La próxima publicación por entregas de la novela Crimen incorpóreo, de Haffe Serulle, en la sección Cultura de Acento ha despertado un interés temprano en el ámbito cultural. Antes de su aparición pública, la obra ya cuenta con un informe de lectura elaborado por ESCRITORES.ORG, institución española especializada en análisis y edición literaria.
Según esta valoración, se trata de una novela breve, de marcado carácter surrealista y con elementos del realismo mágico, construida a partir de tres planos narrativos que se superponen: la historia de Radu, un exdetective rumano; la de una mujer desnuda que huye en bicicleta hacia un destino incierto; y la del narrador, un escritor encargado por su editor de convertir una extraña nota de prensa —un crimen sin cuerpo— en una novela. Estas capas confluyen en un relato donde la realidad, la fantasía y el acto de escribir se confunden deliberadamente.
Uno de los rasgos más destacados del texto es su vocación metaliteraria. El narrador cuestiona su propia autoridad, oscila entre el control y la ignorancia, y expone las tensiones entre creación literaria y exigencias editoriales. El espacio donde ocurre la acción, una ciudad llamada “Sin Nombre”, refuerza la ambigüedad del relato y permite al lector proyectar su propio territorio simbólico.
Informe de lectura y valoración de la novela “Crimen incorpóreo”, de Haffe Serulle
El informe subraya, además, un estilo personal y elaborado, con un uso notable de la metáfora, el humor y el erotismo, así como la introducción de neologismos que amplían el registro expresivo. No es una novela de identificación inmediata, sino una propuesta que privilegia el concepto y la experimentación formal, dirigida a lectores dispuestos a asumir riesgos interpretativos.
Conozco desde hace años la trayectoria teatral de Haffe Serulle y su inclinación constante por una creación simbólica, poética y desafiante. Aún sin haber leído Crimen incorpóreo, la información disponible permite intuir una obra coherente con ese recorrido: una novela que no promete comodidad, sino preguntas. La expectativa no nace aquí de la certeza, sino del presentimiento de que estamos ante un texto que exige ser leído con atención y sin apuros. Y eso, en sí mismo, ya es una buena noticia.
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