Los dueños de la República Dominicana, del periodista e investigador Esteban Rosario, se convirtió, desde su primera publicación en 1988, en un fenómeno sin precedentes en el país. En 2026, con su décima reedición, presentada en el marco de la XXVIII Feria Internacional del Libro de Santo Domingo —creada en 1998 por el destacado escritor, intelectual y gestor cultural José Rafael Lantigua, fallecido en 2025—, la obra se mantiene como un libro referencial de la bibliografía nacional.
Es una obra, además de indispensable y necesaria, para conocer a profundidad cómo se han creado las grandes fortunas de la burguesía nacional. Es un texto que nos revela, sin ningún tipo de cortapisas, quiénes son los verdaderos dueños del dinero en la República Dominicana. Ese mismo país que describió el poeta nacional Pedro Mir en 1949, mientras se encontraba exiliado en La Habana, Cuba:
Hay
un país en el mundo
colocado
en el mismo trayecto del sol.
Oriundo de la noche.
Colocado
en un inverosímil archipiélago
de azúcar y de alcohol.
Sencillamente
liviano,
como un ala de murciélago
apoyado en la brisa.
Sencillamente
claro,
como el rastro del beso en las solteronas
antiguas
o el día en los tejados.
Sencillamente
frutal. Fluvial. Y material. Y sin embargo
sencillamente tórrido y pateado
como una adolescente en las caderas.
Sencillamente triste y oprimido […] (Mir, 2012, p. 15).
Mientras tanto, el poeta de la patria nos muestra la tristeza y la opresión de nuestro amado terruño de origen. Ya desde el Gobierno del presidente Ulises Heureaux (1845-1899), quien pasó de héroe a villano y dictador, algunas familias estaban saqueando el erario nacional. Durante sus tres períodos presidenciales (1882-1899), comenzó la práctica de convertir el Estado en un botín familiar, aprovechándose de sus recursos.
«Lilís» fue el primer socio principal de este modelo de confabulación mafiosa. Se asoció con empresas pertenecientes a familias importantes para utilizar el Gobierno como un instrumento de enriquecimiento ilícito. La más beneficiada fue la familia Vicini, que ha construido una de las fortunas más grandes del país y del Caribe. Todavía hoy continúa realizando negocios y suscribiendo contratos multimillonarios con todos los gobiernos.
Así se creó toda una superestructura que también se apropia de instituciones y empresas del Estado para transferirlas al patrimonio corporativo familiar, sin piedad ni miramiento de ningún tipo. Ulises Heureaux fue ajusticiado en Moca por un grupo de valerosos patriotas encabezado por Ramón Cáceres (Mon), Jacobito de Lara y Horacio Vásquez, el 26 de julio de 1899.
La influencia de esta familia fue tan extraordinaria que Esteban, al citar la célebre obra de Juan Bosch, Composición social dominicana (1970), explica:
«Con motivo de un violento altercado entre don Juan (Batista Vicini) y el joven hostosiano Américo Hugo, Lilís hizo traer al escritor ante su presencia y, después de un amable preámbulo, le dijo: “Si usted no fuera un vagabundo, lo pondría en mi estado mayor, porque me gusta la gente de coraje… Pero su camino no es ése… Así es que ya usted sabe, porque yo sólo soy el vicepresidente. El presidente es don Juan (Batista Vicini, E.R.), que es el dueño del dinero”» (Rosario, 2026, p. 49).
Con esta terrible sentencia, los políticos dominicanos entendieron que los verdaderos dueños del país no eran ellos, sino los grandes empresarios y sus monopolios. Con sobrada razón, Rosario ratifica: «Crearon una red de relaciones personales e institucionales que identificaron al Estado con sus negocios privados. El poder político y el poder económico privado se confundieron en una simbiosis que era imposible establecer una frontera entre ambos» (ibídem).
Durante la Era del sátrapa Rafael Leónidas Trujillo, quien llegó al poder en 1930, todo cambió, porque comenzó a apropiarse de la mayoría de las empresas familiares de la burguesía en beneficio propio. Durante su cruel y sanguinaria dictadura, acumuló la mayor fortuna de la historia dominicana, al igual que sus familiares, funcionarios y empresarios allegados. Durante sus 31 años de gobierno, convirtió el Estado en una empresa personal.
Hasta hoy, el Gobierno sigue siendo la mayor empresa del 90 % de los empresarios, quienes también buscan monopolios y negocios internacionales para tales fines. Por eso, son los financistas de los partidos políticos, a los que exigen multiplicar varias veces sus inversiones electorales para convertirse en socios obligatorios. Incluso quitan y ponen presidentes por encima de la voluntad popular, como hicieron con el profesor Juan Bosch, quien solo duró siete meses en el Gobierno porque quería impulsar un Estado social y democrático mediante la Constitución de 1963. Esos mismos sectores que lo derrocaron se apoderaron luego de las empresas más importantes, que eran propiedad del pueblo, para ponerlas al servicio de sus intereses.
Es aquí donde la obra de Esteban Rosario adquiere un valor trascendental, pues permite desmontar todas las artimañas que han utilizado las veinte familias más poderosas para amasar sus fortunas y consolidar los monopolios empresariales en la República Dominicana. Estas familias controlan todas las instituciones, incluido el propio Estado nacional.
El libro comienza con una contundente sentencia publicada en la columna «Polibroma», de El Nacional de ¡Ahora!, en 1988, año en que se publicó el texto que analizamos hoy:
«En la República Dominicana hay personas que, cuando nacieron, fueron declaradas en la Tesorería Nacional, en vez de en la Oficina del Estado Civil».
A continuación, el autor desarrolla esta idea con la claridad y la lucidez que lo caracterizan:
Los grupos económicos y familiares son los dueños de la República Dominicana. Controlan el país y sus instituciones. Concentran la riqueza nacional. Tienen todos los privilegios del Estado. Reciben incentivos, concesiones y exsoneraciones, y gozan de un alto nivel de impunidad. Violan las leyes y no son apresados. Quiebran bancos y el Estado los protege. Circulan entre sí en las empresas públicas y privadas. El Congreso Nacional está bajo su control. Los partidos políticos son sus prisioneros. Se casan entre sí y su base de sustentación es el monopolio (Rosario, 2026, p. 11).
Nadie antes se había atrevido a mostrar y explicar, de una manera tan contundente, la historia de cada una de las familias que se presentan en esta maravillosa obra de Esteban, quien ha hecho de la verdad periodística su bandera. En ella, nos ofrece una detallada cartografía de cómo se construyeron las inmensas riquezas de estos privilegiados del Estado, para que el dinero sea propiedad exclusiva de unos pocos. Aunque generan miles de empleos, también son, al igual que el Estado, responsables de la altísima pobreza del pueblo dominicano.
Rosario representa la verdad oculta de nuestro país. En cada una de sus dieciséis obras publicadas, fruto de un esfuerzo constante, ha convertido la investigación en un instrumento de denuncia social para crear conciencia sobre los comportamientos inescrupulosos relacionados con la adquisición de grandes capitales mediante los más funestos artificios. Hay que decir, con honestidad, que estas prácticas han impedido el verdadero desarrollo que merece el país.
Al registrar los datos que ofrece el autor en la reedición de 2013, hemos contabilizado alrededor de 381 inversiones en múltiples empresas y monopolios, mientras que los nuevos ricos suman 221, aunque algunos se repiten. Esto significa que solo estos grupos se han beneficiado de la riqueza que se genera en la República Dominicana, sin contar a los empresarios extranjeros, quienes, al igual que los nacionales, extraen del país miles de millones de dólares y euros. Estos son los auténticos y únicos beneficiarios del progreso de la nación, cuyos beneficios no se transfieren a la población dominicana. Por el contrario, han provocado que la riqueza quede concentrada en manos de unos pocos.
Quien lea este excepcional libro descubrirá, en su décima reedición, a lo largo de sus diez capítulos y 432 páginas, cuatro grandes verdades que solo el periodista e investigador Esteban Rosario se atrevió a revelar para desenmascarar a la oligarquía dominicana:
- Quién controla la riqueza nacional.
- Cómo se relacionan las élites económicas con el poder político.
- Qué ocurrió con las empresas estatales.
- Por qué el crecimiento económico no siempre mejora la vida de la mayoría.
El autor no se considera ni siquiera un escritor, sino un reportero que comenzó su trayectoria en la prensa escrita nacional y se dedicó a publicar cada uno de sus hallazgos mediante un vasto proceso de investigación. Este trabajo se sustenta en datos ofrecidos por los propios estamentos del Estado, con el propósito de analizar y comparar el verdadero comportamiento de la riqueza del país y la manera despiadada e inmisericorde en que esta se ha repartido, sin generar ni construir bienestar para la mayoría de la población dominicana.
En más de 68 gráficos y cuadros, Esteban nos presenta un amplio registro estadístico en el que identifica cómo se distribuyen los grandes capitales de la nación entre apenas veinte familias, responsables de generar las grandes desigualdades sociales, al igual que los políticos locales. Con este texto, su autor, que cuenta con dieciséis obras publicadas, se convierte en un extraordinario documentalista de la escritura de no ficción en la República Dominicana.
En el capítulo I, analiza de manera documentada a las 20 familias más poderosas del país: los viejos ricos dominicanos y su árbol genealógico del poder. El capítulo II está dedicado a los monopolios agroindustriales; el III, a los productos de consumo masivo; el IV, al control de las instituciones sin fines de lucro; el V, al deporte; el VI, al control de las universidades privadas; el VII, a los medios de comunicación; el VIII, a las exoneraciones; el IX, a los importadores de vehículos; y el X, al sector financiero. Esta edición, autofinanciada por él, está dedicada a «los dominicanos que tienen el deseo de conocer la verdad» (p. 9).
Celebremos la tercera edición, corregida y ampliada, de esta obra de Esteban Rosario en el marco de este evento, pues constituye un aporte fundamental y necesario a nuestra bibliografía para la comprensión de una nación llena de contradicciones y depredadores como dijera el aedo Pedro Mir: […] «He aquí el resultado. Un borbotón de sangre. /Silenciosas, terminante. Sangre herida en el viento. / Sangre en el efectivo producto de amargura. /Éste es un país que no merece el nombre de país. /Sino de tumba, féretro, hueco o sepultura […]». (Idem, p. 22).
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Permítaseme hacer una última sugerencia: me gustaría que Esteban Rosario realizara una investigación, con el mismo rigor de la presente obra, sobre la riqueza de los políticos dominicanos. Sería importante examinar sus declaraciones de bienes antes y después de ejercer el poder, así como determinar cómo han evolucionado sus patrimonios durante ese período. Otra investigación podría centrarse en los dueños del transporte y sus dirigentes sindicales, quienes se han convertido en empresarios y depredadores de la nación dominicana, al igual que las APE y los propietarios de las clínicas.
Bibliografía:
Mir, Pedro. Un asombro de ríos verticales. 2012.
Rosario, Esteban. Los dueños de la República Dominicana. 2013. Editorial Santuario.
Rosario, Esteban. Los dueños de la República Dominicana. 2026.
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