La actividad histórica, literaria, lingüística y cultural dominicana se apoya y tiene su correspondencia en los textos verbales producidos por escritores que son denominados poetas, novelistas, cuentistas, ensayistas, autores dramáticos, cronistas y otros que activan y desarrollan la escritura y la lectura.
Leer la literatura dominicana de ayer y hoy significa producir un encuentro entre la obra escrita y la obra consumida o leída por el lector. La lectura de una obra literaria revela contenidos, acciones, visiones y contextos sociales que motivan ideas y contextos sociales que motivan, informan y sitúan al lector en una producción-productividad literaria determinada como:
Camino Real (su primer libro de cuentos, publicado en 1933), Leyendas dominicanas (relatos de corte histórico y tradicional), de Juan Bosch; Páginas efímeras (colección de cuentos), Memorias de un hombre solo (novela psicológica sobre la ludopatía), En el umbral del infierno (novela negra y de suspenso), de Luis R. Santos; Papeles de Astarot (novela ganadora del Premio Nacional de Novela), Bachatas del ángel caído (originalmente novela, aquí referida en su formato de teatro… y otros), de Pedro Antonio Valdez; Ramón Marrero Aristy, autor de la emblemática novela social Over; Tulio M. Cestero, autor de La sangre, una de las novelas históricas más importantes del país; Abigaíl Mejía, autora de la novela Sueña Pilarín; Freddy Prestol Castillo, autor de la novela póstuma Pablo Mamá; Federico García Godoy, cuyo nombre aparece vinculado al ensayo o corriente del americanismo literario; Pedro Peix, autor del libro de cuentos El fantasma de la calle El Conde; Rafael Damirón, autor de las crónicas e historias de corte tradicional Cronicones de antaño.
Estos textos narrativos revelan el universo rural y urbano de la República Dominicana. Pero también revelan un paisaje cultural que nos informa sobre la identidad local o las identidades locales del país.
En efecto, los textos literarios dominicanos muestran también los diversos niveles de lengua utilizados por el escritor y por el lector. Todo lo cual implica el hecho de que el escritor utiliza la lengua como mediación, comunicación verbal en niveles elegidos; verbalización de las situaciones sociales o históricas; verbalización o inscripción de los mundos sociales e imaginarios dominicanos.
Este hecho es indicador de una cultura inscrita en un determinado nivel de desarrollo de la actividad editorial en la República Dominicana y en un determinado nivel de consumo verbal por parte del lector dominicano.
La significación de este proceso literario y cultural hace posible un desarrollo de la lectura y producción de textos verbales en la República Dominicana, siendo así que, a través de los textos llamados literarios, «habla» la sociedad, el sujeto, la historia y la cultura dominicana misma.
Se conoce que, en la primera y la segunda repúblicas, entre 1844 y 1900, la actividad del escritor estuvo ligada a la política, a la historia, al testimonio, la crónica y la producción escrita en verso y prosa, ambas propiciadoras de juicios, argumentos, opiniones y visiones que, desde la literatura entendida como práctica civil, asimilan el lector y el escritor de todo el siglo XX (y lo que va del siglo XXI).
Ya a comienzos del siglo XX se liberaliza la actividad literaria, formativa y editorial. Se empieza a desarrollar una escritura y modos de leer ligados a la actividad educativa y de formación pública. Esto hará posible cierto tipo de instrucción social, pero al mismo tiempo cierto grado de desarrollo de la institución literaria dominicana, así como de la cultura escrita apoyada por publicaciones, actividades editoriales, respeto por la lengua, promoción de ideas literarias, promoción de escrituras y promoción de escritores.
Textos hispanoamericanos
Una tradición filológica y crítica en el tratamiento de los textos hispanoamericanos y caribeños hace que estos cobren su valor en tiempo, espacio y desarrollo. La enseñanza y difusión de la cultura de la literatura hispanoamericana tiene sus características, que normalmente nos vienen dadas por los llamados estudios hispánicos comparativos.
De ahí que la lectura de los diversos productos verbales hispanoamericanos se realice desde muchas vertientes de la investigación y el estudio: desde la antropología, la mitología, la religión, la historia social y otros.
De esta suerte, debe tenerse en cuenta que los estudios lingüísticos, literarios y la enseñanza de la literatura se han manejado también desde algunas tendencias e ideas teóricas de la literatura: desde la estilística, la lingüística romántica, el psicoanálisis, el formalismo ruso, la sociología de la literatura, el estructuralismo, la fenomenología, la semiótica, la hermenéutica y otras tendencias.
La literatura hispanoamericana ha sido leída desde todas las tendencias anteriores y desde otras que permiten la apreciación del conocimiento del fenómeno literario.
Las creaciones literarias en Hispanoamérica están marcadas, desde la lectura, por diversas relaciones: lengua-cultura, lengua-pensamiento, lengua-sujeto y otras.
Son las relaciones anteriores las que van a determinar los diferentes procesos y resultados de lectura propiciadores de valores estilísticos, estéticos, sociales, políticos, formales, temáticos y contextuales de los productos verbales genéricos, denominados comúnmente novela, cuento, poesía, drama, testimonio, crónica, ensayo y otros.
Se deduce entonces de este proceso complejo de formación de la lectura en el contexto hispanoamericano que la base del desarrollo literario y verbal parte de la formación y formatividad de los lectores, pero también de los propiciadores, editoriales y publicitarios de la literatura hispanoamericana determinada en tiempo y geografía.
Textos universales
Se podría decir que el conjunto de todas las literaturas nacionales y epocales constituye la literatura universal en su variedad de autores, mundos, obras y sujetos lectores.
La literatura universal se conforma en el contexto de sociedades, épocas, tendencias, formas, estilos y productos literarios representativos en el tiempo, el espacio, la lectura y los movimientos sociales y culturales. Esta conformación y entendimiento de las obras universales se debe también al surgimiento de estructuras, funciones, crisis de la escritura, ciclos literarios variables, producciones textuales en un mismo sentido o en diferentes sentidos, evolución de la institución literaria y otros aspectos o asuntos que comportan los valores de los textos universales.
En este sentido, La Biblia, el Corán, el Tao Te King, el I Ching, el Kalevala, los textos del Zend Avesta, Las mil y una noches, El Decamerón, La Divina Comedia y los relatos de Calila y Dimna, entre otros, conforman toda una tradición de la lectura y la escritura que contribuirá al desarrollo de los procesos sociales, formativos, textuales, lingüísticos y estéticos.
Aunque no se haya establecido aún una cronología definitiva de la literatura universal, las perspectivas y sugerencias en este sentido no han sido pocas; se sabe que manuales de historia literaria, enciclopedias, bibliografías, listados de obras, de autores, de famosas editoriales, manuales de perspectivas literarias, biografías, manuales de literatura comparada, introducciones generales a la literatura universal, monografías y estudios críticos van constituyendo toda una idea de las historias de la literatura universal.
Leer la literatura universal significa entonces reconocer, situar, interpretar y comprender los textos literarios en el proceso de historia-evolución-movilidad-cualidad-significación y productividad.
Esto quiere decir que, a partir del intercambio literario, lingüístico, editorial y comunicativo, se asume de una manera dinámica la lectura-producción de los textos literarios universales, tomados como punto y término de comparación y, además, en el establecimiento de la lectura literaria entendida como empresa educadora e intelectual.
Compartir esta nota
