Algunas universidades estadounidenses abrieron cursos el pasado otoño para estudiar y analizar al artista Bad Bunny, quien se ha convertido en un fenómeno musical a nivel mundial. Estos prestigiosos centros de estudio son Yale, Harvard y Emory University.
La presentación de una oferta académica por parte de estas universidades generó diversas reacciones entre los puristas de la ciencia, los melómanos y los conservadores, quienes consideran esta música "demasiado vulgar" para llegar hasta la Academia.
Más allá de enfocarse solo en la música de Bad Bunny, estos programas académicos analizan la historia de Puerto Rico, el turismo, la migración, la resistencia social, el racismo, la deuda pública, los fenómenos climáticos y la dinámica social puertorriqueña y caribeña, junto a la evolución de los géneros musicales locales —plena, bomba, reguetón y salsa—, producidos por la riqueza artística y musical de una sociedad fragmentada por el extenso proceso colonialista.
Esta no es la primera vez que un artista popular latinoamericano genera inquietud en la Academia, como hemos señalado en otros aportes. Rubén Blades, artista panameño, en la década de los setenta del siglo pasado, con su clásica producción musical de salsa Siembra (el disco más vendido en la historia de la salsa), impactó el género musical popular de la época. Actualmente, Blades está de gira por Europa.
La salsa se bailó con frenesí mientras se generaban debates sobre las composiciones de Blades, quien, como cronista popular, criticó una sociedad superficial y materialista, sacudida por la violencia y el crimen. Así permaneció el componente crítico que históricamente ha caracterizado muchas composiciones populares del Caribe hispanohablante —son, plena, merengue, rumba, conga, guaracha— y también del Caribe anglófono, con el calipso lleno de contenido contestatario en Trinidad y Tobago, y el reggae en Jamaica.
Rubén Blades, Ricky Martin, Daddy Yankee, Juan Luis Guerra y otros han generado grandes simpatías sociales en sus países y en algunas partes del mundo, pero nunca comparables con el impacto cultural que ha generado Bad Bunny en la juventud de su país y del mundo, ni con los dividendos económicos que lo convierten en uno de los músicos populares más ricos y exitosos de todos los tiempos. Ha producido extraordinarios ingresos para su país tras la realización de 31 conciertos, que dejaron unos 713 millones de dólares en la crítica economía puertorriqueña.
Ahora, con su residencia musical en España, Bad Bunny realizó 10 conciertos que atrajeron a 800.000 espectadores, lo cual coincidió con la participación del académico puertorriqueño Fernando Feliú, del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, en el marco de la Feria del Libro de Madrid, con su ponencia "La influencia del español de Puerto Rico: un torrente de creatividad y reivindicación". El profesor Feliú pone como ejemplo el uso que hace Bad Bunny de expresiones de la jerga del español que se habla en la isla, destacando cómo el artista, al recrear y apropiarse de esas expresiones en sus composiciones y presentaciones, se apropia también de la estética identitaria de un estado libre asociado de los EE. UU. donde el idioma español parece ser un elemento de resistencia frente al proceso colonizador.
En su intervención, el académico calificó a Bad Bunny de "genio del marketing" y "embajador extraoficial" de la sociedad puertorriqueña.
Sin lugar a dudas, Debí tirar más fotos es un álbum que ha generado una transformación en la percepción musical de este artista, tanto en un público que antes no lo aceptaba como en contextos culturales muy diversos que van desde América Latina y Europa hasta Asia. Estas y otras cuestiones son las que la Academia pudo discutir y analizar a profundidad en estos seminarios, ya que se trata de un fenómeno musical inédito que nos lleva a reflexionar sobre la industria del espectáculo y la fuerza transformadora de la música popular: despreciada, con intérpretes estigmatizados que terminan seduciendo a las grandes masas y ganando millones de dólares. Pero, sobre todo, nos lleva a analizar el aspecto identitario revalorizado por el artista en una sociedad desestructurada que ha atravesado diversos procesos críticos.
Como científico social, comparto el interés del profesor Fernando Feliú en preguntarme qué viene ahora tras poner a Puerto Rico en el mapa mundial, no solo a nivel musical sino también sociopolítico.
"Lo que más me interesa de Bad Bunny no es él, sino lo que viene ahora", sostuvo Feliú, porque Benito Antonio "se ha apropiado" de la estética identitaria de la isla y también ha posicionado a Puerto Rico en el mapa turístico, musical y político; pero, sobre todo, ha generado muchas expectativas en una población que viene luchando por mantener su identidad, ahora revalorizada a través de la música popular.
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