Somos en relación a otros, a situaciones, lugares, tiempos. Como diría la crítica, filósofa y pedagoga brasileña Ana Thomaz, educadora y referencia en la crítica a los modelos tradicionales de enseñanza: "somos constituidos por ese espacio 'entre' que hace que el centro se desplace y se torne dinámico y flexible." Este pensamiento me acompaña visceralmente. Me ayuda a instaurar un orden de vida más compasivo.

Algunos años atrás, tomando un café en complicidad con el artista Polibio Díaz, en Santo Domingo, le pregunté qué desearía ser si estuviera en otra vida paralela y en otro tiempo. Él me respondió, con absoluta certeza y desparpajo, que, sin duda, sería un cortesano. Aquella frase quedó reposando en algún lugar de mi psiquis, como un tipo de reconocimiento a algún valor antiguo o a una promesa irracional atemporal. Polibio tenía ese poder y eso es parte de su misterio.

Años después, cuando me encontraba viviendo en Dakar, Senegal, durante una de mis conversaciones con Alberto Virella, quien era embajador de España en Senegal y presidente de la Asociación de Diplomáticos de España, en antelación a uno de mis proyectos curatoriales en el Instituto Cervantes durante la Bienal de Dakar, él me reiteraba que dentro de su estrategia de vida, para crear comunidad en cada misión, su modus operandi como embajador era hacerse amigo de curadores y frecuentarlos, pues admiraba la visión curatorial de las cosas y la manera tan hábil de los curadores de establecer vínculos y conexiones entre asuntos, objetos, teorías y elementos.

Su candidez me tomó por sorpresa y mi respuesta fue invitarlo a participar como creador de una obra en dupla con un artista caribeño para el proyecto en el que estaba trabajando en ese momento. Él aceptó y se dejó guiar por mis prerrogativas curatoriales. Fue en ese momento que entendí más a fondo el poder de las conexiones y el sentir de una reivindicación que me visitaba desde algún lugar ancestral.

La premisa que él me había revelado quedó gratamente instalada, en resonancia con algún espacio psíquico muy personal. Pensé en cuán interesante era su visión, más aún viniendo de alguien que solía señalar y denunciar la corrupción y el deterioro institucional de las condiciones laborales en el mundo diplomático español.

Y es justo aquí donde llega Eros, dios del amor, el deseo y la atracción para los griegos. Sin embargo, este arquetipo tiene muchas más capas simbólicas e históricas que van más allá de lo sensual y sexual. Mi interés en Eros, además de mi experiencia con su fuerza, se nutre del alimento esencial que el propio Eros acciona cuando se centra en el vínculo: las conexiones, las relaciones con todo y la expansión que se da a través de ellas. Es en el caminar de la vida, lleno de creaciones e inflexiones, que aprendemos que si queremos encontrar algo mayor, debemos buscar nuestro propio mito, no el de otros, y es justo ahí cuando encontramos voces resonantes. Una de ellas es la del psiquiatra suizo Carl Jung, que estimula el desenvolvimiento del potencial de vida a través del proceso de individuación, definido por él como el proceso mediante el cual una persona se convierte en sí misma, alcanzando así la integración de sus aspectos conscientes e inconscientes. En otras palabras, sería el proceso encaminado a lograr la destilación de la verdad de cada cual, con conciencia de lo claro, lo oscuro y lo posiblemente invisible o secreto para sí mismo; un modo de accionar un dispositivo de limpieza para aclarar la neblina de la visión interior.

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Ana mendieta, Imagen de Yagul, 1973.

Regresando a Eros y a lo erótico, y su "delimitación conceptual", esto ha sido tomado y definido intelectualmente de muchas formas que en su mayoría han reducido su sentido. El neurólogo alemán Sigmund Freud lo veía como una pulsión sexual inconsciente; el filósofo francés Georges Bataille lo veía como una práctica de transgresión y una ruptura de límites; el historiador francés Michel Foucault lo percibía como una construcción atravesada por el poder y el control de las instituciones, perseguidoras del deseo y la subjetividad. Para la filósofa francesa Simone de Beauvoir el erotismo estaba vinculado a la libertad y a la opresión de género; para la antropóloga estadounidense Gayle Rubin el erotismo es definido como un campo de batalla político-cultural; para el sociólogo alemán Max Weber el erotismo eran emociones y deseo. Luego la poeta estadounidense Audre Lorde expandió el alcance de lo erótico más allá de lo sexual, hacia una energía profunda y un recurso de sabiduría transformadora y emancipadora.

En su mayor parte, lo erótico ha sido disminuido a impulsos sensuales y sexuales, lo cual representa solo una parte dentro de un entramado muchísimo mayor. Es aquí donde mi sentir va alineado con el pensamiento de Audre Lorde y el del biólogo y filósofo Andreas Weber, que entiende lo erótico como la fuerza que sostiene la vida, el principio de conexión, creación y reciprocidad, sobre el cual prosperan la palabra, el arte y la confianza… con el amor siempre en el centro. Él lo describe así: "Amor es el acto de dar vida, nada más y nada menos. Esta acción es una experiencia; para ser experiencia no puede ser solo sentimiento, tiene que tener el ser y el estar, en presencia. Por lo tanto, intercambiar el regalo de la vida es una acción. Es la práctica fundacional de la realidad." Y es a partir de ahí, de este entramado de relaciones sensibles, de vínculos en expansión, que llegan de nuevo las palabras del artista Polibio Díaz con su deseo de ser cortesano, entrelazadas al deseo de vínculo con el mundo de los curadores desde la visión y las palabras del antiguo embajador de España en Senegal, Alberto Virella.

Uniendo momentos como puntos, en forma de triángulo, en mi propio caminar de vida, algunos años después, en São Paulo, Brasil, cuando estaba presentando mis experiencias curatoriales ante un grupo de estudio latinoamericano de arte y discursos contemporáneos, me vi siendo llamada "cortesana", en tono acusador, por uno de los participantes del grupo, un curador chileno cuyo nombre no recuerdo y quien parecía tener muchos problemas con el sentido erótico del oficio curatorial y mi praxis internacional. Confieso que en ese momento no recordé a Polibio Díaz; sentí el comentario como proveniente de una suerte de inquisición del arte y, además, mi propia observación sobre el oficio curatorial estaba en un periodo más frugal e ingenuo como recién llegada a Brasil. Por lo tanto, confieso que me sentí ofendida al imaginar que otro curador latinoamericano me llamaría "cortesana" con tal juicio. Me pareció una falta de respeto, una insinuación brusca y bruta, y me retiré del dichoso grupo de estudio pseudofundamentalista, liderado por el curador cuyo nombre olvidé… y continué con mi praxis curatorial vincular, siguiendo mi intuición, como siempre.

Y ahora, algunos años y con unos cuantos tramos más de recorrido, siento y pienso desde la vida vivida que ese curador de dudosas intenciones (sin saberlo) fue un útil recordatorio del poder del vínculo y su potencia al recorrer y cruzar lenguas, territorios, sabores, texturas… y activó, en el fondo más profundo de mi ser, un alivio y una reivindicación de mi camino de vida y de curadora.

Es ahora que entiendo que el mundo diplomático, así como en el pasado el mundo cortesano medieval, renacentista o barroco, guarda una gran posibilidad de erotismo cuando reverbera en la esencia de la conexión, expansión y creación. Y que quienes nos llamamos y creemos en nuestro llamado curatorial somos, irremediablemente, seres de vínculo, y la potencia de este "poder" está en cómo, cuándo y dónde decidimos hacer uso de ese potencial y con qué sistema ético nos decidimos alinear.

Y, sí, ser curador, como yo lo concibo y lo experimento a diario, guarda dentro de sí una esencia ambulante, cortesana y diplomática, al mismo tiempo que es un ejercicio profundamente erótico.

Parecería, entonces, que este es el tipo de ejercicios que estos tiempos nos están pidiendo…

¿Vamos entonces a entrar en ese lugar? ¿Vamos a mediar en conflictos, para así unir, conectar y sublimar existencias?

¿Vamos a ser más eróticos y cultivar el arte de vivir en conexión?

El arte es un gran maestro en estos andares…

Mi camino va por ahí… ¿y el suyo?

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Hector Hyppolite. Ezili and her earthly court, 1946

Referencias:

Freud, Sigmund. Tres ensayos sobre teoría sexual. Madrid: Alianza Editorial, 1992 (original 1905).

Bataille, Georges. El erotismo. Barcelona: Tusquets Editores, 1997 (original 1957).

Foucault, Michel. Historia de la sexualidad I: La voluntad de saber. México: Siglo XXI Editores, 1976.

De Beauvoir, Simone. El segundo sexo. Buenos Aires: Sudamericana, 1949.

Rubin, Gayle. "Thinking Sex: Notes for a Radical Theory of the Politics of Sexuality." En Pleasure and Danger: Exploring Female Sexuality, editado por Carole S. Vance. Boston: Routledge & Kegan Paul, 1984.

Weber, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Madrid: Alianza Editorial, 2003 (original 1905). (Aunque no trata directamente el erotismo, Weber analiza la racionalización de la vida, incluyendo la regulación del deseo y la sexualidad en la modernidad).

Lorde, Audre. Uses of the Erotic: The Erotic as Power. En Sister Outsider: Essays and Speeches. Berkeley: Crossing Press, 1984.

Weber, Andreas. Biopoetics: Towards an Existential Ecology. Durham: Duke University Press, 2016.

Aurora Martínez

Historiadora, investigadora, curadora y crítica de arte. Como educadora y directora de La Salvaje – Narrativas Curatoriais, exploro el arte como evidencia histórica y como herramienta de transformación personal y colectiva. Mi práctica se sitúa en la intersección entre pedagogía poética, memoria y procesos comunitarios. He liderado proyectos curatoriales en el Caribe, África y las Américas, colaborando con instituciones culturales, académicas y territorios diversos. Actualmente resido en São Paulo, donde continúo desarrollando iniciativas que cruzan arte, educación y pensamiento crítico.

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