“Filosofando un poco”. Esta obra sobre aforismos, del jurista y poeta Rafael Antonio Román Rodríguez, fue impresa en la Editora Universitaria de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en el 2025. La diagramación y la portada fueron realizadas por Jhonathan Marty S. y la corrección de estilo fue realizada por Sunilda Cordero. La obra consta de 89 páginas.
Su estructura temática está compuesta por una presentación, a cargo del autor, y cinco (5) capítulos: el capítulo I, bajo el título de “Filosofando un poco desde los aforismos”, págs. 11/44; el capítulo II, titulado “Mis versos cortos”, págs. 45/56.
El capítulo III, titulado “Mis poemas”, lo encontramos en las págs. 57/67; el capítulo IV, titulado “Versos realizados con recursos estilísticos, manipulaciones verbales y juegos de palabras”, págs. 68/76, y el capítulo V, titulado “Como yo lo pienso”, págs. 77/89.
En esta ocasión, les presento un libro en el cual su autor reúne aforismos y, desde esos aforismos, nos deja un filosofar que nos encamina a conocer parte de su pensar y de su sentir. El poeta y abogado ahora se nos presenta como el filósofo que se encamina a descifrar su vida y su tiempo.
Según sus propias palabras, (…) “Sólo he querido, dentro del marco de la libertad de expresión, filosofar de forma poética, decir las cosas que pienso y como las pienso o las veo, muchas de las cuales ustedes podrán compartir o no estar de acuerdo, lo cual sólo sería, por su parte, un ejercicio digno del derecho a la libertad de expresión en un mundo tan convulsionado” (…). (Véase pág. 9, obra citada).
Entre aforismos y poemas, el autor de esta obra nos lleva por su mundo de filosofía y nos coloca frente a la proyección de su discurso henchido de sentidos que nos aproximan a un determinado filosofar desde la palabra.

Son pensamientos que acercan al autor a su autoconocimiento y al conocimiento de los demás. Desde estos aforismos, el poeta va configurando su universo cognoscitivo para instaurarse como un sujeto dialógico en permanentes vínculos con su entorno vivencial.
Son ciento doce (112) aforismos que le sirven al lector como base racional para construir su propio saber. El autor, desde estos aforismos, especula y busca las raíces de situaciones que son parte de sus indagaciones, asumiendo la conducta del filósofo que hace de su hacer su propio filosofar.
Aquí el autor se autodefine y nos afirma que él es “ese buscador inquieto y temerario que lo presenta para su reflexión y análisis, permitiendo que cada uno pueda filosofar conforme a su manera de interpretar y ver las cosas”. (Véase pág. 10, obra citada).
Desde estos aforismos, el conocimiento es visto desde una perspectiva de eternidad porque, según este filósofo, es “la única riqueza que sigue hasta después de la muerte”. (Véase pág. 16, obra citada).
Desde aquí, el autor de estos aforismos nos hace la advertencia de que el tiempo “es una magnitud que se expresa en una variable susceptible de medirse. No lo pierdas, vale mucho”. (Véase pág. 16, obra citada).
El filosofar, desde estos aforismos, se convierte en sabiduría del Ser. Y desde una perspectiva moral, desde ellos, el autor nos convoca a ser prudentes con algunas cosas de nuestro existir.
En cuanto a lo desconocido, este filósofo procura que se vea como un reto del humano y llama a no ignorarlo, porque sería un error. Y recomienda que “enfrentarlo es lo ideal”. (Véase pág. 27, obra citada).
Desde aquí, la política es vista como un arte y advierte que un buen político “dista mucho de pretender complacer a todos” y que la política se nutre de realidades. Esto nos indica que estos aforismos son sabias lecciones de enseñanzas que su autor nos deja ante nuestro actuar en la vida.
La ética, la moral y la política son temas que sobresalen en estos aforismos, con la idea de dejar ante el lector no un simple decir, sino un profundo saber de manera táctica, reflexiva y crítica.
De ahí que el filosofar de este autor, más que un posible manual de vida, es una sabia fuente de enseñanza para el buen hacer dentro de nuestro vivir como seres humanos.
Estamos ante una obra que está integrada por aforismos y poemas. En ambos casos, su núcleo base está en el filosofar por parte del autor.
Debo decir que, en lo referente al poema, como pieza de armonía y ritmicidad a partir del dominio de la lengua, desde el re-juego táctico de la palabra sobre la página en blanco o desde la pantalla, hace falta que el referido autor trabaje con más tiempo esa fase.
Algo que sí les puedo confirmar es que, en ambos casos, en el filósofo y en el poeta, aparece el abogado, aquel jurista que procura y reclama equidad, justicia y seguridad desde cualquiera de las formas en que nos ofrece su uso de la palabra. El abogado fluye en estos aforismos y sobre los filos musicales de sus poemas.
Cierro este mirar sobre la escritura que nos ha brindado este autor diciendo que, tanto en el filosofar como en el poetizar de este autor, responder a los enigmas de la existencia es parte de su misión como creador.
En ambos casos, la palabra aparece como una excusa de no ser expuesta frente al estrado, sino como bandera del decir del autor para justificar su existir por encima de los enigmas de su filosofar.
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