sumados todos los homenajes, artículos, todos los ensayos, todas las manifestaciones de su obra en otras artes, por ejemplo: en el caso de la exposición de pintura de nuestro gran Eligio Pichardo, llevando al lienzo su percepción de Macondo, va hacia una ratificación de lo que se consagró desde el mismo momento en que este autor se acercó al proceso escritural, tanto en el periodismo como en la literatura de ficción.

Homenajearlo es elevar a términos sublimes la creatividad literaria convertida en arte. Él, que no fue un académico y casi rehuia al debate teórico, nos entregó una lección que reinventó la técnica a partir de sus influencias fundamentales, superando el criollismo de la literatura latinoamericana, a través de la denominada novela de la tierra, que llevaron a su máxima expresión autores como: Rómulo Gallegos (venezolano), y Mariano Azuela (mexicano). Agregando una imaginación desbordada que inventó un nuevo término para la literatura que fue (el realismo mágico).

Mi constante acercamiento al conjunto de su obra no me permitía por sí solo penetrar en ese mundo maravilloso y quise auxiliarme de cuatro textos que recomiendo como esenciales, que me sirven de bibliografía básica y que me impelen a citarlos: 1 Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, Dos soledades. Un diálogo sobre la novela en América Latina; 2 Mario Vargas Llosa y García Márquez, Historia de un deicidio; 3 Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, edición conmemorativa, Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española y 4 Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, Las cartas del boom.

Al cumplirse un aniversario de su deceso, resuena en mis recuerdos lo expresado por el escritor y filósofo Antonio Fernández Spencer al concluir su lectura de Cien años de soledad en la tertulia de la logia Cuna de América: "Alcanzó la categoría de La Eneida". A partir de ese instante, releí la novela y me llené de realidad y magia y lo asumí como mi modesto homenaje.

Mateo Morrison

Mateo Morrison

Nació en Santo Domingo, el 14 de abril de 1947. Es hijo de Egbert Morrison, jamaiquino, y Efigenia Fortunato, dominicana. En la historia de la literatura dominicana corresponde a la Generación de Posguerra. Es el primer dominicano egresado en Administración Cultural. Estudió en el Centro Latinoamericano y del Caribe para el Desarrollo Cultural. Licenciado en Derecho, Magna Cum Laude, con un diplomado en Derecho de Autor y Propiedad Intelectual y otro en Negocios Jurídicos Internacionales. Posee un Máster en Filosofía del Mundo Global por la Universidad del País Vasco. Ha sido profesor en los grados secundario y universitario. Actualmente forma parte del equipo de jurados de la maestría Industrias Culturales y Creativas de la facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. En dicha facultad también impartió la catedra de Legislación y Derechos Culturales. Ha recibido la distinción Salomé Ureña de Henríquez, que otorga la Secretaría de Estado de Educación. Así como también, por la Cámara de Diputados por su labor cultural. Más de treinta consejos municipales y ayuntamientos tanto en el país como en el exterior lo han distinguido como visitante de honor y el ayuntamiento de Santo Domingo Este (donde nació) le otorgó en forma excepcional la distinción de hijo meritísimo de dicho municipio. Ha recorrido diversos lugares del mundo (América, Europa, Asia y África), exhibiendo los valores de la identidad cultural dominicana de las diversas vertientes. Más de 40 escritores nacionales e internacionales han escrito acerca de la valoración de su obra literaria y sus aportes a la cultura. Ha recibido reconocimiento de más de 10 ferias del libro nacionales e internacionales. Es presidente fundador de Espacios Culturales y fundador de la Unión de Escritores Dominicanos, donde ostentó la Secretaría General.

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