El pasado domingo 14 de diciembre del 2025, a sala llena, se presentó una vez más el sueño de navidad que reivindica los valores cristianos en el seno de la Guerra.
Los jóvenes artistas del Ballet Concierto Dominicano, con la colaboración del Ballet Clásico Nacional, se lucieron en la elegancia sutil de movimientos coordinados que abrían las esperanzas de redención de una humanidad golpeada.
La magia de la navidad ha producido muchas utopías. Sentimientos de transformación que atraviesan las paredes de lo cotidiano para establecerse en el mundo de los sueños que se sueñan despiertos.
En la literatura del siglo XIX tenemos al cuento de navidad “El Cascanueces y el Rey de los Ratones”, escrito por E.A. Hoffman ( 1776-1822) en 1816 que viene desde Alemania hacia la Rusia de los Zares en el pensamiento de un ciudadano sensible que plantea los problemas típicos del sistema capitalista que en esos momentos tomó el camino de la industrialización y de la máquina, de manera contundente.
En el cuento aparecen los elementos en contienda que exteriorizan las guerras que habrían de venir y que todavía no han parado en nuestros días para vergüenza de la historia.
El trabajo humano presentado en la elaboración artificiosa de las golosinas se presenta como objetivo de deseo de plagas que no pueden producir los niveles deseados de elaboración y que pretenden disfrutar del trabajo ajeno.
La robótica aparece como momento distal de la mecánica en la que todos los seres aparecen programados a voluntad de un programador tecnológico que controla los movimientos graciosos pero inducidos.
Y la potencia del sueño emerge salvadora de una humanidad que tiene derecho a disfrutar de los resultados de su trabajo y de los esfuerzos acumulados históricamente.

Pyotr Ilyich Tchaicovsky (1840-1893). Pianista, maestro y vompositor tuso.
El cuento en el relato original de Hoffmann recargado de detalles significativos fue simplificado por el novelista francés Alexandre Dumas (1802-1870) y el coreógrafo Marius Petipa trabaja con Tchaikovsky para completar el pensamiento, con la base material de la música y la corporalidad de la danza.
El resultado es una suite que habla de las diferencias culturales llamando al respeto por la originalidad de los singulares y que se centra en la belleza y la elegancia de los movimientos típicamente humanos, aunque los cisnes aparecen representados en la gestualidad sutil de una racionalidad espontanea.
La humanidad responde con la proliferación y se multiplican los niños en el sueño vivificante de la juventud ilusionada.
El pensamiento revolucionario del XIX reacciona de manera nacionalista en la música y las danzas folclóricas representan lo mas autentico de las individualidades colectivas. Todas integradas en un gran plató armonioso hablan de la integración entre las naciones y de una paz buscada que todavía no aparece.
El valor y la fortaleza moral para la acción solidaria en la que no hay pasiones aislantes se proponen como camino de la salvación para una humanidad desgarrada que siempre amenazada por la desconexión entre el trabajo y el goce tiene que luchar para sobrevivir y realizarse.
Hasta que la tecnología logre integrarse en el sueño en que triunfan los fuertes y los que han sabido elaborar su propia savia.
En el espectáculo los movimientos nos envuelven en la magia de la música de Tchaikovsky que penetra el alma y el cuerpo. La genialidad del coreógrafo Marius Petipa se involucra en la conciencia filosófica y muestra coordinaciones equilibradas para que sean tomadas en cuenta como tradiciones armónicas. Y los deseos humanos son inducidos hacia el progreso, en que los paraísos se posan en las tierras.
Santo Domingo, D.N.
4/01/26
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