La literatura caribeña se caracteriza por su riqueza lingüística, su diversidad cultural y su profunda conexión con las realidades sociales de los pueblos. En este contexto, el poema Rabiaca del haitiano que espanta mosquitos, de Rubén Suro, constituye una expresión auténtica de la oralidad popular y de la identidad afrocaribeña. A través de un lenguaje fonéticamente representado, el autor recrea la voz de un sujeto marginado que, desde su cotidianidad, enfrenta una situación aparentemente trivial —la presencia de mosquitos— pero que, en realidad, revela tensiones sociales, raciales y culturales más profundas.

Este ensayo tiene como propósito analizar los principales temas presentes en el poema, tales como la identidad cultural, el uso del lenguaje como instrumento de resistencia y la representación de la marginalidad. Asimismo, se examinará cómo el autor utiliza el humor, la exageración y la oralidad para construir una crítica implícita a los prejuicios raciales y a las desigualdades sociales. Para sustentar estos argumentos, se citarán versos del poema que evidencian dichas problemáticas.

Uno de los aspectos más relevantes del poema es el uso del lenguaje popular como mecanismo de representación de la identidad cultural. Desde el inicio, el hablante lírico se expresa mediante una fonética que imita el habla de un haitiano o de un sujeto afrodescendiente en el Caribe: “¡Madite moquite! me tiene fuñíe con ese sunbíe que no pue aguantá” (Suro, s.f.). Este tipo de escritura no solo reproduce una forma de hablar, sino que también refleja una identidad marcada por la marginalidad lingüística.

El uso de esta variante lingüística puede interpretarse de dos maneras. Por un lado, puede ser visto como una forma de estigmatización, al representar el habla del personaje como incorrecta o deformada. Sin embargo, también puede entenderse como una reivindicación de la oralidad popular, otorgándole visibilidad a una voz que tradicionalmente ha sido excluida de los discursos literarios formales. En este sentido, el poema funciona como un espacio de expresión para sujetos subalternos.

Otro elemento fundamental en la obra es la relación entre el hablante y el mosquito, que actúa como una metáfora de las tensiones sociales y raciales. El mosquito, aparentemente insignificante, se convierte en un símbolo de molestia constante y de agresión: “yo quema oja seque, a be si se ba… y él pasa muy cerque de mi negre piel” (Suro, s.f.). Aquí se introduce explícitamente la referencia racial, al mencionar la “negra piel”, lo que sugiere que la experiencia del hablante está atravesada por su condición racial.

La insistencia del mosquito también puede interpretarse como una representación de las dificultades cotidianas que enfrentan las personas marginadas. A pesar de los esfuerzos del hablante por ahuyentarlo —“yo quema papel, yo quema de to…” (Suro, s.f.)—, el insecto regresa una y otra vez, simbolizando la persistencia de los problemas sociales que afectan a estos grupos.

Además, el poema incorpora elementos de humor y exageración que contribuyen a suavizar la crítica social. El hablante recurre a amenazas desproporcionadas contra el mosquito: “¡Yo te caiga a pale… y te meta un bale de mi revolvite pa matá moquite!” (Suro, s.f.). Estas expresiones, aunque cómicas, reflejan un sentimiento de frustración acumulada. El humor, en este caso, funciona como una estrategia para canalizar la impotencia ante situaciones que escapan al control del individuo.

Asimismo, el poema pone de manifiesto creencias culturales y prácticas tradicionales, como la referencia a “Papá Bocó”: “Yo resa oracione a Papá Bocó, y el moquite fuese… y luegue bobió!” (Suro, s.f.). Este elemento introduce la dimensión espiritual y religiosa del personaje, evidenciando la influencia de prácticas sincréticas propias del Caribe. La ineficacia de estas prácticas frente al problema del mosquito puede interpretarse como una crítica a la falta de soluciones reales ante los problemas cotidianos.

Otro aspecto relevante es la presencia de prejuicios raciales internalizados. El hablante le dice al mosquito: “buca gente blanque pa que te de gute… que si pica un negre te pue enbenená” (Suro, s.f.). Esta afirmación revela una percepción negativa de la propia identidad racial, lo que sugiere la existencia de un racismo interiorizado. Al mismo tiempo, también puede interpretarse como una forma de resistencia irónica, en la que el hablante invierte el discurso discriminatorio para protegerse simbólicamente.

El cierre del poema refuerza esta ambivalencia entre humor, crítica y resignación. El hablante, agotado, le pide al mosquito que deje de molestarlo: “oye buen moquite… ¡no me sumbe má!” (Suro, s.f.). Esta súplica final refleja una mezcla de cansancio y aceptación, lo que evidencia la dificultad de escapar de las condiciones que afectan su vida.

En conjunto, el poema presenta una visión compleja de la realidad social, en la que se entrelazan elementos culturales, lingüísticos y emocionales. La figura del mosquito, aunque simple, se convierte en un recurso simbólico poderoso que permite al autor abordar temas como la desigualdad, la identidad y la resistencia.

En conclusión, Rabiaca del haitiano que espanta mosquitos es una obra que trasciende su aparente simplicidad para ofrecer una profunda reflexión sobre la identidad cultural y las condiciones de vida de los sectores marginados en el Caribe. A través del uso del lenguaje popular, el autor logra representar de manera auténtica la voz de un sujeto que enfrenta tanto problemas cotidianos como tensiones sociales más amplias.

El poema destaca por su capacidad para combinar humor y crítica social, utilizando la figura del mosquito como símbolo de las dificultades persistentes en la vida del hablante. Asimismo, pone de manifiesto la importancia de la oralidad como forma de expresión cultural, al tiempo que evidencia los prejuicios y las contradicciones presentes en la construcción de la identidad racial.

Desde una perspectiva crítica, la obra invita a reflexionar sobre la manera en que la literatura puede servir como medio para visibilizar realidades marginadas y cuestionar las estructuras de poder que perpetúan la desigualdad. En este sentido, el poema no solo entretiene, sino que también educa y provoca una reflexión sobre la sociedad en la que se inserta.

Finalmente, esta obra demuestra que incluso las situaciones más cotidianas pueden convertirse en vehículos de expresión literaria y en herramientas para el análisis social. A través de la voz del hablante, el lector es invitado a comprender una realidad compleja y a reconocer la riqueza cultural que se encuentra en las formas de expresión populares.

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La autora es estudiante de la Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).  bielkatejada@gmail.com

 

EN ESTA NOTA

Bielka Tejada

Estudiante de letras

Bielka Tejada es estudiante de la Licenciatura en Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). bielkatejada06@gmail.com

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