Siempre he dicho que las bienales de arte son espacios donde me siento en casa. Me pregunto si será porque, según mi percepción, son espacios donde todas las dimensiones y los tiempos confluyen, dejando sentir la atracción y flujo magnético del anima mundi (alma del mundo), donde el espíritu de la época, el unus mundus (todo en conexión) y el espíritu de lo profundo conspiran en similitud y/o contraste para dar, a los atentos, un bocado de lo que es la realidad y cómo las imágenes trazan caminos de persistencia por los tiempos.
Puede ser también porque veo en estos lugares recintos en servicio a la imaginación, una manifestación viva de muchas fuerzas, corrientes y energías, que aunque ancladas a un territorio, aun así son capaces de atravesarlo y así conducir cuerpos, pensamientos, emociones, intuiciones, espíritus, hasta el límite de su albedrío y autonomía…
También siento que mi idea de casa proviene de un lugar mayor que la noción de nación… Algo que el gran inconsciente permite percibir en una bienal… más allá de los pabellones nacionales, aún entidades de jure.
La Bienal de Venecia es el palco del inconsciente, donde el teatro del mundo se muestra como un microcosmos. Institución derivada de las ferias internacionales. Estas vitrinas de "progreso", industria y cultura marcaron el modelo de los eventos internacionales que posteriormente inspiraron la creación de la Exhibición Internacional de Arte, como era el nombre inicial de la bienal en 1895, siendo un proyecto del ayuntamiento de la ciudad de Venecia, y siguiendo el lineamiento de exhibir para el mundo el arte y cultura de Italia. Posteriormente, en 1907, con la creación de los pabellones nacionales, la exhibición internacional se fue perfilando como instrumento político y vitrina cultural que se hará oficial durante los años 1930, en pleno auge de la agenda fascista de Mussolini. Es en este momento donde la historia y el deseo del dirigente italiano cambian el nombre de la exhibición internacional a Bienal de Arte, además de darle estatus oficial de "ente autónomo de derecho público", es decir, una entidad bajo control estatal: base del corporativismo (esquema sine qua non del sistema fascista).
Complicadísimo legado característico de una arquitectura institucional pensada y construida sobre estructuras de control estatal y propaganda fascista…
Con esto dicho, mi foco aquí está en la fisura o posibles fisuras que emergen en contraste, respuesta o que, sorteando los obstáculos, van más allá de la institución escapando del control, emergiendo vibrante en un espacio de soberanía que busca autonomía, sensibilidad e implicación en la vida, más allá de la muerte… (como la verdad que Inanna y Perséfone rescataron, atravesando la muerte y llegando a la vida, en acción). Ahí es donde yo me siento parte y en sintonía, en la manifestación viva del llamado del espíritu de lo profundo, que atraviesa el espíritu de la época, danzando con la potencia de las imágenes (no solo visuales) sonoras, táctiles, invisibles que me conectan con otro estado de conciencia más amplio: el del cáliz del alma del mundo, en confronto a una época marcada por violencias de exclusión e intolerancia fatales. Dentro de este marco crítico, las fisuras se hacen profundas y se mueven para transformar las formas:
En la última semana y días previos a la inauguración de la bienal, el jurado que otorga el premio de la bienal (el León de la Bienal) renunció, acabando con el premio y extinguiendo la vida del "León del jurado" en esta edición, como respuesta a la fundación de la bienal, ante la falta de compromiso en defensa de los derechos de palestinos, dando reconocimiento a estados perpetradores de violencia y crimen en nombre del Estado-nación Israel y no comunicándose en contra de los estados violentadores como Rusia o Estados Unidos…
El mismo día, el colectivo feminista ruso "Pink Pussy" actuó con una manifestación contundente y colorida frente al pabellón de Rusia, a lo que la crítica y curadora Chuz Martínez llamó un momento mágico de solidaridad y poesía en protesta por la vida. Más tarde, el mismo día, los curadores asignados por Koyo Kouoh, quien murió meses después de ser designada curadora de la bienal (primera mujer negra y africana), organizaron un homenaje a modo de cortejo fúnebre, pero que emanaba alegría de vida, potencia y mística en el cual los artistas y colegas invocaban el espíritu de Koyo, cantaban y marchaban juntos… como una delegación africana de sueños, declamando poesía, reviviendo a los muertos… un caravan of poetry / caravana de poesía, como el desfile de una cofradía llenando su espacio y con este el espacio de la humanidad… invocando verbos a la acción. Solo verlo en videos enviados por amigos artistas o curadores participantes ya me dejó en otro estado de conciencia… me sumergió en la fisura… recordándome que de la sombra siempre guarda el potencial que emerge en la belleza con la que vivimos, por la que vivimos y sobre la cual basamos nuestra existencia.
La fisura solo continúa agudizándose con protestas en toda Venecia contra el genocidio, la falta de compromiso y coherencia de la fundación en sus posicionamientos…
Justo en este momento en que estoy escribiendo este texto, los artistas de la exhibición principal acaban de renunciar a ser considerados para el premio del "León de los visitantes" (recurso que la presidencia de la bienal instauró hace unos días como respuesta a la renuncia del jurado), otro león extinto.
La fisura y el fruto en el fondo del submundo están en la esencia del posicionamiento curatorial que plantó Koyo In Minor Keys, incitando a disminuir la velocidad, ver, escuchar, sentir, reflexionar, sacudiendo el cuerpo con la poesía, trayendo la vida con la poesía, de poetas que ya murieron pero que activan nuestros cuerpos en un llamado a implicarnos con la vida en sensibilidad y belleza, a escuchar y atender para actuar en belleza también.
Es así que la fisura se sumerge en el inconsciente y va organizándonos para vernos y ver el mundo con calma, belleza, paciencia… amor.
Y así, la historia continúa desenvolviéndose.
Sin embargo, por ahora vamos a trasladarnos 9.300 km de Venecia a otra Venecia, en Bogotá, Colombia. Aquí, a 2.600 metros sobre el nivel del mar, Venecia es un barrio localizado al sur de Bogotá, diseñado en los años 1950, como proyecto urbano de viviendas populares de clase media baja o, en términos y clasificación bogotanos: estrato 3 o 2 (manera en números de 1 a 6 en que se asigna la proveniencia socioeconómica) a partir de la localidad y características de la vivienda de los bogotanos. Siendo 1 el estrato más bajo y 6 el más alto.
Esta Venecia también fue el epicentro de otra bienal. La Bienal de Venecia de Bogotá (BVB) surgió en 1995 como fruto de un juego de palabras digno del humor colombiano, en relación con su homónima en Italia, pero con planteamientos diferentes, pues surge en respuesta a los modos elitistas de operar de las instituciones responsables de la promoción artística en el país. El interés primordial era plantear una relación más fuerte de los artistas participantes con la localidad y extender los públicos en el contexto de la realidad del barrio Venecia. El barrio era el tema central. Este proyecto nació en medio de un contexto de crisis y violencia muy aguda en Colombia, presa de una profunda desigualdad social y elevados niveles de pobreza, agregando a esto que tras la muerte de Pablo Escobar, el centro de poder de los carteles de la droga se trasladó a Cali, enfatizando la narcocorrupción en el país debido a las dinámicas de soborno e influencia del mismo con los entes políticos. La Bienal de Venecia de Bogotá fue el resultado de un entusiasmo de autogestión del colectivo artístico "Matracas", liderado por el artista, curador y crítico de arte bogotano Franklin Aguirre.
La Bienal de Venecia de Bogotá cobró mucha fuerza con el pasar de los años. Había sido considerado que acontecería eventualmente; no obstante, se fue expandiendo y recibiendo más participación de artistas locales, tanto de artistas internacionales consagrados, con importante soporte en la pedagogía. El arte fue un vehículo dinámico y diverso que permitió intercambios inclusivos y fructíferos para la localidad de Venecia. Con el pasar de los años, además de crecer, se fue especializando también, requiriendo una línea curatorial y la creación de un salón de artistas en la localidad. El ambiente, según su conceptualizador Frank Aguirre, era de camaradería local e internacional, como un cultivo experimental educativo. No obstante, la rapidez y el nivel de interés en ella la tornaron una bienal que se desbordó de las manos de los gestores, al no tener cómo sustentar su nueva dimensión. La última versión fue en 2016, no aconteciendo más ediciones desde entonces.
Esta es una breve sinopsis de 20 años de un proyecto de fisura así… un entusiasmo genuino, poético, rico y expansivo, cuya gestión de recursos fue la piedra que imposibilitó continuidad…
No obstante, su existencia y su persistencia durante dos décadas, dentro de un contexto tan violento como el de Colombia en esos años, es evidencia de que el arte es un gran motor de cohesión comunitaria y el pretexto perfecto para vivir una vida acompañada por estructuras que sustentan la poesía, tan inevitablemente visceral para sobrevivir y seguir viviendo.
Más preguntas emergen, yo seguiré indagando a fondo… Por ahora celebro esos entusiasmos a los que llamo fisuras que, en su ritmo y a su velocidad, surgen adentro y afuera de instituciones y seguirán apareciendo, inevitablemente, para salvarnos y para hacernos partícipes activos de alternativas, en vez de dejarnos perecer en el negativismo del espíritu de la época.
La vida es fisura, una herida abierta y la sensibilidad para sentirla… Entonces, vamos mejor por ahí y sigamos aprendiendo a través del arte en el camino. ¿No le parece?
Referencias:
Martini, V. (2024, marzo 8). The responsibility of a cultural institution. NERO Editions. Recuperado de https://neroeditions.com
Aguirre, F. (2009, octubre). La Bienal de Venecia de Bogotá – BVB. Revista Plus (Concepción, Chile). ICAA Documents Project, Museum of Fine Arts, Houston.
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