
Desde la calle El Esfuerzo en Villa Duarte hacia Guazumal, en Tamboril, iban y venían las cartas postales que se intercambiaban Mercedes de Castro, María Dolores Matos Suazo, Claudina y Eduviges Hernández, especialmente para celebrar sus onomásticos.
Las felicitaciones eran breves, poéticas y por lo general correspondían a convenciones epistolares de la época: "Que las flores, tus hermanas gemelas, sean por siempre tus inseparables amigas". "Deseo que vuestra voz florezca de amor y de conocimiento y, mecida por las olas intangibles de la dicha, se dirija con vertiginosa rapidez hacia el paraje de la felicidad".
Si bien poco antes de 1900 ya República Dominicana había comenzado a imprimir sus primeras postales, muchas de las tarjetas que circulaban durante las dos primeras décadas del siglo XX estaban hechas en el extranjero.

El conjunto de la correspondencia conservada, posiblemente por Mercedes de Castro, consta de ocho tarjetas postales intercambiadas entre septiembre de 1914 y octubre de 1930. Tres de ellas fueron impresas en Francia, dos en Italia, una en Alemania y otra en Cuba. Este grupo coincide con la edad de oro de las postales durante las primeras décadas del siglo XX. En este periodo, Alemania produjo 88 millones de unidades, seguida por Inglaterra con 14 millones, Bélgica con 12 millones y Francia con 8 millones, aunque para 1910 esta última encabezaba la industria.
Se le atribuye a Emanuel Hermann, profesor de Economía en Viena, la idea de la carta postal. En enero de 1869 había publicado un artículo periodístico donde proponía la idea de enviar por correo tarjetas del tamaño de un sobre con mensajes cortos o saludos para ahorrar costes. El 1 de octubre del mismo año salió la primera tarjeta de correspondencia de la localidad austríaca de Perg hacia Kirchdorf. Inicialmente, las postales tenían fines administrativos: se utilizaban para concertar reuniones o convocar asambleas. Pero rápidamente fueron adoptadas por todas las clases sociales alfabetizadas.
Surgieron las primeras compañías impresoras que empezaron a agregarle diseños en el lado del mensaje, primero en negro, después en color. Las primeras postales ilustradas comenzaron a comercializarse en 1893, durante la celebración de la Exposición Universal en Chicago. A principios del siglo XX se introdujo la fotografía.

Hacia 1914, cuando Mercedes G. de Castro recibe la primera postal de esta colección, Villa Duarte tenía una población aproximada de 1500 a 2000 habitantes. El sector había sido testigo de la Guerra de los Quiquises, un violento conflicto civil que lo convirtió en un frente de batalla estratégico debido a su ubicación frente a la capital. Según el censo de 1920, la provincia de Santo Domingo rondaba apenas los 146 000 habitantes. Una década después, en 1930 —año de la última postal recibida por Eduviges Hernández— el paso del ciclón San Zenón había dejado al poblado prácticamente desolado.
Con una población mayoritariamente analfabeta, que hacia 1920 representaba alrededor del 80 por ciento, Mercedes de Castro, Dolores Suazo, Claudina y Eduviges Hernández sabían escribir y contaban con los recursos necesarios para participar en una de las actividades sociales de vanguardia: el intercambio de cartas postales. Intercambio que durante los siglos XIX y principios del XX fue el principal medio de comunicación a larga distancia, logrando transformar la sociedad y las relaciones interpersonales antes de la llegada de la era digital.
¿Cuál habría sido el itinerario de este intercambio? Según Jennifer Croft: "El itinerario de una postal está lleno de fascinaciones; cada paso de su derrotero es un pequeño milagro en sí mismo. Lo que adquiere en el camino son arrugas, a veces rasgaduras, casi siempre sellos de correo, y estos indicios de su experiencia se vuelven parte de lo que es".
Guazumal destacó desde el siglo XIX por su producción tabacalera. Allí, el 3 de octubre de 1903, Eduardo León Jiménes fundó la fábrica de cigarros La Aurora, siendo esta pequeña fábrica la que sentó las bases del actual Grupo León Jiménes. En ese mismo entorno, Eduviges Hernández recibió la siguiente dedicatoria en su santo: "Al felicitarte hoy en tu onomástico, me uno a vos para implorarle al santo de tu nombre la realización de tus ideales. Esta es la expresión sencilla de mi alma".
El mensaje fue redactado con tinta ferrogálica o tinta de agallas de hierro, utilizando probablemente una pluma estilográfica o una pluma de inmersión. Aunque originalmente estas tintas se veían de color negro azulado, con el paso del tiempo el hierro se oxida, provocando que el color se transforme en marrón sepia. Este modelo de postal solía medir alrededor de 8,5 x 13,5 cm o 4 x 7 cm.
El apellido Hernández es muy común en Tamboril, con una alta concentración en la comunidad de Guazumal. En esta zona destacan dos tocayas: Eduviges Hernández López y Eduviges Hernández Díaz. La primera procreó con Joaquín Velázquez a Federico Velázquez Hernández; la segunda fue madre de Ramón Antonio Domínguez Díaz. Sin embargo, aún no se ha determinado a cuál de estas dos ramas familiares pertenece la remitente.
Entretanto, Lola Matos Suazo podría ser María Dolores Matos Suazo (n. 10 de octubre de 1893), esposa de José Joaquín Puello Sánchez (n. 1886), cuya ascendencia paterna es portadora del apellido de Castro, y quien probablemente guarda parentesco con Mercedes de Castro.
[1] Disponible en: https://hablardepoesia.com.ar/2021/04/23/apuntes-sobre-las-postales/
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