La doctora Roxana Kreimer, sin duda alguna, figura entre las mejores filósofas del mundo. Por su sabiduría, sólida formación cultural y amplio horizonte cognoscitivo, ha forjado un pensamiento filosófico, social, óntico y epistémico, legítimo, creativo y novedoso.
Su mirada, impregnada de sabiduría, habría sido de gran asombro cuando leyó, interpretó y reflexionó, una y otra vez, la obra “Mujeres filósofas y sabiduría para el buen vivir”.
Quedaría tan impresionada con la experiencia de esa lectura, que de inmediato escribiría: “mi agradecimiento y valoración de su monumental obra (…)”.
¡Felicitaciones nuevamente por su gran trabajo¡ ¡Un afectuoso saludo¡
Tan valiosas palabras, a todas luces, son absolutamente sinceras, al tiempo que dan cuenta de su admirable belleza de alma, limpieza de espíritu y corazón bien intencionado, además de sensible, bondadoso y purificado, más allá de la minoría de edad de la razón y las mentes horadadas por el escozor de la envidia, el resentimiento y la maldad.
También cabría decir, con sobrada razón, que Roxana Kreimer es auténtica pensadora, sin prejuicios género y, a la vez, radical defensora de los derechos humanos.
Por eso, no andaría con pose, ni mucho menos, pretendería aparentar lo que no es.
De ahí su comportamiento ejemplar, ético y moral.
El sabio Aristóteles expresó, alguna vez, que las cosas son idénticas así mismas.
“Lo que es es”, diría, no sin razón.
Fundamentado en ese principio aristotélico de la identidad, cabría decir que Roxana Kreimer es lo que es: justa y respetuosa del mérito ajeno.
Por tales razones, vive en paz consigo misma, sin la conciencia herida por el dolor, la rabia y la impotencia.
Eso, justamente, dignifica su existencia.
Schopenhauer no equivocaría cuando dijo que en este mundo lo más envidiado y menospreciado es el talento.
Algunos, atrapados entre el odio, la amargura y la desdicha, procuran, desafortunadamente, destruir, con la indiferencia, el silencio y en veneno de la envidia, el talento del otro; pero al no conseguirlo enfurecen y sufren hasta lo indecible.
De manera constante, Kreimer mantiene, en todo momento, una postura crítica frente a tan deleznable actitud.
Además, sería justo decirlo: es buena filósofa y talentosa escritora.
Por tal razón, su valoración de “Mujeres filósofas y sabiduría para el buen vivir”, es mesurada, racional y consciente, en tanto trasciende la lujuria del simple alago banal y vaciado de sentido.
¡Por eso, es demasiada humana, pura, divina, valiosa, incólume, grandiosa, justa y racional!
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