Las poblaciones originales constituían un enclave por las distancias y por las indigencias de los medios de transportes existentes en estas comunidades. Prevalecía el aislamiento, lo que hacía que las comunidades se volcaran sobre sí mismas y la unidad estaba en los valores, la religión y en las manifestaciones artístico-culturales.
Para las élites gobernantes colonialistas y los intelectuales a su servicio, la cultura implicaba el dominio del alfabeto, de tal manera que el pueblo no hacía cultura por su ausencia, prevaleciendo una actitud despectiva, lo que implicaba que estas manifestaciones no se registraban, predominando una historia oral que variaba y era transformada por las generaciones, encontrándose diversas versiones, donde cada una consideraba que la suya era la verdadera.
Por otro lado, existe una historia oficial que reproduce la visión de los grupos gobernantes, que se difunde a todos los niveles y es enseñada en todas las instancias del sistema social, la cual es en gran parte falseada, distante de la historia real y, en la mayoría de las veces, es "una historia al revés".
La Cofradía del Espíritu Santo con los Congos de Villa Mella fueron incluidos en el listado mundial de los patrimonios orales e intangibles de la Unesco en el 2001, hace 25 años, pero no escapan a estas realidades históricas y antropológicas, las cuales se han reproducido como verdades sagradas e infalibles por diversos pontífices e investigadores neocolonizados.

Promoción de los Congos Al cumplir 22 años declaración UNESCO (Fuente externa)

Para conocer y saber la verdad, hay que apelar al análisis del desarrollo histórico y antropológico de la sociedad dominicana, porque lo que prevalece son versiones particulares, aún en las investigaciones más trascendentes como las de Aída Cartagena P. y Carlos Hernández.
La economía inicial de la colonización española se definió en la búsqueda y apropiación del oro. Salvo la mina de este metal en Cotuí, el quehacer cotidiano se concentró en la recolección del oro de aluvión, aquel que se encontraba con facilidad en ríos y arroyos; por eso, en el Cibao, de manera particular en La Vega Vieja, se concentraron las actividades de búsqueda y recolección para ser enviadas a la metrópolis.
El ciclo de la caña de azúcar sustituyó exitosamente al ciclo del oro, vigente de 1530 a 1605, redefiniendo su explotación al espacio geográfico hacia el sur, debido a la necesidad de exportación ante una Vega Vieja metropolitana sin puertos. Nigua, Haina y Nizao fueron los nuevos escenarios, donde nació y se conformó la industria azucarera del "nuevo mundo".
El colapso de la economía azucarera permitió que los esclavizados africanos redefinieran nuevos espacios geográficos, conformando un cinturón alrededor de la ciudad de Santo Domingo. Muchos de ellos ocuparon tierras identificadas hoy como de Villa Mella, sin que fueran registradas y documentadas por años, con expresiones particulares étnico-culturales.
Años después, en 1677-78, cuando Francia afianzaba su colonia en Haití, su organización y represión desencadenaron un proceso de cimarronaje, donde huían los esclavizados hacia la colonia española, los cuales no eran reprimidos ni devueltos, sino que se les ofrecía libertad, con los cuales se creó el poblado de los Mina, en la margen oriental del río Ozama.
Una de las versiones afirma que 73 seguidores de Padrejón, un líder curandero asesinado, pasaron al espacio de la colonia española; entre ellos, a nivel étnico-cultural, había 34 de la etnia mina, 3 congos, 1 arará, 1 zape, 4 barrudos y 2 caboverdianos, de ahí la identificación como "los Mina" de este poblado. Los demás no fueron identificados y los cimarrones nuevos que llegaban eran integrados a esta comunidad, sin importar sus etnias y sus culturas.
El poblado creció, se desarrolló exitosamente; sus habitantes llevaban en canoas por el río Ozama cera, yuca, plátanos, batatas, molondrones, mangos, otras frutas, gallinas, maíz, macutos, escobas, etc., para vender en el mercado de la ciudad de Santo Domingo. Su crecimiento y riqueza levantó la envidia de grupos de poder que hicieron todo para apoderarse de estas tierras cultivadas, como exactamente ocurrió.
Los cimarrones se desplazaron a otros espacios como Mandinga, Mendosa, la Victorio y lo que es hoy Villa Mella, que no tenía nombre conocido. Entre sus expresiones artístico-culturales llevaron el prí-prí, la salve y los atabales. Por su parte, encontraron varias expresiones espiritual-culturales en las poblaciones existentes de esclavizados de los desaparecidos ingenios azucareros, entre ellas la de los congos con su Palo Mayor, su Palo Menor, ambos de un tronco ahuecado con dos parches, tocados con las manos, la canoíta y diversas maracas, con un coro de técnicas africanas del solo y la respuesta, así como el culto a los antepasados, ritos funerarios, con Kalunga como deidad, símbolo trascendente a nivel espiritual y social.
Por tanto, los congos no eran originales de los mina, porque su número era poco significativo, ya que en su fundación solo se registraron tres congos en este poblado y en el sincretismo prevalecen las expresiones culturales mayoritarias de sus integrantes. Lo de Pentecostés y lo del Espíritu Santo fue mitología posterior, interpretación con incidencia en lo imaginario popular y valores religiosos católicos, ya que, antropológicamente, la "entrega" de los instrumentos musicales, sus cantos y sus bailes por el Espíritu Santo es la versión última para definir lo que conocemos hoy como los Congos, tal como ocurrió con San Juan y la Sarandunga en Baní.
De todas maneras, eso no incide en su importancia y trascendencia como expresión cultural más allá de las fronteras del país, para ser un patrimonio del mundo. Es un orgullo de nuestra cultura popular, expresión de identidad y símbolo de dominicanidad, que debemos promover con celo de lo original en su 25 aniversario por ser parte de la Unesco y patrimonio nacional.
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