Escritor, poeta y narrador, Rafael Courtoisie (Montevideo, 1958) es un caso muy peculiar en el orbe latinoamericano, ya que conjuga sus conocimientos químicos y biológicos con la narrativa y la poesía, como pocos autores contemporáneos. De ahí la fantasía y el equilibrio de sus imágenes en su poesía, que nos deslumbran y enceguecen por la magia y la rareza de sus facturaciones, en un diálogo entre los objetos, los fenómenos y las cosas. Así pues, ha sabido inventar y crear composiciones narrativas breves y poemas en prosa donde los objetos, la materia, los elementos, las sustancias y las cosas hablan, en un lenguaje mágico-fantástico. Y en contrapunto con novelas y cuentos de matices dialógicos, con fuertes expresiones policíacas y negras, así como de un extraño y corrosivo humor negro, de cariz surrealista. Laureado poeta y narrador, ganador de los premios de poesía Loewe, Plural y Jaime Sabines, Courtoisie es hoy una de las figuras más frescas y pujantes del panorama literario de América Latina, con evidente proyección internacional.

Nos conocimos en 2004, en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino, que se realizaba en Morelia y en la ciudad de México, organizado por el poeta, narrador y traductor, Marco Antonio Campos. (Esa vez, por la República Dominicana, fuimos Soledad Álvarez y yo). Luego, cuando fui director general del libro y la lectura y de Gestión Literaria del Ministerio de Cultura, lo invitamos al Festival Internacional de Poesía, a la Feria Internacional del Libro y a dar talleres de narrativa, en dos ocasiones más, incluyendo un taller de cuento en Funglode. De modo que en Santo Domingo tiene lectores, alumnos y amigos. En 2012, en Mar del Plata y Buenos Aires, coincidimos en un Congreso de Cultura, junto a William Ospina, Francisco Hinojoza, Sergio Olguín, Claudia Piñeiro, Jorge Saturain, Leopoldo Casilla, Guillermo Martínez y Manlio Argueta. En 2015, me invitó a la Feria del Libro de San José, Uruguay, y en Montevideo, me dio un tour por la ciudad. Pese a la distancia, y a que tenemos varios años sin volver a coincidir, el afecto y la amistad sigue incólume.

En esta entrevista nos habla de su concepción de la poesía, el lenguaje, el mundo, a más de  su visión de los objetos, las cosas, la cotidianidad y la palabra.

  1. Yo pienso que tú le das  dignidad poética a las cosas, a los objetos, a las sustancias y a los cuerpos de la naturaleza en tu poesía. ¿Estás de acuerdo conmigo?

En realidad las cosas tienen una dignidad poética por sí mismas: es la mirada y la palabra las que descubren esa dignidad, más que otorgarla. El poeta es un vidente en el sentido que dio Rimbaud a este término, en la medida en que sepa ver esa dignidad, esa esencia fundamental de cada objeto, el alma de cada fibra dentro de su materialidad aparente y cotidiana. He intentado una poesía “para descubrir, para ver”, y para ver también hay que inventar. Cuando la mirada inventa lo que mira, lo mirado se vuelve realidad. Diseñar, soñar con algo, es descubrirlo y hacerlo nacer. La imaginación y el saber son dos instancias de la percepción humana del universo. Y la poesía tiene que ver con esa percepción, que es una construcción animada y necesaria del mundo. Ojalá mi poesía lograra al menos un ápice de tamaña tarea, ojalá…

  1. Hay una rara sensibilidad en tu poesía, donde el lirismo entra en crisis y el canto cede ante el pulso expresivo, al construir un sistema no de metáforas, sino al fundar una atmósfera simbólico-verbal que da la impresión de que no hay poesía, sino que son  textos narrativos de aliento fantástico. ¿Qué te parece mi observación?

Estoy de acuerdo. Se trata de la construcción de un discurso poético que procura eludir en parte el lirismo habitual y nutrirse de lo narrativo, de lo reflexivo, para desarrollar un sistema que nombre y articule una realidad. Pero si la función poética de la que habló el teórico Román Jakobson no está en el centro de ese proyecto, si se deja de lado el canto, si se lo abandona por completo, queda una música seca. La cuestión es cantar hasta con la razón, pensar e inteligir con el canto, cantar para entender el mundo. Y que el entendimiento sea una canción, una melodía poética indeclinable y hermosa. El descubrimiento de la verdad es una tarea alegre, aunque la verdad sea triste. En el trazado de un silogismo, en la lógica, en la matemática, en la poesía y en el aire de cada minuto debe haber alegría, un núcleo poderoso de alegría. Sin alegría no hay razón, aunque se esté hablando desde una copa de tinieblas. La alegría amanece las cosas, las hace nacer en su centro.

  1. ¿Dónde empiezan y terminan el concepto y la imagen en tu poesía? ¿Hay una frontera imaginaria?

No hay imagen sin concepto. Imagen, imaginación, imaginería, son pasos previos o simultáneos al ejercicio conceptual. Creo más en la imagen que participa del concepto. El concepto es una abstracción, necesaria, claro, pero no suficiente. Una mesa concreta, vista, imaginada, real, participa de la idea platónica de mesa, de su concepto. Pero este vaso de agua lo apoyo ahora en esta mesa concreta y material, no en el concepto. No se puede apoyar un vaso de agua o un plato de comida en el concepto de la palabra mesa, sino en la mesa tangible, visible. De otro modo el vaso cae y se estrella en el piso, el agua se pierde. Queda solamente la sed y la catástrofe de las trizas, el vaso roto. La poesía es también una mesa material, real, donde apoyar lo que nos nutre, alimentos y bebidas, pan blanco y agua limpia.

  1. ¿Cuál es tu poética? ¿Viene del surrealismo? ¿O creas  una suerte de mitología personal que no viene de ninguna tradición, sino de la reinvención de un mundo idéntico a tu sensibilidad perceptiva?

 Octavio Paz habló de la tradición de la ruptura para referirse, entre otras cosas, a las vanguardias y a los movimientos de la modernidad. Todos pertenecemos, de un modo u otro, en esta condición denominada a veces postmodernidad o modernidad reflexiva, a la “tradición de la ruptura”, pero en mi caso, no lo asumo en un sentido neo-vanguardista. Creo que la ruptura es una forma hábil de reconocer el pasado, de asumir la tradición exorcizando, en parte, eso que Harold Bloom llama “angustia de las influencias”. Pero en tren de elegir, prefiero inventar una tradición fundacional más que ruptural, la tradición de la ruptura sólo es válida si sirve para dar un salto dialéctico, para fundar un presente sobre todo lo anterior. Pertenezco al surrealismo como pertenezco a la poesía china y a la línea trovadoresca. Reniego y creo, creo y reniego a la vez, para mantener la fe. Al margen declaro que los racimos, las uvas del surrealismo, en adecuada fermentación, sigue dando buen vino, vino nuevo, vino que recuerda el sabor de la cepa original (la viña de Isidoro Ducase, la vid montevideana, y también la francesa), pero lleva algo distinto, recién nacido, exacto y misterioso. El surrealismo y la razón juntos pueden dar buena bebida en este otro milenio.

  1. ¿Por qué en tus relatos está presente el mar como protagonista (El mar interior, El mar rojo y El mar de la tranquilidad) y, en cambio, en tu poesía, el mundo inmaterial? ¿Dónde está, entonces, el hombre? ¿O sólo el hombre está en la naturaleza orgánica e inorgánica? ¿Es la naturaleza el centro de tu órbita sensible e imaginaria?

 El hombre está en el centro de la naturaleza, pero la naturaleza está en el centro del hombre. El mar es el caldo primordial, primigenio, el agua materna de la placenta donde flotaba el origen de la vida. El agua, como principio elemental y decisivo, está presente en mi narrativa y en parte de mi poesía. Sin esa agua moriría de sed. Me secaría.

  1. ¿Dónde te sientes un habitante natural? ¿De la poesía, del cuento, del ensayo, del relato? ¿Qué distancia hay entre ellos? 

La narrativa es diseño y administración del tiempo, y la poesía es tiempo absoluto, tiempo instantáneo. Al dibujar un relato se inventa un tiempo ficcional (sea novela o cuento breve) y en ese tiempo se desenvuelve el impulso discursivo. En la poesía, el tiempo se detiene para volverse tiempo puntual, tiempo puro. Esa es tal vez la verdadera diferencia entre los géneros, más allá de otros aspectos formales y de construcción. Quisiera estar cerca de ese milagro del tiempo puro que es la poesía, pero para eso se me hace necesario, tal vez por una extraña fenomenología  de la creación, transitar el tiempo de la ficción, la construcción de un mundo imaginario en un tiempo ficcional. No concibo la narración sin un núcleo poético, pero en ocasiones el discurso narrativo induce, provoca esos estados de tiempo puro, esos relámpagos que algunos llaman poesía y que encierran una eternidad instantánea.

  1. ¿Hay un “estado sólido” en tu obra poética? ¿Te defines como  un explorador, un alquimista, un espeleólogo o un arqueólogo de la poesía?  ¿O buscas la piedra filosofal, un tesoro poético desconocido por la tradición y que mora en los abismos materiales o en el mundo inmaterial? ¿Hay una búsqueda mineral, una suerte de alquimia geológica, una botánica y una mineralogía fantásticas en tu aventura verbal?

Ojalá todo eso. Pero diría apenas aprendiz de alquimista. Transformar la materia espuria en materia noble siempre fue un procedimiento en el lenguaje, en la palabra. El que trabaja con la palabra hace alquimia. Busco “le mot juste”, esa palabra que es piedra de toque y llave. Tal vez todos la estamos buscando, nos va la vida en eso.

  1. Dalí dijo: “El mundo será blando o no será”. Y por eso su mundo visual es gelatinoso, blando. ¿Para ti, el mundo es solamente sólido?

Ocurre que lo sólido es tan solo un estado de transición, un paso en el camino, entre muchos pasos. Lo que es sólido se disuelve en el aire. Lo sólido es relativo, y de la blancura del agua o la inconsistencia del vapor mañana saldrá la piedra poderosa del hielo, el puñal de la estalactita. El hierro también se derrite con el pensamiento, se vuelve líquido. Para comprender la dureza hay que contemplar su extrema debilidad, su desmoronamiento hermoso. El poder corrompe y los poderosos algún día caen, cesan o sufren la erosión y el meteoro de los débiles. En el libro Estado sólido hay un cuestionamiento de lo absoluto como solidez construida. El título del libro pretende encerrar cierta ironía.

  1. ¿Por qué prefieres la prosa para vehicular tu poesía?

Creo que no existe el verso libre. Todo texto poético, aun en prosa, lleva una masa sonora que debe funcionar como recurso estético, que debe estar diseñada, medida, aunque se trate de prosa. La prosa es un estado sólido de la poesía, un estado más. La estructura en versos supone otro estado. Pero son estados contiguos. En ocasiones, la prosa me ha servido para sostener mejor un sistema simbólico o metafórico. Pero, el verso, la métrica, el recurso de la aliteración y la anáfora, siguen siendo procedimientos muy valiosos, muy útiles para mí.

  1. ¿De dónde viene y hacia dónde va tu mundo poético?

Creo que viene de esa búsqueda de la verdad y de la nostalgia desgarrada de la alegría. Y va hacia adelante, trata de ir hacia los demás. Trata de comunicar para ser en el mundo.

  1. ¿Te inscribes en la estética de los poetas neobarrocos rioplatenses, dentro de los cuales hay muchos compatriotas tuyos como Marosa Di Giorgio, Roberto Echavarren y Eduardo Espina?

 Respeto y en ocasiones admiro los textos prohijados bajo esa estética. Pero no creo demasiado en las etiquetas. Simplemente prefiero escribir a inscribirme. Los excelentes poetas que mencionas se inscriben en esa estética, pero creo que también la trascienden.

  1. ¿Cuál es el estado actual de la poesía uruguaya, país que ha dado grandes escritores como Juan Carlos Onetti, Felisberto Hernández, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Delmira Agustini, Julio Herrera y Reissig, Juana de Ibarbourou, entre otros?

De búsqueda, de re-semantización. Estado de definiciones, rescates y nacimientos. Quiroga, Felisberto y Onetti configuran un plano ineludible en narrativa, un plano desde donde se está partiendo para construir otra cosa. Julio Herrera y Reissig nos miran desde la otra punta del siglo que terminó para ver, con ironía y síncope, qué hacemos los nietos en el milenio recién estrenado. El conde de Lautréamont es un fantasma vivo. Recorre el mundo, bebe con nosotros. Creo en la poesía uruguaya justamente porque tiene los pies en el futuro. Allí debe caminar.

  1. ¿Estás solo en el mundo poético que has creado? ¿Te sientes como un Robinson Crusoe en una isla donde nadie habla ni entiende ni escribe su lengua? ¿Con quién dialoga (en) tu poesía? Con las cosas, con Dios, contigo mismo, con el futuro? ¿Haces tuya suya la frase de Mallarmé que reza:” La poesía no nombra a las cosas sino a las palabras?  

La soledad es real. Pero creo que los mundos poéticos se echan a existir para no estar solo, para comunicar, para dialogar con los vivos y los muertos. El poeta inventa una lengua para que la hablen todos. Eso puede ocurrir ahora o en cien años o nunca. Corremos ese albur.

  1. ¿Qué lugar ocupa el humor como crítica a la tradición poética en tu obra? ¿Es tu poética una crítica a la forma, al estilo, a la sensibilidad y al imaginario de la tradición poética? ¿Sientes que estás creando una ruptura?

Es fundamental. Los humores agrios y los humores dulces. El sentido del humor es el mejor sentido, y el verdadero sentido común. Luego de la caída de algunos grandes aparatos pensantes, luego de cierta crisis de la razón poética existe, entre otras cosas, mediante el procedimiento del humor, de la ironía. En mi caso, el humor intenta ser una manera válida, heterodoxa, no autoritaria, de reflexión. Si supone una ruptura, en todo caso lo es con cierta retórica o con la solemnidad inmovilizante, tan frecuente en ciertos discursos iberoamericanos.

  1. ¿Qué significa ser del cono sur, escribir desde una geografía distante del Caribe, del norte, de la cultura mulata, negra o indígena?     

 Mucho y poco. Significa nostalgia y frío. Pero también el desafío de la alegría en el invierno, del calor en el centro del glaciar. He tenido la fortuna de conocer buena parte de América Latina, de dialogar con las distintas voces. Entre el tango y la salsa hay una distancia invisible de mil pies, esos mil pies deben recorrerse de ida y vuelta, hacia arriba y abajo, de norte a sur y sur a norte, con pasos de danza. El arrabal del sur puede inventar una melodía viva y el Caribe suele brindar temperaturas agradables y también huracanes semióticos.

Basilio Belliard

Poeta, crítico

Poeta, ensayista y crítico literario. Doctor en filosofía por la Universidad del País Vasco. Es miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua y Premio Nacional de Poesía, 2002. Tiene más de una docena de libros publicados y más de 20 años como profesor de la UASD. En 2015 fue profesor invitado por la Universidad de Orleans, Francia, donde le fue publicada en edición bilingüe la antología poética Revés insulaires. Fue director-fundador de la revista País Cultural, director del Libro y la Lectura y de Gestión Literaria del Ministerio de Cultura, y director del Centro Cultural de las Telecomunicaciones.

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