Lo verdaderamente trascendental en la experiencia de quien entra en sala de exposiciones no es el acto fortuito de mirar, sino la permanencia del encuentro. Ese hechizo revelador que emana de una pieza —ya sea desde la rigurosidad de un dibujo, la mística de una caligrafía o la volumetría de una escultura— es lo que define la memoria visual de una ciudad.

Santiago de los Caballeros, mantiene un dinamismo cultural que cerró el ciclo expositivo de 2025 bajo una interesante coincidencia: la pluralidad del lenguaje femenino. Tres estancias fundamentales marcaron este epílogo anual, demostrando que la producción artística de nuestras creadoras no solo es prolífica, sino profundamente intelectual y comprometida con su tiempo.

Julia Castillo: El hilo de seda entre el Oriente y el Yaque

El Palacio Consistorial de Santiago, erigido hoy como un bastión de la gestión cultural bajo la dirección del maestro Rafelito Mirabal, recibió la muestra “Del Oriente al Norte” de la artista banileja Julia Castillo. No estamos ante una simple exhibición de cuadros; como bien apunta su curador, Son Will Feliz Torres, se trata de una instalación expositiva donde el espacio dialoga con la cosmovisión japonesa.

Julia, formada en las aulas de la Universidad de Sophia en Tokio, no intenta imitar el arte nipón desde la periferia; ella lo ha asimilado. Su obra es una traducción vivencial. A través de sus series “Desiderata: trazando el camino” y “Asura: una diosa japonesa en el Caribe”, la artista nos propone una síntesis estética donde el minimalismo del zen y la fuerza del ideograma se encuentran con la luz del trópico.

Es una propuesta reflexiva. Julia utiliza el ideograma no como grafía vacía, sino como símbolo del misticismo humano. En la primera y segunda planta del Consistorial, los asistentes pudimos ser testigos de cómo el Centro Cultural Perelló logra exportar una visión de mundo que, partiendo desde Peravia, encuentra en el Norte un eco de silencio y espiritualidad necesario en tiempos de ruido.

"Mujer, Guerra y Paz": Un manifiesto colectivo en el Centro UTESA

Si buscamos una muestra con peso conceptual y rigor museográfico, debemos remitirnos a la colectiva “Mujer, Guerra y Paz”, presentada en el Centro de Convenciones y Cultura Dominicana UTESA. Organizada por la Fundación Mujeres Puro Arte —con el empuje de figuras como Malena Riley de Casalini y Fabiola Disla—, esta exposición se erige como una de las propuestas más sólidas de los últimos meses.

La curaduría logró articular las voces de 25 artistas, logrando que el discurso de género trascienda lo biológico para instalarse en lo histórico y social. La sala de exposiciones temporales se convirtió en un campo de batalla y de tregua al mismo tiempo. Desde la maestría de Inés Tolentino hasta la vibrante propuesta de Yanny Cáceres y Patricia Mano Tolentino, la muestra es un testimonio de cómo la mirada femenina transmuta el dolor y el conflicto en un acto de creación pura.

La muestra permanecerá abierta hasta finales de enero y ofrece obras de Inés Tolentino, Yanny Cáceres, Patricia Mano Tolentino, Niurka Guzmán, Ariana Primavera, Eliana Hernández, Clara Pia Corrente, Claudia Marcelle, Derissé De León, Rebeca Barrera, Carmen huerta, Johanna Jiménez, Verónica Méndez Orozco, Yury Parra, Virtudes Torres, lly Aragón, María Eugenia Garrido, Lena Riley, Sylvie Delabaude, Sam Chilvers, Simona Moessinger, Cecilia Casella, Deborah Serena, Mercedes Carassi del Villar, Serena Imperia Casalini, Paulette Nee, Salvina Torre y Violon Sito Durán.

La línea de tiempo y la coherencia visual entre el óleo, la acuarela y la técnica mixta nos recordaron que la mujer, más que tema, es arquitecta de la paz. Estará abierta hasta finales de enero; una cita obligatoria para entender la genealogía del arte contemporáneo dominicano.

Belkis García: La redención de la materia en el Jardín Botánico

Finalmente, el recorrido nos llevó a la Casa de Ecoteatro Freddy Ginebra, enclavada en el verdor del Jardín Botánico de Santiago. Allí, Belkis García, figura reconocida en Santiago por su activismo ecológico y como expresidenta de la SOECI, nos presentó “Nueva Vida”.

En esta muestra, Belkis ejerce una suerte de alquimia visual. Su materia prima es el desecho: plástico, papel, piezas de relojería, tornillos y cristales que han cumplido su ciclo útil. Sin embargo, bajo su mano, el objet trouvé (objeto encontrado) cobra una dimensión lírica. La artista construye búhos, peces y siluetas humanas que son, en esencia, un reclamo ético.

“Nueva Vida” es un título honesto. Es la redención de la materia que el sistema descarta, devuelta a la sociedad en forma de arte con evocaciones patrióticas y valores cívicos. Es una invitación a la reflexión desde el ensamblaje, recordándonos que el arte también tiene la responsabilidad de sanar el hábitat que habitamos.

Santiago recibe el 2026 con la certeza de que su circuito artístico goza de una salud envidiable. Estas tres paradas —el Consistorial, el Centro UTESA y el Botánico— son testimonio de una memoria del ojo que se niega a olvidar la belleza y la fuerza del discurso femenino en nuestra historia del arte.

Luis Córdova

Crítico de arte

Conozco la fórmula de engordar sin casi comer. Gozo de paz sin hacer yoga. Vivo en el lugar donde nací. Confío en el prójimo -y he sobrevivido-. Disfruto del arte e incurro en la reiterada ingenuidad de votar en las elecciones. Insisto en ser gestor cultural y narrador. Escribo crónicas sobre artes visuales y he sido docente a nivel de grado y maestría en varias universidades.

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