Este ritmo repetido no solo imita el poema de Guillén y las prácticas de ceremonias religiosas, también le da al oyente una sensación de urgencia, como alguien corriendo frenéticamente, creando un motín musical.
Hay historias que creemos que han terminado, que se sienten contenidas, explicadas o incluso resueltas. Pero ¿y si no lo están? ¿Qué ocurre cuando esas historias están incompletas y arrastran sus cargas no resueltas a través de generaciones? Algunas de estas historias se mueven y persisten, reaparecen donde menos lo esperamos, como un ritmo persistente que se hace más fuerte con el tiempo.
En Esclava de la Libertad, Idelfonso Falcones expone la continuidad del racismo a través de la lucha de Kaweka por la libertad de los esclavos en la Cuba colonial, y la lucha heredada de Lita contra el racismo moderno y la injusticia social en España. La novela se siente como un espejo, cada lado representando una época distinta en la historia humana. Kaweka luchó contra la injusticia con un machete, dejando un rastro de sangre a su paso, mientras que Lita luchó contra un sistema que se suponía debía protegerla.
Novela de Ildefonso Falcones
La herencia en esta historia no es dinero, es estructura y consecuencias a través de la ascendencia. El azúcar manchado de sangre en Cuba que financió a familias adineradas y preserva un sistema que repite y justifica los mismos patrones bajo diferentes circunstancias. “La esclavitud fue una lacra a través de la cual no solo se construyeron fortunas, sino países enteros… yo no participé en ella y la repudio con todas mis fuerzas. No me siento responsable, ni creo que nadie pueda exigirme cuentas por algo que ocurrió hace centenares de años.” Pero ¿no debería una parte de ese rechazo llevar consigo respeto y un deseo de hacer las cosas bien?
Durante la esclavitud, las creencias, la identidad, el arte, entre muchos otros aspectos culturales, fueron oprimidos en nombre del cristianismo. Pero cuando la cultura no puede existir abiertamente, se transforma. Los esclavos encontraron formas de preservar su mundo espiritual dentro de la estructura impuesta sobre ellos, fusionando a sus dioses con los santos católicos y disfrazando el ritual como cumplimiento. “Los católicos no podemos dar pábulo a creencias salvajes. Por eso son nuestros esclavos: por su ignorancia, su irreverencia y su necedad, porque son inferiores a nosotros.” La esclavitud no solo trataba de dominar la tierra, impuso una jerarquía mientras intentaba borrar su identidad. Sin embargo, la misma necesidad de suprimir esas creencias revela su persistencia.
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La transformación de las creencias y la fusión de culturas es aquello sobre lo que América Latina construyó su identidad, pero ¿es posible sentir una conexión con algo que nunca se ha experimentado? El cuerpo tiene una forma de funcionar como un archivo, almacenando aquello que la historia no puede borrar completamente. A veces aparece como una reacción física, un escalofrío, un reconocimiento repentino sin un origen claro. No es diferente de la forma en que funciona el ritmo: un patrón puede sentirse familiar antes de ser comprendido, y cómo la repetición se asienta en el cuerpo antes de convertirse en pensamiento. “[Lita] Entonces no lo había relacionado, pero ahora comprendió que la esclavitud extendía sus efectos hasta ella; lo sintió como si el espíritu de alguna antepasada desconocida la atenazase, y se le erizo el vello de todo el cuerpo” Lo que se describe no es un recuerdo, sino una resonancia con el pasado.
Algunas historias no pueden heredarse en silencio. Exigen confrontación, y hay un poema sinfónico que captura perfectamente esta sensación, Sensemayá del compositor mexicano Silvestre Revueltas. Inspirado en el poema del mismo nombre escrito por el poeta cubano Nicolás Guillén, que es un canto para matar a una serpiente, basado en un ritual religioso afrocubano.
Tú le das con el hacha y se muere:
¡dale ya!
¡No le des con el pie, que te muerde,
no le des con el pie, que se va!
Sensemayá, la culebra,
sensemayá.
Sensemayá, con sus ojos,
sensemayá.
Sensemayá, con su lengua,
sensemayá.
Sensemayá, con su boca,
sensemayá.
La culebra muerta no puede comer,
la culebra muerta no puede silbar,
no puede caminar,
no puede correr.
La culebra muerta no puede mirar,
la culebra muerta no puede beber,
no puede respirar ,
no puede morder.
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Sensemayá, la culebra…
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Sensemayá, no se mueve…
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Sensemayá, la culebra…
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Sensemayá, se murió.
El poema presenta patrones repetitivos como Mayombe-bombe-mayombé, que inspiraron el poema sinfónico de Revueltas; el ostinato rítmico refleja el ritmo del poema cuando se recita. Este ritmo repetido no solo imita el poema de Guillén y las prácticas de ceremonias religiosas, también le da al oyente una sensación de urgencia, como alguien corriendo frenéticamente, creando un motín musical.
Revueltas comienza la obra con la tuba tocando una línea melódica que crea una atmósfera peligrosa y construye tensión a medida que más instrumentos se suman con nuevas líneas. La pieza desarrolla un carácter más fuerte, pintando la imagen de la serpiente a la que Guillén alude constantemente. El final deja al oyente suspendido, esperando algún tipo de resolución, pero debido a la disonancia y a la percusión de la obra, solo hay una forma de terminar, dejando caer un cuchillo. El ostinato rítmico no solo evoca incomodidad en el oyente, también genera una sensación de confrontación, como si algo inevitable fuera a ocurrir, pero ¿qué será?
Sensemayá no resuelve; confronta. Su ritmo empuja hacia adelante; la repetición atrapa al oyente mientras la tensión mantiene la atención. Revela un pasado que no desaparece, se transforma, exigiendo ser enfrentado, tal como lo hicieron Kaweka y Lita.
Violinista dominicana egresada de Stetson University en DeLand, Fl. Carla se ha presentado en alguno de los escenarios mas importantes del mundo, como el prestigioso Carnegie Hall en Nueva York y la Iglesia Thomaskirche en Leipzig, Alemania. También es fundadora y escritora de la pagina web Cadence & Ink, donde se discuten temas culturales que giran alrededor de la música y su fusión con otras artes como la literatura.