La llamada Revolución de los italianos —que no fue realmente revolución, pues la conspiración fue abortada antes de su ejecución, y mucho menos de los italianos, pues solo uno de sus integrantes procedía de dicho país europeo— evidenció el crisol de lugares de procedencia de los habitantes de la parte este de la isla que, en cercana y cotidiana interacción, desarrollaron un espíritu anticonformista que los empujó a querer cambiar el rumbo de los acontecimientos políticos en el período denominado como España Boba.

Se encontraban, por ejemplo, habitando en los estrechos márgenes de lo que en la actualidad es la Ciudad Colonial, con cercanos vínculos cotidianos y relacionados a una misma causa revolucionaria, Santiago Fauleau (Cabo Haitiano), Emigdio Pezzi (Cerdeña, Italia), José Ricardo Castaños (Caracas, Venezuela), Antonio Xirón (Córcega), Joaquín Moxica (Aguadilla, Puerto Rico), Juan Roche (Cataluña) Constanza Dufren (Juana Méndez, Haití) y Juan Lafontene (Martinica).

En este contexto, destaca la presencia de María Francuela, cuyo verdadero nombre era Constanza Dufrene. Según el interrogatorio, su rol en la trama se estableció de la siguiente manera:

“Apruébese la prisión que precautoriamente se hizo de Constanza por los informes fidedignos que ha tenido este Tribunal de que en el interior de su casa se reunían diariamente los Ytalianos para celebrar sus juntas y acordar el plan de que se trata en este proceso y a su consecuencia procédase al embargo de bienes, su depósito y recolección de papeles que solicitará escrupulosamente el propio comisionado sargento mayor Don Francisco Valderrama, de ello doy fe”1.

Constanza fue implicada en la conspiración por los ciudadanos Pablo Cartucho, Pedro Alcántara de Quesada y Teresa Moreno, esta última esclava de su propiedad.  Pablo Cartucho, soldado de la compañía del capitán Pablo Alí, refiere que esta le había dicho “ que si los españoles habían hecho comer perro a los franceses Petión se los haría comer a ellos”2.

Y  “Que el día 8 del corriente saliendo el declarante de oír Misa, pasó por casa de la mulata francesa nombrada María Francuela y llamándola le preguntó donde iba, y le respondió que a su cuartel y a esto le dixo que él servía a los Españoles, le contextó que a quien servía era el rey de España, que como desagradada de esta respuesta, le repuso que quántos franceses había matado, y enfadado le dixo que quantos  le dió la gana y entonces le replicó: paciencia pero que los franceses venían por mar y Petion por tierra y que al deponente lo ahorcarían, que con este se retiró y dexó en este estado la conversación…”3

El testigo Pedro Alcántara afirmó haber sido amenazado por el concubino italiano de Constanza Dufrene por instigación de esta, mientras que su esclava Teresa Moreno afirmó “que frecuentemente hablaba mal de los españoles, diciendo que los de aquí son unos arrastrados” Refieren también los testigos que: “Aquel día que la llevaron presa iba muy soberbia, y diciendo que los conductores eran unos briganes”.4

Constanza apodada María Josefina Dufrene, nacida en Juana Méndez, Haití, en 1783, era hija de María Luisa Berten y se había casado el 3 de septiembre del 1815 con el italiano Juan Antonio Marescoti, natural de la villa de Orzures, Cerdeña, quien al momento de su matrimonio era viudo de Mariana Cardona, “de nación judía”.

A su concubino se lo apoda en el expediente como “el italiano Delfín”. No sabemos si se trata del mismo italiano José Antonio Marescotti o de un concubino anterior.

Además de su pareja, en su casa vivían su esclava Teresa Moreno, natural de Maracaibo, Venezuela, nacida en 1784, y su madre, María Luisa Berten, con quien compartía la regencia de un establecimiento de dispendio de bebidas alcohólicas y comidas.

El acta del embargo que se le practicó a dicho establecimiento evidencia era en realidad, un establecimiento próspero, pues se les embargó entre otras mercancías menores: setenta frascos cuadrados llenos de romo, uva, ginebra y vinagre, dos botellas de licor y siete de vino. Mientras que en su residencia se embargó:

un par de guantes, tres pares de mangas de camisas nuevas, once pañitos de color, siete medios pañuelos blancos, cinco onzas de oro, dos collares de oro, uno gordo con 23 cuentas y su broche y uno y otro ligero con treinta y tres cuentas y su broche, unos soles y dos medias lunas de oro, un anillo roto y dos argollas delgadas, un anillo al parecer de diamante, tres tumbacones de oro, dos brazaletes, un colier de pelo con su guarnicioncita de oro, ocho botones de oro regulares, una barretica de oro de algunos 16 pesos, varios granitos de oro y plata, así como varios documentos en francés y algunos en español.

Asombra la cantidad y calidad de pertenencias confiscadas, sobre todo si se las compara con las embargadas a Santiago Fauleau, líder militar de la conspiración, las cuales, por el poco valor que tenían, se las dejaron a su viuda.

La imagen de María Francuela que nos lega este expediente es sin duda la de una mujer emprendedora, autosuficiente y de armas a tomar.

1Barinas Coiscou, Sócrates: La Revolución de los Italianos, Boletín del Archivo General de la Nación, volumen XI, número 58, Archivo General de la Nación, Ciudad Trujillo, 1948, p. 234.

2 Barinas, ídem, p 243.

3 Barinas, ídem, p 245.

4 Disponible en https://ramhg.es/joomla310/index.php/informes-y-bibliografia/genealogia-1/articulos-1/58-los-marescotti-ruspoli

Duleidys Rodríguez Castro

Educadora y Filósofa

Duleidys Rodriguez Castro es filósofa con estudios doctorales en Historia del Caribe por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), maestría en Filosofía por la Universidad del País Vasco y licenciatura en Filosofía y Humanidades por el Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó. Además, es genealogista y coleccionista especializada en historia de la educación dominicana.

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