Desde este espacio cultural, Kalunga, nos permitimos diseccionar uno de los fenómenos más vibrantes, complejos y, de manera sistemática, en ocasiones subestimados del ecosistema festivo, social y cultural dominicano: las agrupaciones de Alí-Babá.

Escribir sobre este tema no es un ejercicio de mera descripción folklórica carnavalesca. Nos interesa analizar este fenómeno no como un simple espectáculo de color o movimiento, sino como una estructura medular en la transformación de nuestra identidad urbana contemporánea. Abordamos los Alí-Babá porque representan un motor económico latente y, fundamentalmente, un dispositivo de articulación social que desafía las lógicas de exclusión que históricamente han pesado sobre nuestra juventud barrial.

Comparsa Intergaláctico de Villa María. Fuente externa

En un contexto donde la periferia es a menudo leída desde la carencia o el estigma, los Alí-Babá surgen como una epistemología del retumbe: un sistema de saberes encarnados donde el tambor no solo marca el ritmo, sino que dicta una forma de comprender el mundo, el tiempo y la colectividad.

Escribimos sobre ellos porque el Alí-Babá es, en esencia, un ejercicio de soberanía y resistencia que arrebata a nuestros jóvenes de las garras del ocio alienante, los vicios, delincuencia y la marginalidad sistémica. Aquí, el ensayo sistemático, como rito que convoca a la comunidad durante todo un año deja de ser una práctica recreativa para convertirse en un proyecto de vida, en una disciplina que forja líderes y en una poética que transforma la calle en un espacio de libertad, visibilidad y dignidad política.

Este análisis busca desentrañar cómo grupos como los Intergalácticos de Villa María, Universo Cósmico de Villa Francisca o la Gran Comparsa de Villa Consuelo, operan como cartógrafos de un territorio que se niega a ser invisible. Al estudiar su musicalidad, su técnica corporal y su capacidad de innovación constante, no solo celebramos una comparsa; estamos validando una pedagogía del barrio que utiliza el movimiento y la banda compacta para narrar una historia de resistencia que el centro oficial del país aún no termina de comprender.

El Alí-Babá no pide permiso para existir; irrumpe en las calles como una coreografía de la libertad, demostrando que en el corazón de nuestras "Villas", la cultura es la herramienta más poderosa de integración y trascendencia generacional.

Génesis de un símbolo: El legado de Chachón y la invención de una tradición

La historia de los Alí-Babá es el testimonio vivo de la capacidad del dominicano para "aplatanar" lo foráneo y convertirlo en un símbolo de identidad. Todo comenzó en la década de los 70 con Luis Alberto Torres, mejor conocido como Chachón, el padre indiscutible de este movimiento. La anécdota es ya un mito fundacional: Chachón, inspirado por la vestimenta de su madre y un ejemplar de "paquitos" de Las mil y una noches, creó una estética árabe que irrumpió en las calles de San Carlos y Villa Francisca. Lo que inició como una propuesta visual de "Alí-Babá y los 40 ladrones" derivó en lo que hoy conocemos como la Alibanda.

Fiesta de gagá en San Luis, provincia Santo Domingo.

Este fenómeno ha evolucionado de ser una representación de disfraces con lentejuelas, barbas largas y velos, a convertirse en una verdadera "batucada dominicana". Como bien señala el sociólogo Carlos Andújar, la música de los Alí-Babá tiene raíces en las bandas militares de las ocupaciones, pero ha sido procesada por la rítmica del barrio, integrando el toque del Guloya, el Gagá y la percusión afrocaribeña. Es una tradición moderna que, tras cincuenta años, ha logrado lo que pocas expresiones logran: ser innovadora y tradicional al mismo tiempo, reinventándose cada febrero sin caer en la repetición.

El cuerpo como archivo y la calle como espacio de libertad

Desde la antropología del cuerpo, pensadores como Marcel Mauss y Pierre Bourdieu nos ayudan a entender que el bailarín de Alí-Babá no solo se mueve; su cuerpo es un instrumento técnico y un archivo de memoria. El movimiento en el Alí-Babá es disciplinado y atlético. El uso de bastones, las coreografías de artes marciales y la resistencia física necesaria para recorrer el Malecón por horas con el sol, la lluvia o la noche, demuestran que hay un conocimiento encarnado, un amor, una formación y un barrio que se representa con orgullo y seriedad.

La calle, en este contexto, deja de ser un simple lugar de tránsito para convertirse en un escenario de disputa simbólica. En barrios como Villa María, Villa Consuelo, Villa Francisca y Villa Juana, la calle es el espacio donde se manifiesta el "derecho a la ciudad".

Durante todo el año, los ensayos de los grupos no son solo prácticas artísticas; son espacios de integración donde la juventud se articula. Mientras un joven está ensayando el redoble de un tambor o coordinando un paso de baile, está fuera de las redes de la delincuencia y al final terminan disfrutando de un asopao, unos domplines o una espaguetada dominicana, sin faltar las cervezas bien fría. El Alí-Babá arrebata jóvenes a la marginalidad a través del arte, convirtiendo el ocio en una producción cultural de alto nivel.

La musicalidad: Fusión, ritmo y mambo

Un aspecto central que debemos destacar es la musicalidad única de los Alí-Babá. Su base rítmica, compuesta por bombos, redoblantes, tamboras, cornetas y trombones de varas, crea un muro de sonido que es imposible de ignorar. Esta "Alibanda" ha trascendido el carnaval para permear el merengue de calle y el mambo dominicano, creando fusiones con el rap y la música electrónica. Clásicos como el "Mambo Alí-Babá" de los Reyes del Carnaval son hoy himnos de la identidad urbana que se escuchan todo el tiempo y ha trascendido el suelo dominicano.

Esta riqueza rítmica es lo que permite que el Alí-Babá sea un performance envolvente. A diferencia de otras comparsas que dependen de pistas grabadas, el Alí-Babá es música en vivo, es energía pura que vibra en el pavimento. Es esta musicalidad la que otorga al carnaval capitalino su sello distintivo frente a las tradiciones del resto del país.

Una propuesta de Estado: Las Escuelas de Alí-Babá

Es momento de que el Estado dominicano, a través del Ministerio de Cultura, el Ministerio de Educación y las alcaldías, reconozca que el Alí-Babá no es un gasto, sino una inversión social y educativa. Así como en Brasil existen las Escuelas de Samba y en Cuba las escuelas de Congas auspiciadas por el gobierno, nosotros debemos crear las Escuelas de Alí-Babá. Proponemos iniciar un proyecto piloto en unos de los sectores de Las Villas en la capital.

Estos centros no solo enseñarían música y danza, sino también artes plásticas vinculadas al diseño de carrozas y vestuarios. Los directores de estos grupos son líderes comunitarios respetados que ejercen un "sacerdocio" cultural; institucionalizar su labor permitiría rescatar a miles de jóvenes más, ofreciéndoles un sentido de pertenencia y una profesión técnica en la gestión cultural, serian espacios de formación de grandes coreógrafos, bailarines, músicos, diseñadores, etc. El Alí-Babá es nuestra mayor herramienta de cohesión social en la periferia urbana, que no debemos solo verla en los carnavales, ya que tienen perfil para representar el país nate cualquier evento nacional o internacional del mas alto nivel.

Apoteosis en el Malecón: La victoria del 2026

Carnaval orgullo nacional. – Foto: ©️ Ronny Cruz. ACENTO Fecha: 15/03/2026

Lo vivido el pasado domingo en el Desfile Nacional de Carnaval 2026 fue, sencillamente, histórico. El Malecón de Santo Domingo se convirtió en el epicentro de la cultura popular. El jurado, compuesto por expertos de diversas áreas de la cultura, se mantuvo en atención total ante la majestuosidad de los grupos multitudinarios acompañado por su pueblo, la gente del barrio, que también dan sello a estos grupos. Sin la multitud detrás y delante no hay Alí-Babá, es un espacio del pueblo y para el pueblo, ya que ahí van los padres, abuelos, amigos, hermanos y seguidores apoyando, son los que resguardan las espaldas desde la salida del barrio hasta la llegada, por eso toman las calles y bailan sin parar de noche y de día.

Este año, la gloria fue para el corredor de Las Villas. Queremos destacar especialmente a la comparsa Intergalácticos de Villa María, quienes se alzaron con el Gran Premio del desfile Nacional de Carnaval. Su propuesta, que combinó una estética futurista con el toque tradicional del Alí-Babá, fue una clase magistral de innovación. Junto a ellos, brillaron Universo Cósmico de Villa Francisca y la Gran Comparsa de Villa Consuelo, obteniendo los primeros lugares en su renglón.

Estas agrupaciones demostraron que cada año la rivalidad entre barrios se traduce en mejores diseños, mejores bailes y un orgullo de identidad barrial que no tiene cansancio. Cuando los Alí-Babá entran al Malecón, el desfile se transforma; el colorido y la banda compacta toman la calle en un performance que deja el pavimento encendido de vigor y alegría.

Hacia una ontología del retumbe, el movimiento y la justicia cultural

El Diablo Cojuelo, personaje emblemático del carnaval dominicano . – Foto: ©️ Ronny Cruz. ACENTO Fecha: 15/03/2026

En definitiva, el fenómeno de los Alí-Babá trasciende la categoría de "comparsa" para situarse como una ontología del movimiento, donde el ser se manifiesta a través del ritmo y el territorio se reclama mediante la presencia física. Como bien apunta el antropólogo Néstor García Canclini, las culturas populares no son meros ecos del pasado, sino estrategias de elaboración de la modernidad; en este sentido, el Alí-Baba es la respuesta creativa de la periferia dominicana a una urbanidad que muchas veces le da la espalda.

Al analizar la ejecución técnica de agrupaciones como Intergalácticos de Villa María, ganadores del Gran Premio 2026, observamos que no hay improvisación, sino un sistema de saberes encarnados que desafía la visión eurocéntrica de la "alta cultura". Nos preguntamos entonces: ¿Hasta cuándo seguiremos ignorando que en el redoble del tambor del barrio reside una sofisticación estética y social tan válida como la de cualquier conservatorio académico?

La eficacia de los Alí-Babá como dispositivo de integración social es, quizás, su mayor victoria política. En un contexto de marginalidad sistémica, el "ensayo perpetuo" se constituye como una zona de paz y una pedagogía de la disciplina que arrebata a nuestra juventud de las estructuras de violencia y el ocio alienante.

Siguiendo la lógica de Michel Foucault sobre los espacios de resistencia, estas agrupaciones operan como "heterotopías" donde el orden social se invierte y el joven marginado se convierte en el protagonista soberano del relato nacional. Es imperativo felicitar a los líderes comunitarios de Universo Cosmico de Villa Francisca y la Gran Comparsa de Villa Consuelo, así como a todos los carnavaleros de nuestros barrios, por ejercer este sacerdocio cultural que, sin recibir el presupuesto que merece, sostiene el tejido social de nuestra capital con más eficiencia que muchas instituciones estatales.

Desde esta tribuna, reafirmamos que el Alí-Babá es una cartografía de resistencia que debe ser elevada a la categoría de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación. No podemos seguir limitando su existencia a una subvención efímera durante el mes de febrero.

La propuesta es clara y urgente: el Estado dominicano, a través del Ministerio de Cultura y las alcaldías, debe institucionalizar las Escuelas de Alí-Babá. Esta iniciativa no debe verse como un gasto asistencialista, sino como una inversión estratégica en industrias creativas y prevención social. Imaginemos el impacto de centros de formación permanente donde maestros como el legado de Chachón, y los encargados y lideres de estos grupos transmitan técnicamente el diseño de carrozas, la percusión polirrítmica y la danza acrobática a nuevas generaciones, convirtiendo el talento de barrio en una marca país exportable y sostenible.

La experiencia estética vivida el pasado domingo en el Malecón, donde el cuerpo colectivo se fundió en una poética de la calle única en el mundo, nos obliga a reflexionar sobre la soberanía cultural. El Alí-Babá no es un residuo del pasado, sino una vanguardia del presente que dialoga con el Caribe global. Al comparar su fuerza con la Samba brasileña o la Conga cubana, entendemos que Santo Domingo posee un tesoro de identidad que palpita en las calles dominicanas.

Felicitamos efusivamente a todos los carnavaleros que convirtieron el epicentro del país en un performance envolvente de vigor y sabor; su trabajo es la prueba irrefutable de que la cultura popular dominicana es un organismo vivo, dinámico y profundamente digno que no necesita validación externa para ser monumental.

Finalmente, cerramos este análisis con una invitación a la acción: el carnaval dominicano se encuentra en una encrucijada donde yo no se puede parar su reinvento, transformación, su adecuación a los nuevos tiempos, no hay forma humana de que nuestro desfile nacional se siga celebrando un día bajo la lógica existente, los carnavaleros necesitan capacitación, se requiere una ley de carnaval, algunos alcaldes del país no pueden seguir pasándose el carnaval de los pueblo por donde no le da el sol, hay muchos aspectos que debemos discutir entre todos los actores. El carnaval es un gran industria cultural y turística por eso se debe decidir si se conforma con ser un espectáculo de vitrina o si asume su rol como motor de transformación social y cultural en el país.

Las epistemologías del retumbe nos enseñan que el cambio empieza en el pie que golpea el suelo y en la mano que hace hablar al cuero del tambor. ¿Estamos preparados para otorgarles a los Alí-Babá el lugar que les corresponde? ¿Podremos transformar la energía de las bandas compactas en políticas públicas que dignifiquen la vida en los barrios?

La respuesta, como el mismo carnaval, está en movimiento. Es hora de que todos aprendamos a bailar al ritmo del pueblo y reconozcamos, de una vez por todas, que en el corazón del Alí-Babá late la verdadera soberanía de la República. Hasta la próxima semana.

Bibliografía

Andújar, C. (2004). Identidad cultural y religiosidad popular. Letra Grafica.

Batista, G. (2013). El maestro del disfraz y la historia de los Alí-Babá. Ministerio de Cultura de la República Dominicana.

Bourdieu, P. (1991). El sentido práctico. Taurus. (Obra original publicada en 1980).

De Certeau, M. (1990). La invención de lo cotidiano: I. Artes de hacer. Universidad Iberoamericana.

García Canclini, N. (1990). Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo.

Mauss, M. (1979). Sociología y antropología. Tecnos. (Obra original publicada en 1950).

Tejeda, D. (2008). Carnaval dominicano: Antecedentes, tendencias y perspectivas. Instituto Panamericano de Geografía e Historia.

Jonathan De Oleo Ramos

Antropólogo Social, Investigador, Gestor Cultural

MSc. Jonathan De Oleo Ramos: Antropólogo, docente-investigador y consultor en patrimonio cultural y políticas culturales. Doctorante en Humanidades y Patrimonio Cultural enfocado en la Investigación. Maestro en Gestión del Patrimonio Cultural, con especialización en antropología de la alimentación, estudios afrolatinoamericanos, derechos humanos y políticas culturales. Becario Mellon (DSI, City College of New York) 2024. Docente en FLACSO-RD y UNIBE. Miembro de la Sociedad Dominicana de Antropología; World Anthropological Union; Instituto Panamericano de Geografía e Historia; Federación Mundial de Estudios Culturales y Consejo Mundial de Académicos e Investigadores Universitarios. Autor de Antropología del Plátano y Cofradías Dominicanas del Espíritu. jonathan.deoleoramos@gmail.com

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