Navegando en la música, el azul conversa con el rojo. La música y la poesía se hunden en el sueño.
Vuelan naranjas sopladas por lo verde. Llueve violeta en la mar en calma.
En la negra barca, que a la muerte llama. El blanco sin blanco, ríe y canta.
Peces ciegos, pájaros amarillos bajo el agua.
La música en el sueño. El que escribe escucha el Preludio a la siesta de un fauno, escrito por el músico francés Claude Debussy: poema sinfónico que nace del poema del mismo nombre, escrito por el poeta francés Stéphane Mallarmé.
Larga es la música escrita en el sueño, desde el sueño y para el sueño.
Sueño de una noche de verano, música incidental escrita por Félix Mendelssohn para la puesta en escena de la obra de teatro del mismo nombre del dramaturgo William Shakespeare.
Bosque habitado por hadas, duendes y mágicas noches. En una atmósfera onírica transcurre la obertura, la marcha nupcial y los movimientos puramente instrumentales: Obertura, Scherzo, Intermezzo, Nocturno y Marcha nupcial. Lenguaje puro y musical, no descriptivo, surge como si la orquesta, el director y los músicos fueran personajes del bosque encantado de los sueños.
Oníricas armonías fluyen en La bella durmiente de Chaikovski, escrita para el ballet del mismo nombre basado en el cuento de Charles Perrault y en la versión de los hermanos Grimm.
La música transcurre hasta el tercer acto, donde aparecen personajes de otros cuentos: El gato con botas, La Cenicienta, Caperucita Roja y el lobo feroz, La gata blanca, El pájaro azul y La bella y la bestia. La diversidad de personajes que surge en el tercer acto permite a Chaikovski conjugar diversas melodías, contrapuntos y acordes en búsqueda de la polifonía y la brillantez sonora, hasta confluir en el tema principal del leitmotiv: la oposición entre el dormir y el despertar.
El sueño y la música, infinita la danza e infinitos los bailarines.
Franz Liszt y sus Liebestraüme, sueños de amor: tres piezas para piano inspiradas en poemas románticos, en donde explora distintas facetas del amor —el religioso, el erótico y la entrega total a la pasión y a los sueños del amor—.
Berlioz, Rachmaninov, Gabriel Fauré y Claude Debussy: L’Après-midi d’un faune… Preludio a la siesta de un fauno. Poema sinfónico escrito a partir del poema del mismo nombre de Stéphane Mallarmé.
En un mediodía de verano, un fauno cansado de correr inútilmente tras las ninfas se duerme junto a la orilla del río y sueña con las ninfas que no pudo tener en la vigilia.
Sueños húmedos de Debussy, Mallarmé y sueño húmedo del fauno. Los tres, más el que escucha, se pierden en el río de los sueños: melodías ambiguas, sensuales, lujuriosas, celajes de armonía, caricias y tientos impresionistas.… «Estas ninfas quise perpetuar… Si las mujeres que glose un deseo figuran… Que no, que por las inmóviles y lánguidas desazones, no murmuren aguas, que mi flauta no revele… Al otero de acorde rociado, solo el viento de los dos tubos pronto a exhalar su aliento en árida llovizna derrame su conjuro»…
Pierre Boulez escribe que esta composición marca el inicio de la música moderna.
La melodía cromática en el solo de flauta de la obertura es uno de los pasajes melódicos más complejos, sensuales y sugerentes de la música orquestal contemporánea.
La música en el sueño, el sueño de la música. La música y la poesía se hunden en el sueño. El origen de la música, en el sueño, río que fluye desde la poesía a las formas del instante, duración del tiempo, unión de la más invisible de las artes que es la música, con la poesía, cuerpo de irrealidad, forma sin forma, uno sin segundo, contrapunto de lo adentro y de lo de afuera, motivos, temas, acordes, reminiscencias, imagen sensible de la esencial polifonía y polirritmia del mundo:…
«¿Qué voz entre los pájaros de esta noche de ensueño dulcemente modula los nombres en el aire? Despierten. Es el mundo, es su Música. Oídlas…».
Navegar en la música, el azul conversa con el rojo. Vuelan naranjas sopladas por lo verde.
La música y la poesía se hunden en el sueño.
Sueño de la música. Música del sueño.
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