En este mes de febrero, en Poncho Morado Podcast, espacio de conversación cultural donde sirvo de anfitriona, dos invitados y colegas abogados, en episodios separados, trataron temas distintos, aunque convergentes. Con uno conversé de geopolítica, con el otro de arte.
El primero de ellos fue el profesor Iván Gatón. En nuestro encuentro en Gepiano Studios, el también escritor y diplomático analizó en una clase magistral el nuevo orden global; mi segundo invitado fue Ysidro García, quién, días después, comentó el catálogo de películas nominadas para la 98a edición de los premios Óscar de la Academia.
A mi pregunta acerca de sistemas de ideales sobre soberanía, el prof. Gatón alertó que, en la nueva realidad internacional, éstas necesariamente deberían ser utopías para un tiempo de distopias.
Pocos días después de su fabulosa charla, disponible en los canales de Poncho Morado Podcast, el presidente Donald Trump, ante el Estado de la Unión, se expresó de esta manera: “Hace apenas cuatro días, la Suprema Corte de Justicia dictó una sentencia desafortunada, muy desafortunada”.
Se refería a la decisión Learning Resources, Inc. contra Trump consolidada con el expediente Trump contra V.O.S. Selections, Sumario No. 24-1287. La decisión revocó el poder discrecional ejercido por el presidente al fijar amplios aranceles de emergencia, por resultar contrarios al orden constitucional.
El acercamiento de la cámara de televisión a la imagen de la magistrada Amy Coney Barret, jueza elegida por Trump, unida al voto mayoritario en ese fallo, la mostró serena. Recordé una cita de la obra “El mundo perdido de Thomas Jefferson” (1993), de Daniel J. Boorstin, que reza: “Cualquier hombre que haga descansar el bienestar de una nación en el carácter de sus gobernantes es una ilusión”.
En la plática sobre Séptimo Arte, sostenida con García en el Podcast, el agudo crítico destacó un logro del arte de la adaptación cinematográfica.
A su criterio, el filme “Hamnet” (2025) dirigido por la cineasta Chloé Zhao, corrige las debilidades de la novela original homónima escrita por Maggie O’Farrell cinco años antes. García explicó que ambas creadoras colaboraron en el guion adaptado de la película con diversas nominaciones al Óscar. Personalmente, la considero una de las mejores propuestas de la contienda.
La obra “William Shakespeare” de Víctor Hugo (1864), es un texto fundamental para los interesados en el personaje, en la creación literaria, en la diferencia entre arte y ciencia, y en la apreciación de lo verdaderamente genial.
“Todo cuanto puede decirse en elogio de Shakespeare queda dicho por Víctor Hugo” escribió Antonio Aurora Boronat (1909), su traductor al español. “Este libro es, desde la primera línea hasta la última, un grito continuado de admiración”, agrega.
(título original: The Lost World of Thomas Jefferson) es una obra clásica de la historia intelectual estadounidense escrita por Daniel J. Boorstin.
Tuve noticias de este libro gracias a que Pedro Henríquez Ureña lo menciona en su diario de juventud. Cuenta haberse fascinado con su lectura cuando, siendo un adolescente, se encontraba su familia en el exilio político en Cabo Haitiano, luego del fallecimiento de su madre.
Al inicio de esa obra, Víctor Hugo describe la casa Marine Terrace de Jersey, en las Islas del Canal, dependencias de la Corona Británica, lugar donde pasó exilio político por oponerse a Napoleón III. El autor universal describe con los ojos y con el alma ese lugar desolado, donde su familia, a pesar de las circunstancias, encontró cobijo y juntos vivieron momentos significativos, felices y desafortunados, en duelo por la muerte de su primogénita Léopoldine.
Volví sobre uno de sus formidables párrafos, luego de las observaciones de García, tratando de imaginarme el esfuerzo conjunto de Zhao y O’Farrell, para llevar al cine el ideario de un Shakespeare eterno. Seguramente leyeron a Hugo y su evocación a la casa de Marine Terrace.
En ese pasaje inicial de la obra, el escritor francés se refiere a que, en efecto, existen hombres-océano, capaces de anteponerse a lo temible y lo absolutamente bello. Víctor Hugo menciona, entre lo terrible, las sombras, las vegetaciones del abismo, las furias, los frenesís, los rayos errantes que buscan a quien herir, los hondos sollozos, los truenos humanos mezclados con los truenos divinos, las tenebrosas rugientes noches…”
Luego, el poeta se anima y habla de gracias, dulzuras, fiestas, blancas velas, barquillas de pescadores, canciones entre estruendos, humo de hogar… esto es, de lo encontrado junto a su familia en el exilio en Marine Terrace, que tanto conmovió al joven Pedro, en otra casona lejos de la patria, para resguardar la vida de su padre, perseguido político de Ulises Heureaux.
Al cierre de esas líneas, Victor Hugo entremezcla visiones y emociones. Se refiere a: infiernos y paraísos, a lo infinito, a lo insondable, para concluir que: “todo esto puede existir en un alma, y entonces el alma se llama genio, y tenéis a Esquilo, a Isaías, a Juvenal, a Dante, a Miguel Ángel, a Shakespeare”. “Contemplar tales almas es contemplar el Océano”, concluye Víctor Hugo.
Daniel Boorstin también se refiere a Shakespeare, y en particular a su obra dramática “Hamlet”, en otro de sus libros. Estima que su prodigiosa poesía puede sobrevivir la traducción y mantener iridiscencia moderna.
Las dos conversaciones, la de geopolítica con Iván Gatón y la de cine con Ysidro García se fundieron como dos ríos que dan al mar, en mis meditaciones. En cualquier etapa de la vida familiar o política, hay que navegar unidos hacia los hombres-océano, como Víctor Hugo hizo con Shakerpeare y Henríquez Ureña con Víctor Hugo.
García, dilecto crítico de arte, hace notar que Zhao y O’Farrell fueron mejores autoras al unirse a transitar la obra cumbre del dramaturgo universal. Supieron darle a Shakespeare iridiscencia moderna, atractiva al público contemporáneo. Gatón, acucioso, estudioso de las humanidades, estimula a procurar sus manantiales y fuentes.
Eso hicieron los jueces de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos de América, unidos en el voto mayoritario. La doctrina de no delegación (o principio de no delegación), punto de examen en el caso judicial, suele entenderse como un mecanismo que impide que el Congreso delegue su autoridad legislativa a actores externos al poder legislativo.
La magistrada Coney Barrett redactó una opinión concurrente en la que afirma que la doctrina de las grandes cuestiones opera como una aplicación ordinaria del textualismo, que utiliza el contexto constitucional para determinar el significado más natural de una ley.
El voto mayoritario del alto tribunal navegó por las ideas de “hombres-océano”: Lo que, Montesquieu y Madison, en aplicación concreta del principio de separación de poderes y sus contrapesos.
El presidente Trump declaró ante el Estado de la Unión que su país nunca había sido tan admirado. A partir de la decisión judicial mencionada, estaría de acuerdo.
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