La exhibición aéreo-poética de Carlos Wieder
En la primera parte de este artículo, mencioné, de paso, que el poeta asesino, Carlos Wieder, realizaba exhibiciones aéreas en las que escribía versos de su autoría, con humo, en el cielo. Bolaño se basó en los experimentos de poesía aérea hechas por el poeta chileno Raúl Zurita en las décadas de los 80 y 90: “En 1982, junto al Colectivo de Acciones de Arte (CADA), el poeta (Zurita) consigue que cinco aviones tracen con humo blanco en el cielo de Nueva York los quince versos de su poema ´La vida nueva´”. El poema iniciaba con la frase: «MI DIOS ES…». Después, aparecían palabras como hambre, nieve, pampa, desengaño, carroña, paraíso, chicano, cáncer, vacío, herida, ghetto y dolor. El performance poético fue filmado por el artista Juan Downey.
El narrador de la novela Estrella distante, Arturo B., alter ego de Roberto Bolaño, describe así las acrobacias líricas de Weider: “Lentamente, por entre las nubes, apareció el avión (…) Y ahí, en las alturas, comenzó a escribir un poema en el cielo. Al principio creí que el piloto se había vuelto loco y no me pareció extraño. La locura no era la excepción en aquellos días (…) Letras perfectamente dibujadas de humo gris negro sobre la enorme pantalla de cielo azul rosado que helaban los ojos del que las miraba…” (35-36).
Weider, piloteando el avión, también escribió versos del Génesis de la Biblia en latín: EN PRINCIPIO… CREAVIT DEUS COELUM ET TERRAM/TERRA AUTEM ERAT INANIS… ET VACUA… ET TENEBRAE ERANT… SUPER FACIEM ABYSSI… ET SPIRITUS DEL… FEREBATUR SUPER AQUAS (“En el principio… creó Dios el cielo y la tierra. Pero la tierra estaba desolada… y vacía… y las tinieblas estaban… sobre la faz del abismo… y el Espíritu de Dios… se cernía sobre las aguas”). Que un asesino cite la Biblia parece a todas luces una contradicción, pero lo que Wieder plantea con esta escritura es convertir el cielo en un espacio de poder y violencia, lo que recuerda los “vuelos de la muerte”, en los cuales tiraban prisioneros al mar desde un avión. En la novela, la poesía deriva en crimen.
Wieder fue un admirador del movimiento salvadoreño denominado “poesía bárbara” y que él rebautizó como Escritura Bárbara. La “poesía bárbara” de los poetas salvadoreños era de ruptura, agresiva, coloquial y contracultural, y no tenía nada que ver con violencia y crimen. Sin embargo, Wieder toma la ruptura y la agresividad para construir su ethos político y poético. Me viene a la mente la cita de Walter Benjamin: “No hay documento de cultura que no lo sea, al tiempo, de barbarie”. La poesía de Weider es cultura y barbarie.
La exposición fotográfica o la estetización de la violencia
En otros capítulos de la novela, Carlos Wieder realizó una exposición fotográfica en la habitación de huéspedes del apartamento de un amigo militar, en Santiago de Chile. Las fotos consistían en mujeres torturadas, mutiladas y asesinadas. Casi todas las fotos tenían el mismo fondo, posiblemente tomadas en Villa Grimaldi, centro clandestino de detención, torturas y desaparición y que en la novela se llama “paradójicamente” “La Peña”, porque una peña es también una reunión de amigos para hablar de literatura y cultura. Según el narrador, “Las mujeres parecen maniquíes, en algunos casos, maniquíes desmembrados, destrozados, aunque Muñoz Cano no descarta que en un treinta por ciento de los casos estuvieran vivas en el momento de hacerles la instantánea. Las fotos, en general (según Muñoz Cano), son de mala calidad, aunque la impresión que provocan en quienes las contemplan es vivísima”.
Con esta exposición, Wieder propone una “estetización de la violencia”. Tanto su poesía como su exposición constituyen la “barbarie” misma. El poeta excluye, a través del asesinato, a sus oponentes, entre ellos, a las hermanas Garmendia, que eran las mejores poetas del taller. En la figura del superhombre nietzscheano, cada sociedad produce su poeta-monstruo y el de Chile, al menos en la novela, fue Carlos Wieder. El Poeta del mal, de un “Mal absoluto”, pero banal en su mediocridad, como diría Hannah Arendt, se convierte en el Anticristo de la poesía ¿Cómo coexisten el poeta y el asesino en un mismo individuo? ¿Es el poeta quien se convierte en monstruo a causa de su narcisismo o el monstruo el que se convierte en poeta, como máscara de su propia banalidad? He ahí la cuestión. Pero lo cierto es que los dos coexisten en la misma persona.
Conclusión
En su ensayo “Malestar en la literatura: escritura y barbarie en Estrella distante y Nocturno de Chile de Roberto Bolaño”, Ignacio López-Vicuña propone que “Estrella distante … presenta una coexistencia entre la literatura y la barbarie, y que el autor desarrolla una visión anti-humanista de la literatura, según la cual esta es cómplice de una ideología bárbara y fascista” (199). De esta manera, López Vicuña desmitifica el aura romántica e idealista que ha rodeado la literatura, en general, y la poesía en particular. Si recordamos la cita de Walter Benjamin, “No hay documento de cultura que no lo sea, al tiempo, de barbarie”, para Bolaño no existe una oposición entre civilización y barbarie; la “civilización” es barbarie. La poesía no forma parte de un humanismo abstracto; no contribuye a mejorar moralmente a los sujetos, es decir, entre los poetas podemos encontrar también a personas corruptas y delincuentes. Finalmente, la propuesta tanto de Bolaño como de López Vicuña es radical: la poesía, al menos cierto tipo de poesía, puede contribuir a la deshumanización.
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