Recordar es volver a pasar por el corazón, decía Eduardo Galeano amparándose en el origen latino de la palabra re-cordis (re-pasar el corazón). Así quiero abrir esta fisura, envolviendo el corazón, atravesándolo con el sentimiento, la intuición, la sensación y el pensamiento. Tiempos vibrantes, agitados y en ebullición como estos, lo hacen más necesario que nunca.
Por fin, me sucedió. Cuando me di cuenta, era inevitable: mi raíz en Brasil ya era profunda, fuerte, entrañable. De repente, fui tomada por una pasión fervorosa, desde la víscera, donde el cuerpo llevaba el comando dirigiendo el movimiento acelerado de mis dedos que, ante el teclado del celular, se disponían a afirmar este sentimiento. Sentimiento enmarañado, que ha crecido y se ha desarrollado en el espacio entre las buenas y las malas, las blandas y las rígidas, los deseos, las zozobras y las glorias. The good, the bad and the ugly.
Este ensayo ya se escribía en mí desde la noche en que soñé estando en medio de una selva, dentro de una rueda de palabras, donde los sacerdotes Yawanawá del Amazonas me obsequiaban humo sagrado y me hablaban fuerte y claro en palabras, legitimadas por el movimiento del humo que salía del tipi nutrido del espíritu del tabaco: "Seja bem-vinda, estávamos aguardando você". Me desperté, lloré, me estremecí, algo se organizó y mi corazón sonrió.
La primera vez que me alimenté de Brasil fue en la distancia, en el hemisferio norte, como estudiante. Brasil entró por los libros en la Universidad en Nueva York, luego también por la piel y el sentir con Maria Bethânia, Carolina Maria de Jesus, Clarice Lispector, Tropicália, Candomblé, y Lula… en la Universidad en Miami, en seminarios de Ciencias Políticas e Historia Latinoamericana y religiones afrodiaspóricas. La primera vez que visité Brasil, en 2009, viajé con mi amiga curadora Liz Cerejido (directora del Cuban Heritage Museum de la Universidad de Miami) que me invitó en misión curatorial, a visitar artistas mujeres en São Paulo y Río de Janeiro, para un proyecto latinoamericano. En ese momento Brasil era algo muy exótico que creía conocer intelectualmente, que despertaba una curiosidad y que visitaba como curadora en paracaídas haciendo sus primeras visitas curatoriales. En ese momento, percibí una decrepitud en el paisaje carioca, y una melancolía y un exceso en el paulistano, que me desafiaron a querer entender más profundamente sus mundos. Desafío que solo conseguiría retomar luego de 12 años, cuando finalizando una vida entre el Caribe y África occidental regresaría nuevamente a Brasil, esta vez para vivir, en São Paulo, en el final de la pandemia de covid.
São Paulo me llama a ocupar mi lugar, me recuerda a los gritos mi derecho a la ciudad y a la libertad de ejercer mi vida en, con su paisaje y sobre todo como parte íntegra de él, de su colectividad. En mi propia vivencia afectiva, mis poligamias con los diferentes paisajes y los seres que los habitan, con los cuales guardo alianzas cada vez más sagradas, me deparo con el punto de no querer que pase en Brasil lo que está pasando en Colombia, donde las memorias están siendo atacadas, junto con las representaciones de la diversidad, el respeto, la justicia…

El Masp (Museo de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand), diseño de la arquitecta Lina Bo Bardi, fue construido por interés de Assis Chateaubriand, sobre el terreno que la familia Borges de Figueiredo (idealizadora y financiadora de la Avenida Paulista) diera para la ciudad de São Paulo bajo la condición de ser un espacio público perpetuo, donde las personas pudieran disfrutar de la vista y transitar en amplitud. Por esta razón el edificio se construyó sobre columnas, dejando un espacio vacío para que las personas transiten y honrar su perpetuidad pública. Espaço, frente al cual está la Avenida Paulista, que es testimonio de momentos políticos y manifestaciones de gran parte de la población paulistana que se aglutina, así como el último domingo se aglutinó para apoyar a Lula en la segunda vuelta para ser reelegido y evitar que su contrincante, el nepobaby Flávio Bolsonaro, se posicione, llevando a Brasil a un régimen de extrema derecha con fuerte olor fascista.
El arte que descansa dentro del edificio se refugia de los gestos colectivos que hablan vida en su exterior.
La manifestación hace parte de la manifestación en la calle de lo que está pasando en las redes sociales; la consciencia tiene dedos que quieren movilizarse a participar en masa. Algunas memorias quieren ser destruidas, pero la unión que se genera cuando el motivo es impulsado por la libertad demuestra una fuerza difícil de comparar. Ahora, la fisura se teje en algún lugar externo al museo… Me parece sentir un déjà vu, vuelven imágenes de la Operación Cóndor, modus operandi de Estados Unidos durante la Guerra Fría en América Latina. Las intenciones no cambian, lo que cambia parecen ser las herramientas; parece que ahora la historia se quiere reciclar y jugar una mala broma para probar si aprendimos algo de lo que ya pasó en situaciones similares, con los jugadores representando los mismos intereses. Historias de censuras, coerciones, mentiras, injusticias, desaparecidos, muertes y todo con un trasfondo de declive económico y cortes en programas de salud, educación, trabajo, libertad de expresión. Brasil es la última frontera por ser alcanzada por estas fuerzas aliadas a lo que Trump llama ahora Doctrina Donroe, que retoma el principio original de la Doctrina Monroe «América para los americanos», reinterpretado como un corolario del presidente Trump que busca reafirmar de forma contundente la preeminencia y el control estratégico de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental e incluye como ejes: la exclusión multidimensional de rivales como China y Rusia del continente, una condicionalidad geoeconómica que premia o sanciona de forma transaccional el alineamiento político de los gobiernos regionales, la securitización de las crisis migratorias y el narcotráfico para tratarlos como ataques directos a la seguridad nacional estadounidense, y una primacía hemisférica ofensiva que justifica intervenciones de alto impacto táctico en áreas estratégicas. Una doctrina de muerte. La vida no es considerada. ¿Suena familiar?
Ante todo esto, en algo que parece un mal performance, Bolsonaro sería el títere del momento ofreciendo a Estados Unidos como la solución que ellos más deberían desear y con esto realizando pactos ilícitos por doquier para conseguir que se perpetúe su ala política en Brasil y así abrir las puertas de par en par a la intervención americana, mientras destruye internamente a Brasil. ¡En todo esto Lula representa lo contrario a todo esto!
Es ahora donde la fisura respira, cuando los fundamentos del sistema representativo están transformándose globalmente… el dedo se convierte en soldado, accionador de movilizaciones virtuales, conduciendo al ciudadano comprometido cívicamente a demostrar la soberanía popular. ¡Aquí está la belleza! Cuando la acción del dedo en la esfera virtual y los pies en las calles de las ciudades manifestando ha ganado fuerza, como una ola gigante que invade el desierto del no posicionamiento. Claro, ahora con un grado de dificultad mayor al tener que vencer las manipulaciones de las grandes compañías de tecnología y su vigilancia y concesiones ante esta doctrina. Es por aquí que vamos transitando en la fisura, con el cuerpo entre la virtualidad y la acción en la calle, a una semana de la segunda vuelta de las elecciones. Seguimos en red, entre cacerolazos, misiones colectivas en alianza con el tiempo para concedernos su fuerza soberana y libre…
Presenciando posicionamientos y testimoniando ausencias… para entender mejor y recordar de nuevo.
A todas estas, el director del Masp aún no emite posicionamiento…
Yo sigo desenmarañando la red y abriendo la fisura con dedos y pies, desde São Paulo.
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