Hay recuerdos que el tiempo no desgasta. Permanecen porque, sin proponérselo, nos enseñan quién es una persona.
Conocí a Ana Jacqueline Ureña durante un congreso de investigación científica de la UASD. Ella dirigía entonces la Escuela de Psicología. Una profesora de su escuela, la maestra Betty Reyes, presentaría una ponencia. Recuerdo verla llegar con sus estudiantes, pendiente de cada detalle, acomodando materiales, resolviendo imprevistos, procurando que todo estuviera listo. Lo hacía con tanta naturalidad que pensé que ambas compartirían la exposición.
Pero Ana Jacqueline no iba a hablar.
Había elegido un lugar menos visible y, quizá por eso, más importante: el de acompañar. Mientras la observaba comprendí que existen personas que entienden el liderazgo como una forma de hacer crecer a los demás. En una universidad donde el conocimiento suele ir acompañado de legítimos reconocimientos, ella parecía haber descubierto otra clase de satisfacción: la de celebrar el éxito ajeno como si fuera propio.
Aquella escena nunca se borró de mi memoria.
Hoy, la comunidad universitaria me ha concedido el honor de ser la directora electa de la Escuela de Letras. Por eso quiero hacerte una petición que nace de aquella experiencia y de la confianza que dejó sembrada en mí. Dame la oportunidad de trabajar junto a Ana Jacqueline Ureña. Permítenos encontrarnos, desde el Decanato de la Facultad de Humanidades y la Dirección de la Escuela de Letras, para poner nuestras capacidades al servicio de quienes hacen posible esta facultad cada día.
Estoy convencida de que una escuela y un decanato pueden caminar mejor cuando comparten una misma idea del liderazgo: escuchar antes de decidir, acompañar antes que imponer y entender que ninguna gestión alcanza su plenitud si no contribuye al crecimiento de los demás. Ese es el liderazgo que vi aquel día, mucho antes de cualquier candidatura, y es el mismo que hoy sigo reconociendo.
Por eso no quiero pedirte únicamente un voto para Ana Jacqueline. Quiero pedirte la oportunidad de trabajar con ella; la oportunidad de que, juntas, pongamos nuestras responsabilidades al servicio de esta facultad, de sus docentes, de sus estudiantes y de cada persona que confía en la educación pública como un espacio de transformación.
Algunas personas se revelan cuando hablan. Otras, cuando acompañan.
Yo conocí a Ana Jacqueline Ureña de esa manera.
Y desde entonces supe que, si alguna vez tenía la oportunidad, querría trabajar a su lado.
Hoy esa oportunidad está en tus manos.
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