En esta entrega he decidido compartir con nuestros lectores lo que he denominado el texto fundacional del concepto de Estratopoesía, mi intensión es que esta publicación quede como documento histórico para aquellas personas que gustan de la poesía experimental y de las nuevas formas de escribir. Este libro no empieza, regresa.
No se abre como una puerta, sino como una casa a la que alguien vuelve sin saber si todavía vive allí. Desde el primer poema se anuncia su paradoja central; escribir para volver, volver para perder, perder para que algo quede. Así, cada texto avanza mientras retrocede, nombra mientras borra, construye un trayecto cuyo sentido no está en el punto de llegada sino en la persistencia del movimiento.
La arquitectura que lo sostiene no es un juego formal sino una ética de la memoria. Cada poema se ofrece en capas, como el cuerpo que recuerda, lo que se dice, lo que se repite, lo que se oculta, lo que insiste. Leer horizontalmente es aceptar una historia visible; leer verticalmente es asumir que toda vida se cuenta de varias maneras a la vez, y que ninguna es definitiva. La coherencia aquí no es cierre, es superposición.
Los motivos regresan porque permanecen irresueltos, la casa se configura como origen y, al mismo tiempo, como promesa incumplida, un espacio donde se nace, pero también donde se aprende a extrañar. La frontera deja de ser un límite geográfico para convertirse en una fractura más profunda lingüística, corporal e histórica, que no divide territorios, sino identidades. Incluso el nombre, lejos de afirmar quiénes somos, se desgasta en el uso, se pronuncia en busca de reconocimiento y se diluye en el acento ajeno.
En este contexto, el cuerpo emerge como archivo vivo, guardando aquello que nunca fue escrito, pero quedó inscrito por el trabajo, el desplazamiento y la pérdida. El tiempo, por su parte, no transcurre de manera lineal: actúa como una deuda que se cobra constantemente, como una herida que no cierra. Cada poema revela una forma distinta de ese cobro en la infancia, en el nombre, en el cruce, en el trabajo y en la pérdida, dejando claro que el tiempo no sana, sino que sigue operando en silencio. Frente a ese avance implacable, el lenguaje no aparece como refugio sino como territorio precario. Nombrar es una forma de quedarse, pero también de constatar la distancia. El idioma es hogar y frontera a la vez; la escritura, defensa y exposición.
El último verso no responde, señala, vuelve, por un rodeo, al inicio. El lector queda invitado (o condenado) a empezar otra vez, desde otro ángulo, con otra lectura. Lo que parecía estructura se revela como gesto vital, escribir es quedarse sin quedarse, habitar el movimiento, aceptar que toda casa verdadera es, también, una frontera.
Principio rector del libro «La geometría del regreso»
Cada poema está compuesto por estrofas de cuatro versos.
El libro admite cuatro modos de lectura:
- Lectura horizontal continua: poema completo → historia visible
- Lectura vertical intermitente A: primeros versos → historia del origen
- Lectura vertical intermitente B — Vida cotidiana / cuerpo (segundos versos)
- Lectura vertical intermitente C — Exilio / pensamiento (terceros versos)
- Lectura vertical intermitente D — Escritura / tiempo (cuartos versos)
Cada poema avanza una etapa vital. Ninguno se cierra del todo.
Poema I — La casa
I
La casa nació antes que mi nombre,
con un patio de tierra tibia y lenta,
yo aprendí a estar mirando las hormigas,
y el tiempo me rozó sin hacer ruido.
II
El patio era un cuerpo que respiraba,
la siesta se acostaba en las baldosas,
nadie me explicó qué era el silencio,
pero dejó su marca en cada muro.
III
Mi madre hablaba al agua de los platos,
la sombra se movía por costumbre,
así entendí que el mundo no responde,
y algo empezó a irse mientras quedaba.
IV
La tarde se cerraba como un párpado,
el polvo regresaba a su lugar,
yo crecía sin darme cuenta aún,
la casa me miraba desde el futuro.
Lectura horizontal continua poema completo → historia visible
El poema «La casa» enfoca el origen silencioso de la identidad, donde la infancia se forma antes del lenguaje a través del habitar doméstico, y el tiempo, sin anunciarse, deja sus primeras huellas mientras la casa se convierte en memoria viva que antecede y sobrevive al sujeto.
Lecturas verticales
Lectura vertical intermitente A — Origen (primeros versos)
Historia del nacimiento simbólico
La casa nació antes que mi nombre,
el patio era un cuerpo que respiraba,
mi madre hablaba al agua de los platos,
la tarde se cerraba como un párpado.
Lectura de génesis: la casa como matriz viva, anterior al yo.
Lectura vertical intermitente B — Vida cotidiana / cuerpo (segundos versos)
Historia del habitar
con un patio de tierra tibia y lenta,
la siesta se acostaba en las baldosas,
la sombra se movía por costumbre,
el polvo regresaba a su lugar.
Lectura del ritmo doméstico: el mundo como repetición corporal.
Lectura vertical intermitente C — Exilio / pensamiento (terceros versos)
Historia del aprendizaje inconsciente
yo aprendí a estar mirando las hormigas,
nadie me explicó qué era el silencio,
así entendí que el mundo no responde,
yo crecía sin darme cuenta aún.
Lectura del pensamiento: saber sin lenguaje, crecer sin mapa.
Lectura vertical intermitente D — Escritura / tiempo (cuartos versos)
Historia de la primera herida temporal
y el tiempo me rozó sin hacer ruido.
pero dejó su marca en cada muro.
y algo empezó a irse mientras quedaba.
la casa me miraba desde el futuro.
Lectura del tiempo: la herida inaugural que funda la escritura.
Poema II — El nombre
I
Mi nombre llegó tarde a mi cuerpo,
lo dijeron con un acento ajeno,
aprendí a repetirlo como un muro,
y el tiempo lo gastó sin preguntarme.
II
El apellido pesaba en la boca,
cada letra marcaba una frontera,
escribía para no desaparecer,
mientras la voz buscaba su lugar.
III
Yo era otro según quien me llamara,
la lengua me partía en dos orillas,
dejé signos para volver a mí,
y algo de mí quedó fuera del sonido.
IV
Un día firmé sin reconocerme,
mi idioma temblaba al pronunciarme,
la página fue un gesto de defensa,
el nombre siguió mudándose en el tiempo.
Lectura horizontal continua poema completo → historia visible
El poema «El nombre» tiene como esencia en su lectura continua, la identidad como construcción inestable, marcada por el lenguaje, el acento y el tiempo, donde el nombre no fija al sujeto, sino que lo desplaza, obligándolo a escribir como acto de defensa frente a la fragmentación y el desarraigo.
Lecturas verticales
Lectura vertical intermitente A — Construcción del «yo» (primeros versos)
Mi nombre llegó tarde a mi cuerpo,
El apellido pesaba en la boca,
Yo era otro según quien me llamara,
Un día firmé sin reconocerme.
Historia del yo: identidad como proceso inestable, siempre posterior al cuerpo.
Lectura vertical intermitente B — Lenguaje como frontera (segundos versos)
lo dijeron con un acento ajeno,
cada letra marcaba una frontera,
la lengua me partía en dos orillas,
mi idioma temblaba al pronunciarme.
Historia del idioma: la lengua separa tanto como nombra.
Lectura vertical intermitente C — Escritura como defensa (terceros versos)
aprendí a repetirlo como un muro,
escribía para no desaparecer,
dejé signos para volver a mí,
la página fue un gesto de defensa.
Historia de la escritura: escribir para sostener la existencia.
Lectura vertical intermitente D — Tiempo / desplazamiento (cuartos versos)
y el tiempo lo gastó sin preguntarme.
mientras la voz buscaba su lugar.
y algo de mí quedó fuera del sonido.
el nombre siguió mudándose en el tiempo.
Historia del tiempo: el nombre no fija, se erosiona y se desplaza.
Poema III — El cruce
I
Salí con el cuerpo apenas despierto,
la frontera era una fila de palabras,
caminé cargando lo que no se nombra,
y algo en mí empezó a pagar el viaje.
II
El camino se dobló bajo mis pasos,
pedían papeles, pedían la voz correcta,
esperé como esperan los animales,
mientras el miedo aprendía mi pulso.
III
La noche cayó sin pedir permiso,
mi acento pesaba más que la valija,
crucé dejando atrás lo pronunciable,
y el cansancio se volvió una forma del alma.
IV
Al llegar no llegué del todo a nadie,
me preguntaron quién era esta vez,
el cuerpo respondió antes que el nombre,
algo quedó del otro lado, trabajando en mí.
Lectura horizontal continua poema completo → historia visible
En la lectura continua el texto trata sobre el desplazamiento migratorio como experiencia corporal y lingüística, donde la frontera se define por la voz y el acento más que por el territorio, y el cruce deja un resto interior permanente que continúa operando en el sujeto.
Lecturas verticales
Lectura vertical intermitente A — Trayectoria del «yo» (primeros versos)
Historia del desplazamiento vital
Salí con el cuerpo apenas despierto,
El camino se dobló bajo mis pasos,
La noche cayó sin pedir permiso,
Al llegar no llegué del todo a nadie.
El yo avanza, pero siempre desfasado del lugar al que arriba.
Lectura vertical intermitente B — Lenguaje como frontera (segundos versos, dominante)
Historia central del poema
la frontera era una fila de palabras,
pedían papeles, pedían la voz correcta,
mi acento pesaba más que la valija,
me preguntaron quién era esta vez.
Núcleo dramático: el cruce se decide en la lengua, no en el mapa.
Lectura vertical intermitente C — Escritura / resto (terceros versos)
Lo que no cruza
caminé cargando lo que no se nombra,
esperé como esperan los animales,
crucé dejando atrás lo pronunciable,
el cuerpo respondió antes que el nombre.
El cuerpo y el gesto anteceden al signo; la escritura aún no alcanza.
Lectura vertical intermitente D — Costo interior / tiempo (cuartos versos)
Saldo invisible de la travesía
y algo en mí empezó a pagar el viaje.
mientras el miedo aprendía mi pulso.
y el cansancio se volvió una forma del alma.
algo quedó del otro lado, trabajando en mí.
Herida activa: el cruce no termina, se instala.
Poema IV — El trabajo
I
El trabajo venía de antes que yo,
el cuerpo aprendió el ritmo del machete,
cortábamos azúcar bajo el sol fijo,
y la jornada dejaba su marca lenta.
II
Mi padre repetía el gesto heredado,
la espalda medía el peso de los años,
la tierra sabía nuestros nombres,
pero el cansancio los iba borrando.
III
El día se partía en horas iguales,
la caña sangraba dulce al caer,
yo cargaba historias sin saberlas,
y el tiempo se acumulaba en los huesos.
IV
Al final no quedaba fuerza ni palabra,
el sudor era una forma de memoria,
el cuerpo escribía lo que nadie anotó,
algo del trabajo sigue trabajando en mí.
Lectura horizontal continua poema completo → historia visible
El poema «El trabajo» en una de sus acepciones, trata del trabajo heredado como inscripción corporal e histórica, donde el esfuerzo en los cañaverales marca al cuerpo como archivo de una memoria colectiva no escrita, y el tiempo del trabajo continúa operando en el sujeto incluso después de haber terminado.
Lecturas verticales
Lectura vertical intermitente A — Herencia (primeros versos)
El trabajo venía de antes que yo,
Mi padre repetía el gesto heredado,
El día se partía en horas iguales,
Al final no quedaba fuerza ni palabra.
Historia heredada: el trabajo como destino transmitido.
Lectura vertical intermitente B — Desgaste (segundos versos)
el cuerpo aprendió el ritmo del machete,
la espalda medía el peso de los años,
la caña sangraba dulce al caer,
el sudor era una forma de memoria.
El desgaste como inscripción física del tiempo.
Lectura vertical intermitente C — Memoria histórica (terceros versos)
cortábamos azúcar bajo el sol fijo,
la tierra sabía nuestros nombres,
yo cargaba historias sin saberlas,
el cuerpo escribía lo que nadie anotó.
Historia colectiva: lo no registrado, lo trabajado.
Lectura vertical intermitente D — Tiempo activo / resto (cuartos versos)
y la jornada dejaba su marca lenta.
pero el cansancio los iba borrando.
y el tiempo se acumulaba en los huesos.
algo del trabajo sigue trabajando en mí.
El tiempo no pasa: permanece operando.
Poema V — La pérdida
I
Alguien dejó de estar una mañana,
la casa no supo cómo decirlo,
nombrar fue un gesto que no hice,
el silencio empezó a ocupar lugares.
II
El cuerpo siguió por inercia,
nadie explicó qué se pierde exactamente,
hablé con objetos que no responden,
el tiempo bajó la voz.
III
La ausencia pesaba más que el cuerpo,
las palabras llegaban tarde,
quise escribir pero no era eso,
algo se rompía sin ruido.
IV
Quedó un lugar que no se llena,
decían que todo pasa,
dejé frases incompletas,
el silencio aprendió mi forma.
Lectura horizontal continua poema completo → historia visible
El poema en su esencia integral, trata del duelo como experiencia muda y persistente, donde la ausencia no se nombra, sino que ocupa el espacio, el lenguaje falla ante lo irrecuperable y el silencio se adapta al cuerpo del que permanece.
Lecturas verticales
Lectura vertical intermitente A — Hecho / herida (primeros versos)
Alguien dejó de estar una mañana,
El cuerpo siguió por inercia,
La ausencia pesaba más que el cuerpo,
Quedó un lugar que no se llena.
Relato del duelo como estado físico, no como evento cerrado.
Lectura vertical intermitente B — Lenguaje fallido (segundos versos)
la casa no supo cómo decirlo,
nadie explicó qué se pierde exactamente,
las palabras llegaban tarde,
decían que todo pasa.
El lenguaje intenta consolar, pero llega después o miente un poco.
Lectura vertical intermitente C — Escritura en crisis (terceros versos)
nombrar fue un gesto que no hice,
hablé con objetos que no responden,
quise escribir pero no era eso,
dejé frases incompletas.
La escritura aparece, pero no cumple su promesa.
Lectura vertical intermitente D — Silencio / tiempo (cuartos versos)
el silencio empezó a ocupar lugares.
el tiempo bajó la voz.
algo se rompía sin ruido.
el silencio aprendió mi forma.
El tiempo no cura, se adapta.
Poema VI — La escritura
I
Escribo para volver sin moverme,
la página repite un gesto antiguo,
pongo palabras donde hubo cuerpos,
y el tiempo vuelve a rozarme en silencio.
II
El recuerdo no obedece al orden,
la lengua duda antes de avanzar,
escribo para no perder del todo,
como quien deja luz en una habitación.
III
Cada verso prueba una forma de estar,
el libro aprende a sostener restos,
la escritura guarda lo que no vuelve,
y el pasado respira en el presente.
IV
Al final regreso a una casa mínima,
no tiene patio, ni nombre fijo,
escribo porque algo sigue naciendo,
la página queda abierta, como el tiempo.
Lectura horizontal continua poema completo → historia visible
El poema «La escritura» trata de la escritura como acto de retorno sin restitución, un gesto precario que no recupera lo perdido, pero lo sostiene, permitiendo que el pasado respire en el presente y que el tiempo permanezca abierto.
Lecturas verticales
Lectura vertical intermitente A — Retorno del yo (primeros versos)
Escribo para volver sin moverme,
El recuerdo no obedece al orden,
Cada verso prueba una forma de estar,
Al final regreso a una casa mínima.
El yo ya no busca origen, ensaya permanencias.
Lectura vertical intermitente B — Lengua en proceso (segundos versos)
la página repite un gesto antiguo,
la lengua duda antes de avanzar,
el libro aprende a sostener restos,
no tiene patio, ni nombre fijo.
La lengua ya no funda, administra lo que queda.
Lectura vertical intermitente C — Escritura plena (terceros versos)
Eje dominante del poema
pongo palabras donde hubo cuerpos,
escribo para no perder del todo,
la escritura guarda lo que no vuelve,
escribo porque algo sigue naciendo.
La escritura como acto vital, no sustituye, pero conserva y abre.
Lectura vertical intermitente D — Tiempo / bucle (cuartos versos)
y el tiempo vuelve a rozarme en silencio.
como quien deja luz en una habitación.
y el pasado respira en el presente.
la página queda abierta, como el tiempo.
El libro no termina, queda habitado.
Con este poema, el sistema se reconoce y se devuelve al inicio, la casa, el nombre, el cruce, el trabajo, la pérdida, ahora escritos, no cerrados.
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