—¿Ahora qué hacemos?

—Poesía, esos canallas odian la poesía.

La Torre Lagares, 2019.

Mi predilección por la novela Doctor Zhivago (1957), de Boris Pasternak; que considero a la altura de Guerra y Paz (1867),  de Lev Tolstoi, es notissima res entre mis allegados. Hay una especie de sub texto, empleo del iceberg, implícita en la manera que Pasternak subraya la osadía de ser poeta en un mundo abanderizado. Yuri Andréyevich Zhivago, que prefiere ser llamado poeta, no doctor, enfrenta la constante amenaza, enmascarada de sentido común, de que no le iría bien haciendo poesía bajo el mando de la monarquía, la derecha o la izquierda, distintas posibilidades de deshumanización. Fuera de la trama, la novela debió esperar varias décadas (hasta 1988) para ser publicada en la URSS y el propio autor, que obtendría el Nobel al año siguiente (1958) de publicada su epopeya, debió rechazarlo por presiones políticas. La publicación en tuiter, eventualmente X, del portorriqueño Elidio la Torre Lagares en 2019: “—¿Ahora qué hacemos?/—Poesía, esos canallas odian la poesía” parece recordar que esta fue primero que el habla y el lenguaje, que el pensamiento halló en el poema su dique a la libertad.

Es por ello que voy a San Francisco, Santiago; La Vega, Santiago Rodríguez o espero pronto ir a Sosúa, Barahona; San Pedro, Santo Domingo; y si lo permite el Dios de Spinoza y los poetas olvidados; estaré en Pinar Quemado, Jarabacoa, del veinte al veintidós de noviembre, para el Festival de Poesía en la Montaña: en el banco de atrás en cada recital, en el saludo a ese poeta que extraño, nacido de un poema igual que yo; en su Clima de Eternidad, entre los poetas bisoños; auscultando el libro recién publicado, el poema salido del horno como vianda consagrada al Mousagetes, para simplemente verme reflejado en su sonrisa, en cada rescoldo aceitado de folclor, historia y artesanía; tras ese elíxir anterior a tanta colonización mental bombardeada por la prensa y las redes sociales nuestras de cada día, porque en la poesía regreso a lo que éramos antes de la moneda, los peajes, las visas y el petróleo. Porque antes de Adam Smith, Marx, Israel y los genocidios fue el género humano, y esa es la identidad que nos salva. La poesía es amor a la humanidad sin rótulo de pertenencia: (nacionalismo, clasismo, racismo o ideología). Un día sabremos que primero fue el amor y luego Dios, primero nació el poema y luego el bandido que ideó banderas alrededor del Hijo de la Mujer. Quien inauguró el amor entre nosotros jamás lo vislumbró entre corrales, su voz siempre fue y ha sido el poema: lo más parecido a la libertad.

Los seres humanos deben temer a la poesía, no al revés; y a mayor régimen de tolerancia del pensamiento hacia los poetas, más potable se me antoja su aquiescencia. Debe el poeta ser solo poeta y su canto lo que ocultan los cenáculos de intereses privados, no hay espacio para más. Ser poeta es en sí un acto de rebeldía y, si primero fue el poema y luego el lenguaje, el poeta es ese rostro en busca de identidad en el Prometeo griego, el Gilgamesh sumerio, el Martí caribeño, los karakaracoles taínos o el Domingo Moreno Jimenes criollo, etc. La poesía no precisa bandera y mucho menos fuerza armada, sistema de gobierno o manual de conducta para respirar una dolosa misericordia, para sacar el mundo de las cercas de los Gulag o Auschwitz. El ambiente del poeta es el festival de poesía, el congreso, el recital, encuentros, tertulias, verbenas; el libro abierto en un banco de parque saturado de familias con niños jugando sin la pornografía del reguetón.

Y, si estas palabras merecieran un gramo de reflexión como para pronosticar mis idas y venidas por el Festival, resolvería que Jarabacoa es una mujer siempre acabada de dar a luz y que en ella la naturaleza conspira con Taty, Llibre, Yolanda y los demás para que el poema sea y permanezca. El festival de Poesía en la Montaña es ese espacio como el caldo de pollo que a nadie hace mal y del que salimos redivivos, fortificados, con la libertad en luz alta. Que mañana, como hoy, seamos poesía.

Randolfo-548x728
Randolfo Ariostto Jiménez

 

 

Randolfo Ariostto Jiménez

Poeta y narrador

Randolfo Ariostto Jiménez es poeta, novelista y cuentista. Ha publicado:- Emisarios de ausencia (Novela), 2026; Poética de la lectura, (Ensayo), 2020; Alba sin madre. (Poesía), 2010; Villa agreste-Primeras Muertes- (Cuentos), 2009; La Soraya (novela corta), 2007; El amor entre cristianos (Poesía), 2000; La poesía romántica (Poemas), 1990. poetaariostto@gmail.com.

Ver más