Ley de Mecenazgo: balance, desafíos actuales y propuestas a futuro
15 de octubre de 2026
Introducción: entre el discurso y las decisiones
Buenas tardes.
Agradezco a la Dirección General de Mecenazgo y a los organizadores de este encuentro la invitación a participar en una conversación necesaria sobre el presente y el futuro de la cultura dominicana.
Nos convoca una pregunta que va más allá de una ley o de un incentivo fiscal: ¿qué lugar ocupa realmente la cultura en las prioridades del Estado dominicano?
Durante décadas hemos reconocido el arte y la cultura como expresiones de nuestra identidad, memoria colectiva y capacidad creadora. Sin embargo, ese reconocimiento no siempre se traduce en políticas sostenidas, recursos suficientes y condiciones dignas para quienes hacen posible la creación artística.
La cultura no puede seguir siendo bienvenida en los discursos y postergada en las decisiones.
Esta es la contradicción que debemos afrontar. No se trata de desconocer los avances ni de descalificar los esfuerzos institucionales, sino de cerrar la distancia entre lo que proclamamos sobre la importancia de la cultura y lo que estamos dispuestos a hacer para fortalecerla.
Hablar hoy de la Ley de Mecenazgo es hablar de responsabilidad política, compromiso empresarial y participación ciudadana. Es también hablar de la necesidad de construir un sistema cultural que ofrezca oportunidades reales a nuestros artistas y gestores.
1. La Ley de Mecenazgo: una oportunidad que debemos concretar
La Ley núm. 340-19 sobre el Régimen de Incentivo y Fomento del Mecenazgo Cultural abrió una vía para estimular la participación privada en el financiamiento de proyectos artísticos y culturales.
Pero una ley no transforma por sí sola la realidad. Necesita incentivos adecuados, procedimientos accesibles, transparencia y voluntad política para alcanzar sus objetivos.
Uno de los puntos centrales del debate es la modificación propuesta al artículo 33, que busca elevar del 2.5 % al 5 % el incentivo fiscal previsto para las personas físicas y jurídicas que aporten a proyectos culturales, de acuerdo con las condiciones legales aplicables. El objetivo es hacer más atractivo el mecenazgo y ampliar las posibilidades de financiamiento para el sector.
Aprovecho la presencia del senador Franklin Romero, impulsor de esta iniciativa, para saludar y reconocer su esfuerzo, así como agradecer al senador Pedro Catrain la acogida brindada en el Senado a esta propuesta de fortalecimiento de la Ley de Mecenazgo. A ambos, nuestro reconocimiento y gratitud por su disposición a contribuir al desarrollo de la cultura dominicana.
Ahora necesitamos que esa disposición se traduzca en decisiones concretas que fortalezcan el marco legal y amplíen las oportunidades para nuestros creadores.
¿Reducir impuestos para la cultura: sacrificio fiscal o inversión estratégica?
Podría plantearse una objeción legítima: duplicar el incentivo del 2.5 % al 5 % representa un costo potencial para las finanzas públicas. ¿Cómo justificarlo cuando el Estado tiene tantas necesidades que atender?
La respuesta exige mirar más allá de la recaudación inmediata. El incentivo al mecenazgo puede convertirse en un instrumento para movilizar recursos privados hacia un sector que genera empleo, activa servicios y contribuye al desarrollo económico y social.
Una producción teatral, por ejemplo, contrata actores, técnicos, diseñadores y músicos; también puede generar trabajo para transportistas, impresores, publicidad y otros proveedores. Un concierto, una exposición o una producción audiovisual moviliza igualmente una cadena de actividades económicas.
Esto no significa que todo incentivo produzca automáticamente un retorno fiscal superior a su costo. Significa que debemos evaluar la medida considerando tanto los ingresos tributarios que potencialmente deja de percibir el Estado como la inversión adicional que logra movilizar, los empleos que contribuye a generar y sus beneficios sociales.
No proponemos un cheque en blanco, sino un incentivo sujeto a reglas claras, transparencia, fiscalización y evaluación de resultados.
Invertir en cultura no significa ignorar las necesidades del Estado. Significa reconocer que la cultura también forma parte del desarrollo económico y social de la nación.
2. Las leyes necesitan voluntad política
La experiencia dominicana demuestra que aprobar una ley es apenas el comienzo. Su impacto depende de su cumplimiento, de los recursos disponibles y de la capacidad institucional para evaluar resultados y corregir deficiencias.
La Ley núm. 176-07, del Distrito Nacional y los Municipios, ofrece una referencia para recordar la importancia de acompañar las disposiciones legales con ejecución, seguimiento y rendición de cuentas. No basta con establecer obligaciones: hay que verificar cómo se cumplen y qué beneficios producen para la ciudadanía.
Con el mecenazgo debemos evitar que la ley se convierta en una promesa cuyo alcance no corresponda con las necesidades del sector.
La política cultural tampoco puede depender exclusivamente de la voluntad circunstancial de un funcionario, de una administración o de un patrocinador. Necesitamos planificación, continuidad y acuerdos que trasciendan los períodos de gobierno.
3. Aprender de otras experiencias
Países como España, Brasil y Chile han desarrollado mecanismos de incentivo al mecenazgo, mientras Colombia ha impulsado instrumentos específicos para fortalecer las artes escénicas y su circulación.
Estas experiencias son distintas y no están exentas de dificultades. Sin embargo, permiten estudiar cómo combinar incentivos, procedimientos claros, fiscalización y políticas públicas que favorezcan la creación artística.
La República Dominicana debe aprender de esos modelos sin copiarlos mecánicamente, adaptando las herramientas a nuestra realidad económica e institucional.
El desafío es construir un sistema que estimule la inversión privada sin convertir el acceso al financiamiento en un privilegio reservado a quienes cuentan con mayores recursos, relaciones o capacidad administrativa.
El mecenazgo debe abrir puertas, no levantar nuevas barreras.
4. La dignidad de quienes crean
Quisiera detenerme en la dimensión humana de este debate.
Cuando hablamos de mecenazgo solemos referirnos a proyectos, presupuestos, donaciones e incentivos fiscales. Pero detrás de cada proyecto hay una persona, una vocación y una familia.
No podemos celebrar a nuestros artistas cuando suben a un escenario, aplaudir sus obras y reconocerlos como portadores de nuestra identidad nacional, mientras ignoramos las dificultades con las que muchos regresan a sus hogares.
Detrás de una canción, una puesta en escena, un libro, una pintura o una obra artesanal hay hombres y mujeres que luchan por sostener su vocación, pagar sus cuentas y alimentar a sus familias.
Muchos enfrentan ingresos irregulares, contratos ocasionales y ausencia de mecanismos adecuados de protección social. Algunos deben buscar otros trabajos para sobrevivir; otros postergan sus proyectos porque el talento, por sí solo, no garantiza el sustento.
Pensemos en quienes ensayan durante semanas sin saber si recibirán una remuneración justa; en quienes escriben una obra sin contar con recursos para publicarla; en los músicos, actores, bailarines y artistas visuales que sostienen su trabajo con recursos propios y una extraordinaria fe en lo que hacen.
No es justo que quienes enriquecen espiritualmente a la sociedad tengan que vivir permanentemente en la incertidumbre material.
El talento no debería condenar a nadie a la precariedad, ni la vocación artística convertirse en un sacrificio permanente.
Reconocemos el valor de la cultura, pero todavía no garantizamos condiciones dignas para quienes la hacen posible.
Fortalecer el mecenazgo puede contribuir a generar trabajo, financiar proyectos y ampliar las oportunidades de remuneración. Pero debemos ser claros: no sustituye la responsabilidad del Estado en materia de inversión cultural, derechos laborales y protección social.
La cultura no solo necesita proyectos financiados. Necesita artistas que puedan vivir de su trabajo y desarrollar su vocación con dignidad.
5. Una política para todas las expresiones culturales
La experiencia del cine dominicano demuestra la importancia de contar con instrumentos legales y mecanismos específicos de apoyo. La Ley núm. 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica constituye una referencia para pensar en el fortalecimiento de otros sectores.
El teatro, la música, la danza, la literatura, las artes visuales, la artesanía y la investigación cultural también necesitan condiciones que favorezcan su desarrollo.
No se trata de enfrentar unas disciplinas con otras, sino de reconocer que una política cultural integral debe atender la diversidad de nuestra creación artística.
Tampoco podemos limitar el apoyo a los proyectos con mayor atractivo comercial. Una investigación sobre nuestra memoria histórica, una iniciativa de formación artística en una comunidad o una producción teatral independiente pueden tener un enorme valor público sin generar beneficios económicos inmediatos.
El mecenazgo debe contribuir a la producción y circulación artística, pero también a la formación, la investigación, la preservación del patrimonio y el acceso ciudadano a la cultura.
6. Descentralizar y facilitar el acceso
En las provincias existen artistas, agrupaciones y gestores que sostienen una parte esencial de nuestra vida cultural. Muchos, sin embargo, carecen de asesoría técnica y recursos para afrontar procedimientos administrativos complejos.
Si queremos que el mecenazgo contribuya al desarrollo nacional, debemos facilitar el acceso de esas iniciativas al sistema.
Esto requiere información comprensible, orientación técnica, trámites accesibles, plazos razonables y criterios transparentes de evaluación.
También necesitamos conocer qué proyectos reciben apoyo, cómo se distribuyen territorialmente los recursos y cuáles resultados se alcanzan.
La confianza empresarial se fortalece con reglas claras y rendición de cuentas. La confianza del sector artístico crece cuando existen oportunidades reales y decisiones transparentes.
7. Cinco propuestas concretas
Propongo cinco líneas de acción:
Primera. Avanzar en la reforma del artículo 33. Dar continuidad al proceso legislativo para evaluar y aprobar el aumento propuesto del 2.5 % al 5 %, con garantías de transparencia y fiscalización.
Segunda. Simplificar los procedimientos. Fortalecer la capacidad operativa de la Dirección General de Mecenazgo, ofrecer orientación técnica y establecer plazos claros para las solicitudes.
Tercera. Ampliar el acceso. Facilitar la participación de artistas independientes, organizaciones culturales y proyectos comunitarios de todas las regiones del país.
Cuarta. Construir una alianza responsable con el sector privado. Promover la participación de empresas, fundaciones y contribuyentes, entendiendo el mecenazgo como una contribución al bienestar colectivo y no solo como una acción publicitaria.
Quinta. Integrar el mecenazgo a una política cultural de Estado. Articularlo con la inversión pública, la formación artística, la descentralización, la investigación y la protección de los trabajadores culturales.
Estas medidas requieren diálogo permanente entre el Estado, el Congreso Nacional, el empresariado y el sector artístico. El propósito debe ser sencillo: que los recursos lleguen a quienes los necesitan y que los aportes produzcan beneficios culturales y sociales verificables.
8. Un llamado al presidente de la República
Señor presidente Luis Abinader:
Con el respeto que merece la investidura presidencial, quisiera hacer un llamado para que el Gobierno impulse las decisiones necesarias para fortalecer el mecenazgo cultural en la República Dominicana.
La modificación del artículo 33 de la Ley núm. 340-19 representa una oportunidad para estimular la inversión privada y ofrecer a nuestros artistas y gestores mejores condiciones para desarrollar su trabajo.
Confiamos en que su liderazgo contribuya a articular la voluntad de las instituciones responsables y del Congreso Nacional para que esta reforma avance y se convierta en una herramienta efectiva de desarrollo.
Es tiempo de traducir el reconocimiento de la cultura en políticas concretas, recursos y oportunidades para quienes, desde el arte y la creación, contribuyen a construir la identidad y el futuro de nuestra nación.
Conclusión: convertir las palabras en decisiones
Quisiera concluir con una convicción que nace de mi experiencia en el teatro y la gestión cultural.
La cultura no es un gasto prescindible. Es una inversión en identidad, educación, empleo, creatividad y desarrollo económico. Es una de las formas en que una nación reconoce su memoria y proyecta su futuro.
Pero ese valor debe traducirse en decisiones. No basta con admirar a nuestros artistas: debemos crear condiciones para que puedan vivir de su trabajo. No basta con aprobar leyes: debemos garantizar que funcionen. No basta con convocar al sector privado: debemos construir mecanismos que inspiren confianza y produzcan resultados.
El mecenazgo puede ser una herramienta importante, siempre que complemente la inversión pública, amplíe las oportunidades y forme parte de una política cultural coherente.
Hoy tenemos la oportunidad de convertir una reforma legislativa en un compromiso nacional. Que el fortalecimiento de la Ley de Mecenazgo sea un paso hacia una relación más justa entre la sociedad dominicana y quienes enriquecen su vida artística, espiritual e intelectual.
A quienes tienen responsabilidades públicas les corresponde actuar; a quienes cuentan con recursos, contribuir; y a quienes crean, recibir las condiciones necesarias para continuar aportando al país.
La cultura pertenece a la nación. Su fortalecimiento exige acuerdos que trasciendan las coyunturas políticas y se conviertan en políticas duraderas.
La cultura no puede seguir siendo bienvenida en los discursos y postergada en las decisiones.
Ha llegado el momento de convertir el reconocimiento en compromiso, el compromiso en políticas públicas y las políticas públicas en oportunidades reales para nuestros artistas y para toda la sociedad dominicana.
Muchas gracias.
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