La aparición de "Desde un costado de la (des)memoria" (2026), representa un importante acontecimiento dentro de la narrativa dominicana contemporánea, no solo por la calidad literaria de los relatos que lo integran, sino también por la madurez expresiva que evidencia su autor, Gustavo Olivo Peña. Nacido en San Francisco de Macorís en 1958, periodista, comunicador y escritor de larga trayectoria, Olivo Peña ha sabido trasladar a la literatura muchas de las preocupaciones humanas, históricas y sociales que han acompañado su ejercicio profesional. Este volumen de cuentos constituye una mirada penetrante hacia diversos escenarios de la experiencia dominicana, donde la memoria individual y colectiva se convierten en materia narrativa. A través de una escritura clara y eficaz, el autor construye un universo poblado de personajes que enfrentan conflictos éticos, tragedias históricas, pasiones humanas y dilemas existenciales. La lectura de este libro permite apreciar a un narrador que ha alcanzado una notable capacidad para transformar acontecimientos aparentemente cotidianos en relatos de gran intensidad humana y profunda resonancia simbólica.

Desde el propio título del libro se advierte una intención estética y filosófica de gran alcance. La expresión "Desde un costado de la (des)memoria" sugiere una aproximación oblicua a la realidad, una mirada que no pretende poseer la verdad absoluta de los acontecimientos, sino reconstruirlos desde perspectivas fragmentarias, parciales y humanas. La inclusión del prefijo “(des)” introduce una tensión entre recordar y olvidar, entre conservar y perder, entre la presencia y la ausencia. Esta dualidad atraviesa prácticamente todos los relatos del volumen y se convierte en una de las claves interpretativas de la obra. Los cuentos muestran cómo los seres humanos vivimos rodeados de recuerdos que nos acompañan, nos persiguen o nos transforman, y cómo muchas veces la identidad personal y colectiva depende de aquello que se decide recordar o silenciar. La memoria, por tanto, deja de ser un simple tema para convertirse en una auténtica categoría estructural que organiza el sentido profundo de la obra.

Portada del libro "Desde un costado de la (des)memoria".

Uno de los aspectos más sobresalientes del libro es el dominio de las técnicas narrativas tradicionales del cuento. Gustavo Olivo Peña demuestra una clara conciencia de la arquitectura interna del relato breve. Cada historia se desarrolla mediante una progresión cuidadosamente dosificada, donde el conflicto aparece desde las primeras páginas y avanza gradualmente hacia un desenlace significativo. En "El regreso", por ejemplo, la tensión narrativa se instala desde el comienzo mediante un presentimiento ominoso que acompaña al protagonista: “Algunas lucecitas parpadeantes reforzaron la sensación de que algo malo y desproporcionado ocurriría” (pág. 17). A partir de esa imagen inicial, el relato construye una atmósfera de amenaza que se intensifica progresivamente hasta desembocar en una historia de persecución, miedo y resistencia moral. Esta capacidad para administrar la información y sostener el interés constituye una de las mayores fortalezas del autor.

La construcción de los personajes merece una valoración especial. Los protagonistas de estos cuentos están dotados de una notable complejidad psicológica y moral. No son figuras planas ni simples vehículos de ideas; por el contrario, poseen contradicciones, dudas, temores y aspiraciones que los acercan a la experiencia humana real. El teniente Gael Hidalgo, el maestro Leoncio Solís, el juez Albo y otros personajes relevantes encarnan diversas formas de integridad frente a contextos adversos. En ellos se observa una constante lucha entre la obediencia y la conciencia, entre la comodidad y el deber, entre el miedo y la dignidad. Esta dimensión ética confiere profundidad a los relatos y permite que las historias trasciendan la mera anécdota para convertirse en reflexiones sobre la condición humana.

Los diálogos constituyen otro de los recursos narrativos mejor aprovechados por Olivo Peña. A través de ellos no solo avanza la acción, sino que se revelan los rasgos psicológicos, sociales e ideológicos de los personajes. En el relato "El regreso", Julia resume toda una visión crítica de la realidad política cuando afirma: “Los jefes mandan, los chiquitos pagan las consecuencias” (pág. 18). Esta expresión, aparentemente sencilla, encierra una poderosa síntesis de las relaciones de poder presentes en la sociedad. Los diálogos poseen naturalidad, fluidez y verosimilitud. El autor evita la artificiosidad y reproduce con fidelidad los registros lingüísticos propios de los distintos ambientes representados. Gracias a ello, los personajes adquieren autenticidad y credibilidad, mientras que los conflictos narrados resultan más cercanos y convincentes.

Gustavo Olivo Peña.

Desde el punto de vista estilístico, la escritura de Gustavo Olivo Peña se caracteriza por una notable claridad expresiva. Su formación periodística se percibe en la precisión léxica, la economía verbal y la capacidad para describir situaciones complejas mediante recursos aparentemente sencillos. Sin embargo, esa claridad no implica pobreza estética. Por el contrario, la prosa está enriquecida por imágenes cuidadosamente seleccionadas y por descripciones que contribuyen eficazmente a la creación de atmósferas narrativas. El autor sabe cuándo detenerse en los detalles significativos y cuándo acelerar el ritmo de la narración. Esta combinación de sobriedad y eficacia literaria constituye uno de los rasgos más distintivos de su estilo.

La configuración lingüística del libro refleja igualmente un notable equilibrio entre la lengua culta del narrador y los registros coloquiales de los personajes. Esta convivencia de niveles expresivos aporta riqueza y autenticidad a los relatos. Los personajes hablan conforme a su procedencia social, geográfica y cultural, sin que ello implique una exageración costumbrista. La oralidad aparece integrada de manera natural dentro de la estructura narrativa y contribuye a reforzar la verosimilitud de las historias. En muchos casos, el lenguaje popular funciona además como un vehículo de transmisión de valores, creencias y tradiciones que forman parte de la memoria colectiva dominicana.

Uno de los elementos más atractivos del volumen es la incorporación de leyendas, mitos y creencias populares dentro de una narrativa esencialmente realista. En "La verdadera historia de Lu Bertrand y Pedro el Cruel" (1920), Olivo Peña recupera un universo cultural profundamente arraigado en la imaginación popular dominicana. Allí aparecen personajes legendarios que oscilan entre la realidad y la superstición, entre el miedo colectivo y la tradición oral. Lu Bertrand es presentado como una figura inquietante “de quien nadie podía afirmar con certeza que existiera más allá de fugaces encuentros en solitarios bosques y caminos” (pág. 73). La ambigüedad que rodea a este personaje permite al autor explorar la manera en que las comunidades construyen relatos para explicar aquello que escapa a la comprensión racional.

La presencia de la historia constituye otro de los pilares fundamentales del libro. Diversos relatos se desarrollan en contextos marcados por la represión política, el abuso de poder y las tensiones sociales propias de determinados momentos de la historia dominicana. Sin caer en el panfleto ni en la simplificación ideológica, el autor utiliza esos contextos para examinar las consecuencias humanas de la violencia institucional. Los personajes aparecen atrapados en estructuras de poder que condicionan sus decisiones y transforman sus vidas. La historia deja de ser un simple telón de fondo para convertirse en una fuerza activa que influye en los destinos individuales y colectivos.

Especial relevancia adquiere la figura del educador en el cuento "El maestro". Leoncio Solís representa una concepción profundamente ética de la enseñanza, entendida como servicio, entrega y compromiso social. Cuando afirma: “Definitivamente, educar me conforta, no viviría sin una escuela” (pág. 81), expresa una filosofía de vida basada en la vocación y el deber. Su decisión de trasladarse a una comunidad apartada revela una voluntad de servicio que trasciende los intereses personales. El personaje encarna valores como la solidaridad, la responsabilidad y la esperanza, convirtiéndose en una figura simbólica dentro del conjunto de relatos.

Otro aspecto destacable es la diversidad temática que caracteriza el volumen. En estas páginas conviven historias de persecución política, conflictos familiares, leyendas rurales, dilemas éticos, celos, rivalidades artísticas, reflexiones sobre la muerte y búsquedas existenciales, entre otras. Esta variedad temática evita la repetición y demuestra la amplitud de intereses narrativos del autor. Cada cuento ofrece una perspectiva distinta sobre la experiencia humana, pero todos comparten una preocupación común por explorar los conflictos esenciales de la existencia.

El resultado es un mosaico narrativo que refleja la complejidad de la vida y de la sociedad dominicana.

A ello se suma una profunda sensibilidad humanista que atraviesa todo el libro. Incluso en los relatos más duros o violentos, Olivo Peña mantiene una confianza fundamental en la capacidad del ser humano para actuar con dignidad y nobleza. Sus personajes pueden equivocarse, sufrir o fracasar, pero rara vez renuncian completamente a sus principios. Esta mirada humanista impide que la obra caiga en el pesimismo absoluto y permite que los relatos transmitan una sensación de esperanza, aun en medio de circunstancias adversas.

La narrativa de Olivo Peña puede vincularse con la tradición del cuento social dominicano cultivada por Juan Bosch, así como con la recuperación de la memoria histórica y cultural presente en la obra de Marcio Veloz Maggiolo. Sin embargo, lejos de limitarse a reproducir modelos previos, el autor desarrolla una voz propia caracterizada por la combinación de realismo, sensibilidad histórica y exploración de la subjetividad humana. Su narrativa dialoga con esas tradiciones al tiempo que incorpora preocupaciones contemporáneas relacionadas con la memoria, la identidad y la justicia.

Asimismo, resulta significativo el modo en que el autor convierte la memoria en un acto de resistencia cultural. Los relatos rescatan voces olvidadas, episodios silenciados, tradiciones populares y experiencias humanas que podrían desaparecer bajo el peso del tiempo. Narrar se convierte así en un acto de preservación y de homenaje. En este sentido, el libro trasciende la dimensión estética para adquirir una dimensión ética y cultural. La literatura aparece como una herramienta capaz de conservar aquello que la historia oficial, la indiferencia o el olvido podrían borrar.

Por otra parte, el volumen plantea una reflexión constante sobre los legados que las personas dejan tras su paso por el mundo. Esa preocupación aparece explícitamente en el origen mismo del título inicialmente pensado por el autor: "Legados". Las figuras del padre, del abuelo, del maestro, del juez íntegro o de quienes se sacrifican por los demás representan distintas formas de trascendencia humana. La obra insiste en que la verdadera permanencia no radica en el poder ni en la riqueza, sino en las huellas morales y afectivas que cada individuo deja en los otros. Esta idea confiere unidad conceptual a un conjunto de relatos diversos en temática y ambientación.

La lectura integral de "Desde un costado de la (des)memoria" permite reconocer a Gustavo Olivo Peña como uno de los narradores dominicanos contemporáneos más comprometidos con la exploración de la memoria histórica, la dignidad humana y los conflictos éticos de la sociedad. Su dominio de las técnicas narrativas, la riqueza de sus personajes, la naturalidad de los diálogos, la eficacia de sus estructuras argumentales y la profundidad de sus reflexiones convierten este libro en una obra de notable relevancia dentro del panorama literario nacional.

Los relatos reunidos en este volumen constituyen mucho más que simples historias: son testimonios imaginarios de una realidad histórica y humana compleja, espacios donde confluyen la memoria, la imaginación y la conciencia crítica. En estas páginas, Olivo Peña demuestra que la literatura puede convertirse en un ejercicio de rescate frente al olvido, en una forma de preservar experiencias, voces y emociones que el tiempo amenaza con borrar.

Cada cuento aporta una mirada singular sobre la existencia, pero todos convergen en una misma preocupación: comprender al ser humano en medio de sus luchas, contradicciones y esperanzas. Por ello, "Desde un costado de la (des)memoria" no solo enriquece la tradición del cuento dominicano, sino que ofrece una reflexión profunda sobre la historia, la memoria y el sentido de la vida. Se trata, en definitiva, de una obra sólida, inteligente y profundamente humana que confirma la madurez literaria de su autor y su capacidad para transformar la experiencia vivida en auténtica creación artística.

Pedro Ovalles

Escritor y gestor cultural

Pedro Ovalles (Moca, 1957). Escritor, educador y gestor cultural. Cuenta con más de cuarenta años de trayectoria en la docencia y la literatura. Licenciado en Educación, Mención Letras, por la UFHEC —donde fue Decano de la Facultad de Letras— y con Maestría y Posgrado en Gestión de Centros Educativos por la PUCMM, ha publicado trece poemarios y varios ensayos, y sus textos figuran en numerosas antologías nacionales y extranjeras. Ha recibido reconocimientos de instituciones como la Academia Dominicana de la Lengua, el Ayuntamiento de Moca, el Ministerio de Cultura, entre otras. Es coordinador del taller literario Triple Llama de Moca.

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