Esteban Rosario nunca ha sido un periodista convencional ni del montón, como lo es la mayoría en nuestro país. Desde que se trasladó a estudiar Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), ya lo sabía. Por eso se diferencia y se destaca, sin tener que irse de su amada y bohemia ciudad: Santiago de los Caballeros. Mucha gente desconoce que procede de uno de los barrios más emblemáticos de aquí, La Joya, de dilatada tradición histórica, que conforma uno de los sectores más populosos, al igual que Baracoa, Pueblo Nuevo y Los Pepines. Cada uno es el alma espiritual y cultural, desde tiempos remotos, y nos hace recordar la legendaria frase del educador y filósofo puertorriqueño Eugenio María de Hostos: «La provincia más provincia de todas las provincias de la República Dominicana es la de Santiago de los Caballeros».
Su valentía y fortaleza periodística le provienen, precisamente, de haber nacido en ese barrio, cuna proverbial del coraje: lugar del histórico lechón Tony Vargas y las tradicionales caretas con pequeños chifles en sus dos cuernos, a diferencia de las máscaras lisas de Los Pepines. En Santiago, los de abajo están representados por La Joya y los de arriba por Los Pepines; ambos famosos por sus luchas titánicas en la celebración del Carnaval de la «Ciudad Corazón».
El ejercicio del periodismo de Esteban Rosario comenzó en la prensa escrita, al percibir la trascendencia de plasmar el pensamiento cuando la palabra se convierte en escritura en las páginas de los periódicos. En otra etapa de su prolongada carrera fue de ese modo; hoy es más visual y tecnológica por el inmenso e imparable desarrollo de Internet y de la inteligencia artificial, que ha puesto en un lejano plano a los medios tradicionales de comunicación. Sin embargo, tras dejar la prensa escrita, pasó a la televisión, donde crea y conduce uno de los programas informativos y de opinión más atractivos y veraces del país: «Detrás de la noticia».
Estaba dando el salto a la investigación periodística, la cual cultivó durante décadas en los medios más influyentes de la nación, para luego trasladarse al mágico sostén de todos los tiempos: la antiquísima tradición de los libros —consagración permanente de la sabiduría humana, desde los soportes más rutinarios hasta los más tecnológicos, hasta llegar hoy a los libros digitales y los audiolibros—. El libro es uno de los objetos más impresionantes de la humanidad, porque sigue vivo, aunque su autor muera. En palabras del genio argentino Jorge Luis Borges: «De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación».
Para Esteban Rosario, el libro es la base fundadora de la memoria: sirve para recordar y plasmar la avaricia de los entramados de grupos económicos, que son los auténticos dueños de la riqueza del país. Estos crean empresas e instituciones con el fin de ser socios activos en la acumulación y generación de enormes fortunas personales y familiares, para los cuales el Estado y los partidos son instrumentos para aumentar sus capitales, y el empleado y el gobierno solo sirven para producir ganancias.
En su libro Los dueños de la República Dominicana, publicado en 1988 y reeditado varias veces, en un solo y sintético párrafo los explica: «Los grupos económicos y familiares son los dueños de la República Dominicana. Controlan el país y sus instituciones. Concentran la riqueza nacional. Tienen todos los privilegios del Estado. Reciben incentivos, concesiones y exoneraciones, y gozan de un alto nivel de impunidad. Violan las leyes y no son apresados. Quiebran bancos y el Estado los protege. Circulan entre sí en las empresas públicas y privadas. El Congreso Nacional está bajo su control. Los partidos políticos son sus prisioneros. Se casan entre sí y su base de sustentación es el monopolio» (p. 11).
Sus únicos principios son el dinero, sin importarle lo que tenga que hacer para conseguirlo, sin ningún criterio ético o moral. Su filosofía es la acumulación monetaria de riquezas desenfrenada: si los gobiernos no les convienen, recurren a los militares para dar golpes de Estado, llegando incluso a utilizar a la Iglesia Católica. Así ocurrió con el profesor Juan Bosch: por pretender distribuir de manera más social los recursos del Estado, le dieron un golpe y su gobierno duró solo siete meses. Otro ejemplo es Rafael Leónidas Trujillo Molina: tras su asesinato por un grupo de valerosos dominicanos, quedó al descubierto la vasta fortuna que había amasado durante los 31 años que gobernó el país, apropiándose de los recursos del Estado y creando una red de empresas personales. Después de su caída, esa riqueza y esas instituciones fueron usurpadas por la burguesía tradicional dominicana, que incluso se apoderó de bienes del propio Estado.
Esteban, como lo ha hecho en otras obras, vuelve a hacerlo en Los dueños del dinero en la República Dominicana: descubre y pone en evidencia, a través de este nuevo libro, el comportamiento mafioso de la burguesía nacional. Esta se asocia con empresas extranjeras para centralizar sus beneficios y convertirse en monopolios que están por encima del propio gobierno, al que obligan a arrodillarse ante sus intereses. Incluso hay empresarios que otorgan préstamos ocultos al gobierno de turno, para luego recuperarlos o conseguir contratos supe ventajosos. El verdadero poder del dinero lo tienen los empresarios, no los partidos políticos; esta realidad no ocurre solo en nuestro país, sino en el mundo.
Si alguien me preguntara «¿quién es Esteban Rosario?», diría que es el periodista investigador más temido por la burguesía nacional. Otra verdad oculta de este fascinante comunicador es que muchos de sus libros son comprados para ser incinerados, como en la emblemática novela Fahrenheit 451 de Ray Bradbury (1952). Con la diferencia de que, en nuestro territorio, quienes lo hacen son empresarios, no bomberos; el motivo es el mismo: impedir que el conocimiento llegue a los lectores. Así no pueden descubrir ni experimentar la sabiduría y las enseñanzas contenidas en los libros. Muchas obras prohibidas y sus autores han sido desterrados a lo largo del tiempo. Esto se constata en El infinito en un junco (2019), que, en pleno confinamiento por la COVID-19, se convirtió en un fenómeno editorial de la escritora española Irene Vallejo.
He escuchado que algunas personalidades del medio protegieron varios libros del autor; entre ellos, el influyente Álvaro Arvelo —ya fallecido—, uno de los periodistas más formados del programa radial «El Gobierno de la Mañana». Se cuenta que guardaba dos ejemplares en su caja de seguridad para evitar que alguien los hiciera desaparecer, por su importancia para entender cómo funcionan y acumulan sus enormes fortunas los grupos locales. La oligarquía de Santiago (1988) y Los dueños de la República Dominicana (1988).
Con ambos textos, Esteban se convirtió en un referente de la investigación dominicana; como un sabueso, hurga en los documentos a su alcance para develar las misteriosas escaramuzas de los grupos económicos del país. Comparte y publica sus secretos y traperías: se asocian e invierten en las mismas empresas para convertirse en monopolios dominicanos. Actúan en bancos y medios de comunicación para salvaguardarse y protegerse mutuamente, siendo inversionistas conjuntos en compañías de los mismos socios, y así terminan por convertirse en los dueños del dinero en la República Dominicana, tal como demuestra, mediante documentación debidamente avalada, Esteban Rosario.
En la introducción aparece un breve, pero significativo escrito que nos ofrece las claves principales del libro: los quince apellidos principales de las familias propietarias de la mayor del dinero que se mueve en la economía nacional. Con una diversidad de empresas, dirigen toda la masa monetaria del país: «Las familias que integran esta élite son las siguientes: González Cuadra, Rizek, Bermúdez, Vicini, Grullón, Cabral, Vitienes, Viyella, Rainieri, Marranzini, Tavares, Bonetti, Armenteros, Rodríguez Capello, León y otras» (p. 10).
Como era de suponer, todo esto no podía realizarse sin el acompañamiento del imperio más contundente: Estados Unidos, que aprovecharon la falta de institucionalidad para concretar sus planes y evitar que la República se convirtiera en otra Cuba tras la Revolución de 1959. Tomaron como mampara el proyecto «La Alianza para el Progreso», que abarcaba toda América Latina, fenómeno que Rosario explica detalladamente en el primer capítulo. Todo este plan consistió en realizar un acuerdo entre grupos económicos estadounidenses y dominicanos:
«El primer paso fue formalizar una alianza estratégica con los empresarios y el Estado. La élite financiera dominicana nació de la alianza estratégica entre el gobierno de los Estados Unidos, el Estado dominicano y los grupos empresariales y familiares más importantes de Santiago y Santo Domingo en 1962» (p. 13). Santiago de los Caballeros jugó un rol protagónico en este acuerdo estratégico político y económico, de la potencia que nos había invadido la primera vez, en 1916, para saquear al país, […] «a través del Consejo de Estado, los empresarios de Santiago, organizados en la Asociación para el Desarrollo, Inc., y los grupos más influyentes de Santo Domingo» (ibídem).
Todo este plan estratégico incluía toda América Latina; para ello buscaron el Estado Libre y Asociado de los Estados Unidos desde el año 1952, porque tenía nuestro propio idioma y una cultura parecida a todos los países del área caribeña. «El proyecto fue elaborado por un grupo de economistas y sociólogos de la universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, bajo la dirección del economista Walt Witman Rostow» (ibídem). Por el lado norteamericano estaba el presidente John F. Kennedy, y por su colonia de Puerto Rico, su gobernador Luis Muñoz Marín. «El proyecto para la creación de la élite financiera comenzó con la fundación del Banco Nacional de la Vivienda (BNV) y las asociaciones de ahorros y préstamos en Santo Domingo y Santiago, bajo la dirección de la First Federal Saving and Loan Association of Puerto Rico» (ídem, p. 14).
Después del triunfo electoral del profesor Juan Bosch por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) —las primeras elecciones libres en el país tras el ajusticiamiento de una de las dictaduras más crueles del Caribe— retornó como uno de los funcionarios más importantes fue Joaquín Balaguer: secretario de la Presidencia y embajador en varios países; más tarde ejerció como secretario de Educación, secretario de Relaciones Exteriores, vicepresidente y presidente títere durante dos años (1960–1962). Este hecho es trascendente para comprender el convulso contexto histórico y político que vivía la República, durante y después del golpe de Estado por los militares, apoyado por la Iglesia Católica y Estados Unidos.
Esta verdad queda respaldada por el sobresaliente historiador vegano Frank Moya Pons, con más de cuarenta obras publicadas: «De acuerdo con el historiador Frank Moya Pons, los líderes de la Asociación para el Desarrollo se convirtieron en los interlocutores de la Alianza para el Progreso. Una intervención temprana del grupo de Santiago fue la formación de instituciones financieras: el Banco Popular, la Asociación de Ahorros y Préstamos del Cibao y una organización intermediaria, la Compañía Financiera Dominicana. Aproximadamente al mismo tiempo, también se inició la Fundación Dominicana para el Desarrollo. Estados Unidos respondió así a las necesidades crediticias del sector privado, poniendo a disposición dinero de préstamos para fortalecer las capacidades de estas dos últimas instituciones financieras dominicanas, por ejemplo, se benefició de un préstamo anticipado de US$ 5 millones» (p. 16).
Una de las instituciones clave y fundamentales en todas las intervenciones norteamericanas, tanto políticas como económicas, en el país ha sido la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Sobre ella, el autor de esta obra ha sostenido lo siguiente: «Los aportes de la USAID en el país fueron determinantes para lograr el desarrollo económico en el ámbito privado. La USAID creó o ayudó a crear, en alianza con el Estado y las élites empresariales de Santo Domingo y Santiago, las más importantes empresas del sector financiero e industrial» […].
Uno de los aportes principales del investigador Esteban Rosario, en cada una de sus 16 obras publicadas, es el registro detallado de las actas constitutivas de diversas empresas creadas en toda la nación, como ocurre en el caso que nos compete en este libro. A través de múltiples instituciones, que son socios corporativos siendo los mismos, con el fin de formar monopolios y, de esta manera, son dueños del 80 o 90 por ciento del dinero que se mueve y se produce en la República Dominicana. Abracemos este libro, Los dueños del dinero de la República Dominicana (2026), de Esteban Rosario, para que podamos concienciar nuestra mente y aprender, de una vez y para siempre, quiénes son los verdaderos dueños de nuestra nación: no los políticos, sino los empresarios.
Producto de ese mismo proceso y, una vez más, con el aval de la burguesía nacional, en 1965 —tras el derrocamiento del gobierno constitucional de Juan Bosch por la jerarquía militar y empresarial— se generó la llamada Revolución de Abril. Tras el golpe de Estado al presidente Juan Bosch, los militares y la cúpula empresarial formaron el Triunvirato. Tras la renuncia de Emilio de los Santos, el poder fue asumido por una junta militar conocida como el Triunvirato, que eligió a Donald Reid Cabral. Se generó luego un descontento nacional, lo que provocó una lucha entre dos grupos de militares: el de San Cristóbal y el de Enriquillo. El grupo de San Cristóbal inició la conspiración para llevar a Joaquín Balaguer al poder. Entonces, José Francisco Peña Gómez llamó al pueblo a lanzarse a las calles para defender el retorno a la constitucionalidad con Juan Bosch.
El 24 de abril, un grupo de valerosos militares y una gran parte del pueblo dominicano, al exigir el restablecimiento de la constitucionalidad, inició el proceso histórico, encabezado por los coroneles Francisco Alberto Camaño y Rafael Tomás Fernández Domínguez. Bajo el pretexto de evitar que el país se convirtiera en otra Cuba, los militares tradicionales y la burguesía se asociaron y confabularon para que la patria fuera, una vez más, intervenida por Estados Unidos. Desde entonces hemos sido presa del imperio del Norte y de los burgueses nacionales. Este importante proceso de la historia dominicana del siglo XX, que hoy conmemoramos —61 años.
Conclusión
En mi modesta biblioteca personal, de alrededor de 5 000 mil libros, del investigador en cuestión tengo las siguientes obras: La oligarquía de Santiago (1997, segunda edición); Trujillo y la tabacalera (2004); Las quiebras bancarias en Santiago y Santo Domingo (2006); El grupo Vicini: El verdadero poder (2011); La corrupción en los ayuntamientos de Santiago (2010); Los dueños de la República Dominicana (2013); Corrupción y privilegios empresariales: 1961–2012 (2013); El narcotráfico en República Dominicana (2014), el cual tuve el honor de presentar; y El saqueo a la República Dominicana (2015).
La obra Los dueños del dinero en la República dominicana está constituida por el primer capítulo: «Origen: 1962-1968»; y el segundo: «Desarrollo y diversificación: 1965-1985», donde se afirma: «Desplazó definitivamente a los terratenientes, a los exportadores y a los importadores de la cúspide de la pirámide social. En ese ascenso influyeron de manera decisiva la USAID y el Estado dominicano, con la promulgación de leyes y decretos y la canalización de recursos financieros nacionales y extranjeros por mediación de los bancos» (p. 51).
Tercero: «Concentración», resultando que: «La Superintendencia de Bancos de la República Dominicana publicó en su informe correspondiente al año 2025 que el sector financiero generó 4.15 billones de pesos y representó el 52.6 % del producto interno bruto (PIB). En esa misma publicación aseguró que tres bancos concentraron el 69.7 % de los activos y dos el 54.4 %» (p. 129).
Y cuarto: «Los dueños del dinero». En este último, Esteban lo sintetiza en dos líneas: «El dinero que generan los dominicanos. El dueño se llama la “élite financiera”» (p. 213). La obra que he estado comentando contiene 73 fuentes bibliográficas y, en solo 290 páginas, analiza un tema tan complejo como Los dueños del dinero en la República Dominicana.
Esteban, una vez más, desenmascara la auténtica realidad que nadie se atreve a exponer ni a explicar. Con cada uno de los 16 libros publicados ha construido la cartografía histórica de las estructuras reales del poder en la República Dominicana: un hecho sin precedentes en la bibliografía nacional. El dinero siempre ha sido patrimonio exclusivo de los acaudalados empresarios, quienes lo han convertido en inmensas fortunas familiares. Gracias, autor Rosario investigador e intelectual, por ser la voz de la escritura periodística de este país: rodeado y apoyado por su trayectoria, su valentía y coraje. Enhorabuena, apreciado amigo de la palabra y de la cultura; los que sabemos del alto valor del juicio y del criterio estamos contigo.
*Presentación de la obra Los dueños del dinero en la República Dominicana, en el marco de la Feria Regional del Libro y la Cultura Santiago 2026. Sala Julio Alberto Hernández, 24 de abril de 2026, 6 de la tarde.
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