Había una vez un pensador haitiano que pensaba lo impensable, y cenaba, cada noche, en la misma mesa, junto con la Historia con H mayúscula. Se llamaba Michel-Rolph Trouillot y él decía: "lo impensable es lo que no se puede concebir dentro del conjunto de alternativas posibles, lo que pervierte todas las respuestas porque desafía los términos en los que estaban formuladas las preguntas".
Años atrás, escribí un ensayo sobre el doudouismo, concepto del imaginario literario francés que representaba a la mujer colonial (caribeña) como territorio a conquistar al mismo tiempo que alegoría para las islas, representando la relación entre metrópolis y colonia. Colonizador y colonizado.
Hoy, más allá de esos imaginarios, se me ocurre imaginar que sí, podemos ser islas desde nuestros propios términos. Islas que, cuando acercamos nuestros litorales, nos hacemos archipiélagos, tejidos en narrativas, fuerzas, flujos y raíces firmes en relación al sustrato del inconsciente más profundo. Raíces que, desde el fondo, son nutridas por mitos que alimentan en secreto nuestras fantasías, sueños, temores e impulsos, haciendo que la vida se revele como placas tectónicas, grietas y fisuras que nos mueven, como una magia subterránea y subacuática, impulsándonos dentro del flujo, determinante de nuestra altura.
[01/08, 21:38] Aurora Martínez: Un archipiélago es un grupo de islas cercanas entre sí que tienen origen en distintos procesos geológicos, como vulcanismo, placas tectónicas, cambios en el nivel del mar o acumulación de sedimentos. La palabra archipiélago se deriva del griego archi- (primordial) y -pélago (mar). En el mito griego Egeo, rey de Atenas y padre de Teseo, tras pensar erróneamente que su hijo había muerto, cuando en verdad él había derrotado al minotauro, cayó en desesperación y se arrojó desde un acantilado, ahogándose en el mar. Dando nombre al mar Egeo, archipiélago mediterráneo, gran teatro y escenografía mitológica y simbólica. Simultáneamente, en el Caribe, siguiendo la mitología taína, un líder espiritual llamado Yaya, tras un conflicto con su hijo que lo lleva a acabar con la vida de él, guarda sus huesos en una calabaza. Tiempo después, los restos guardados se habían transformado en peces y agua salada. Posteriormente, el bohío de Yaya fue penetrado por hermanos gemelos, que, buscando comida, dejaron caer la calabaza de Yaya al suelo, rompiéndola. Y es ahí cuando de la calabaza comenzó a salir, sin parar, agua salada. Todos los valles de la geografía fueron cubiertos, dejando aisladas y visibles las montañas más altas, dando origen a lo que hoy conocemos como el archipiélago de las Antillas. La tierra, el cuerpo donde la historia sucedía, tenía nombre: Atabey, diosa y tejido de tierra, sobre el cual el mar Caribe se expande y las Antillas toman forma. Isla, cuerpo fértil, isla alimento vivo. Isla, ser profundo.
Y entonces, regresando a nuestro presente, el llamado es vernos como islas en relación constante. Un archipiélago. Varios nodos. Múltiples focos. Conectados por relaciones, diferencias, opacidades, interactuando abiertamente en un tejido dinámico. En encuentro perpetuo. Pensando que podemos transformarnos al relacionarnos con el otro, sin que, de esta manera, perdamos nuestra identidad. Ser, archipiélagos y pensarnos desde allí, como lo describe Èdouard Glissant: en la espontaneidad, la expansión y la diversidad, para comenzar a entender y asumir las contradicciones del mundo y de todos los mundos.
Tierra, mar y cielo; Religión; Espiritualidad; Comida y Ocupaciones Militares son los ejes principales de la exhibición "Imagining an Archipelago: Art from Cuba, Guam, the Philippines, Puerto Rico, y sus Diasporas" en el Colby Arts Museum en Maine, Estados Unidos, presentando una colectiva de 40 artistas con 50 trabajos que conducen la historia, como recordatorio de las formas de cohesión y solidaridad que emergen desde lo profundo.
Así, ser archipiélago no parece ya tan impensable, ahora suena como seguir al ritmo orgánico de las ecologías, superiores al pensamiento humano. Rendirse a la naturaleza, como rendirse ante la obra y su misterio, trascender visiones binarias, recordando y pasando las imágenes por el corazón, una vez más, en busca de la raíz bajo el profundo mar, subterránea y siempre presente, alimentando la magia de los gestos que liberan y trascienden instituciones, partidos y mentalidades. Es así, rodeados de agua y conectados de raíz, sumergiéndonos para morir, nadando para vivir. Morir y vivir. Vivir y morir.
Conseguiremos, pues, en nuestra cotidianidad, imaginarnos y sentirnos islas? ¿Archipiélagos? ¿Diversos? ¿Inciertos? ¿Dejando que las interdependencias y las diferencias convivan en paz?
¿Dejaremos que las imágenes se nos muestren? ¿Veremos lo no visible? ¿Escucharemos el silencio secreto profundo de ese mar, nuestro mar? ¿O solo conseguiremos nadar sin percibir los cambios de la marea?
Muchas preguntas vienen. Otras más se van… a ver si por lo menos conseguimos nadar más y mejor.
Referencias:
Michel-Rolph Trouillot
Trouillot, Michel-Rolph. Silencing the Past: Power and the Production of History. Boston: Beacon Press, 1995.
Édouard Glissant y Hans Ulrich Obrist
Glissant, Édouard; Obrist, Hans Ulrich. The Archipelago Conversations.
Traducción al portugués: Conversas do arquipélago. Río de Janeiro: Cobogó, 2023.
Robiou Lamarche, Sebastián. Encuentro con la mitología taína. San Juan: Editorial Punto y Coma, 1992.
Mitología griega
Hesíodo. Teogonía. Madrid: Gredos, varias ediciones.
Apolodoro. Biblioteca Mitológica. Madrid: Gredos, 1993.
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