Así como existen amores que el viento no se lleva consigo, sino que los deja tranquilos, en un lugar muy adentro, donde crecen escondidos, con el tiempo, en un lugar recóndito del alma, sin que sepamos que están ahí. Hasta que llega el momento de la confrontación. También existe, ese momento preciso en que una imagen se convierte en el detonante fulminante de un proceso interno, que estaba por erupcionar. Entre secretos, recuerdos guardados, asuntos pendientes, frases inconclusas, viajes no acabados. El paisaje bogotano es, donde nací, donde todo comenzó y su recuerdo, para mí, es como volver al primer amor, ese que nunca fue consumado, que se mira de lejos, ese que fue arrancado o del que me arranqué.
Bogotá se construye a 2,600 metros de altura, sobre tierra ancestral de muiscas, que habitaban el altiplano antes de la llegada de los españoles. Centro político, económico y cultural, escenario y protagonista en la independencia contra los colonizadores españoles, en momentos dramáticos, como el Bogotazo, iniciando la época conocida como "La Violencia": enfrentamiento entre conservadores y liberales, represión estatal y violencia rural generalizada, numerosas muertes y desplazados campesinos. Una guerra civil, no declarada, emergía con un trasfondo de desigualdad económica y social, problemas de tenencia de tierras y concentración de la propiedad. A seguir: la desestructuración del campo, migración masiva a ciudades, radicalización política y surgimiento de insurgencia y contrainsurgencia: guerrillas como las FARC y el ELN, grupos paramilitares. En los años 1970 la economía de la cocaína era el motor paralelo y clandestino que movilizó a la capital, la corrupción y la violencia urbana según escribe J. Pearce desde el 'Interior del Laberinto'. Bogotá, en mi niñez, en los años 80 y 90, fue el epicentro de atentados, secuestros y guerras entre jugadores financiados por el narcotráfico y un Estado débil. En el año 2000 la ciudad seguía enfrentando desigualdad, violencia, inseguridad, productos del continuo conflicto armado y otras violencias. Es en ese contexto, en un clima de miedo, que parte de mi se quedó, y el resto me lo llevé.
Bogotá continúa siendo el centro político, económico y cultural. Ciudad diversa y resiliente que carga huellas de heridas profundas, y que continúa su trabajo interno de consolidación de paz, estabilidad y búsqueda de bienestar. Aquí somos parecidas.
Es aquí que retomo el preciso instante en que vi la obra "Arrancada de raíz", instalación del artista argentino Leandro Erlich, para la Bienal Internacional de Arte y Ciudad de Bogotá. Situada en el parque de Lourdes con la silueta de los cerros orientales de fondo. Algo se deslizó cerca del corazón, la fisura se abrió y fui muy adentro. Mi cuerpo se llenó de la memoria de todas las partidas, dentro de esa primera partida, la forma y la distancia de mi exilio encontraban finalmente el camino a mi conciencia. Como si ese preciso instante de confrontación con la obra hubiera capturado en un flash todo el tiempo desde mi partida hasta hoy. Una casa de ladrillo, en el aire. Mi casa, en el aire, con raíces gruesas y fuertes debajo de ella, que flotaba en el aire, suspendida por el brazo de una grúa. Mi raíz, mi cuerpo… sentí como si él me diera la respuesta a la adivinanza interna que no sabía que cargaba, entonces entré en ese nuevo saber, sin saber. Me sentí dentro, me sentí casa, allá arriba, en la distancia.
Y me abracé a una complicidad estrecha con la crónica de Rafael Escalona en su vallenato: "Te voy a hacer una casa en el aire, solamente pa' que vivas tú… el que no vuela no sube… como la casa no tiene cimientos, en el sistema que he inventado yo, me la sostienen en el firmamento, los angelitos que le pido a Dios. Voy a explicar cuál es el motivo de hacer esa casa en el aire, la única forma de vivir tranquilo porque el camino no lo sabe nadie". Cuánta sabiduría en un vallenato tan corto…
Y pensé en Atiq Rahimi, escritor afgano, que rumiando sobre el exilio, expande la idea de Ovidio según quien "el exilio es dejar el cuerpo atrás" a lo que Rahimi agrega "las palabras, sus secretos, sus gestos, su mirar, su alegría…" eso siento.

El exilio pasó por este cuerpo y aún no salió, no lo consiguió. Él ha sido una de las más grandes fisuras. El exilio, es la fisura.
Y si la vida en el exilio es un ir constante, detrás del cuerpo, buscando inconscientemente cada fragmento de él y él buscandome a mí, en cada encuentro sincrónico con esa raíz, que se disfraza de contacto con lo, con la, con el "colombiano", o aún más específico, con el bogotano, o lo que sea y quiera que eso signifique… Sigo descubriendo y dejandome sorprender de la manera en que el Arte me ayuda en mis propias búsquedas.
Para eso, esta bienal es un plato que como frío, después de, esta misma, acabar, en noviembre pasado y desde mi propia distancia… como homenaje al respeto por esa 'participación mística' en la que entré desde mi encuentro con esa primera obra y la conciencia que activó en mí, aún en movimiento. Ese espacio, esa distancia, entre la obra y yo, esté donde esté, es la imagen de mi relación con el exilio… ese exilio sostenido en el aire, en forma de casa con raíces en el paisaje agitado y dramáticamente bogotano. Es aquí, donde el Arte se torna la puerta a una dimensión más amplia de la existencia, abriendo la entrada al espíritu de lo profundo, desde el espíritu de la época o zeitgeist.
La Bienal Internacional de Arte y de la Ciudad de Bogotá surge como una iniciativa pública y, en su primera edición, plantea curatorialmente una visión crítica a la búsqueda simplista, desmedida, consumista y mercantilizada de la 'felicidad', desde la autoayuda. Por eso, bajo el título: Bogotá: Ensayos sobre la Felicidad, se observa apartir de las obras como el optimismo tóxico, la compasión idiota y el positivismo exacerbado, unilateralizado, suprimen síntomas, anulando la complejidad de la realidad del trabajo interno y la verdadera proeza existencial de atravesar las incesantes paradojas del existir. Con este planteamiento, el grupo curatorial conformado por José Roca, María Wills, Jaime Cerón y Elkin Rubiano señalan cuestionamientos sobre la felicidad, partiendo de diferentes aspectos, como: ¿cuáles son las promesas de tan aclamada y buscada felicidad?, ¿qué es el bienestar?, ¿el de quién?, ¿cómo se abre la vía para el goce?, ¿cómo se percibe desde la infancia?, el ocio, el carnaval, el juego, los rituales y la naturaleza. La fuente parlante es la ciudad, Bogotá. La Bienal se explaya por toda la ciudad con la intención de que sean ella y la vida vivida en ella las grandes obras a apreciar, con más de 200 artistas dentro del tejido curatorial, rico en muestras, performances en parques, instalaciones lumínicas en edificios, esculturas de gran dimensión en plazas, con libre acceso para todo público.
Mi intención es ver la ciudad desde el símbolo y a la Bienal como una entidad en desarrollo y un alimento para el alma de la ciudad. Es mi convicción que una Bienal que vincula la ciudad dentro de su eje espacial de protagonismo nutre, en lenguaje platónico, al anima mundi, el alma del mundo que atraviesa Bogotá y que permite a su público reconocerse dentro de esa misma alma. Como diría el psicoanalista James Hillman, presenciar y testimoniar la vivencia individual ante los objetos como realidades psíquicas. Objetos y obras cargan memorias al ser realidades psíquicas y nos vinculan. Ese vínculo va más allá de las personas, él llega al mundo natural, al paisaje como ser vivo, a lo simbólico. Esto es Arte como mediador de esa ánima, de esa alma, presente en toda la ciudad. Es de esta manera que yo entiendo el bienestar, a partir del libre y abundante acceso al arte, para ser confrontados con algo mayor, que deje en su rastro la conmoción de la belleza como misterio, juego, sensibilidad… para elaborar juntos, jugando.
El espacio público sería la piel de esta ciudad-cuerpo y es este mismo el que constituye el prerrequisito fundamental para la expresión, representación, preservación y elevación de la ciudadanía. La vida se sitúa y discurre en los espacios de la ciudad, es allí donde sus historias y su alma se alimentan y se sitúan simbólicamente y es en las rupturas de los modos impuestos a 'hacer vida' en el espacio público que las transformaciones ocurren… el arte las facilita.
Desde el mundo analítico junguiano, en una ciudad intensamente alimentada de conflictos y violencias, la sombra colectiva visita a diario la vida, por eso, a través del arte, se constituyen puentes de elaboración, aceptación e integración entre ella y todos los ciudadanos. Promoviendo apropiación, responsabilidad y misión ciudadana conjunta.
La vida está llena de polaridades, ella es placentera y dolorosa, justa e injusta, triste y alegre, siempre creativa…
Vinimos a la vida a integrar polaridades y vivir bien en esa paradoja. Qué mejor ejemplo que una sociedad como la colombiana con su tejido plural, conflictivo y resiliente para practicarlo. El sistema nervioso de ciudades como Bogotá opera desde el estar muy agitado, con malestar de vacío y falta de sentido existencial. El misterio seria, entonces, un camino para traer levedad y aventura. Él crece en el espacio entre arte y público. Al sistema nervioso le gusta el misterio que ocupa la energía psíquica en la aventura, ese tipo de aventura es habitada por el arte. Comprobando esto, la Bienal de Bogotá obtuvo récord máximo de visitas, con más de 3 millones de personas conectándose a las actividades y más de 400,000 visitando las diferentes sedes por la ciudad… el espíritu de lo profundo habla y es rotundo. Esta bienal marcó una pauta y mostró un posible futuro donde el Arte actue como un mediador colectivo de sombras, sea espejo y promueva una existencia urbana más jovial, alegre, cohesiva y placentera. ¡Grande y poderosa fisura!
La bienal reflejó para mi algo profundo e inaplazable de mi interior, desde la resonancia con una obra inserida hermosamente en un parque, a la intemperie. Todo esto con tan solo un contacto con la obra. La tierra se abrió, entre en la fisura, relocalicé y reafirme mi raíz, en el proceso de quebrar el vertigo escribiendo sobre Bogotá, entré en el tejido de la bienal, y celebraré seguir en su resonancia hasta la próxima bienal en el 2027!
¿vamos?
Palabras asociadas desde la raíz
Insondable – Ser – Poder – Curar – Horizonte – Inmarcesible – Pan – Alma – Raíz – Lenguaje – Verde – Recocha – Dicha – Tristeza – Lluvia – Alegría – Fe – Cándor – Primer amor – Tierra – Ardor – Olor – Sabor – Dolor – Imaginación – Luna – Frío – Arroz – Sumercé
Referencias
Martínez, A. (Oct. 2025). Entrevista a Elkin Rubiano. Co-curador de la Bienal Internacional de Arte y Ciudad.
https://bogota.gov.co/cultura/bienal-arte-ciudad (bogota.gov.co in Bing)
*(Evento cultural realizado entre septiembre y noviembre de 2025 en Bogotá)
Pearce, J. (1990). Colombia: Inside the Labyrinth. London: Latin America Bureau.
*(Autor correcto: Jenny Pearce, no “Perce Jean”)
Rahimi, A. (2018). A balada do cálamo. São Paulo: Editora Estação Liberdade.
Magaldi, W. (2010). Fundamentos da psicologia analítica. São Paulo: Editora Eleva Cultural.
*(Autor: Waldemar Magaldi, especialista en psicología junguiana)
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