"Lo improbable no es imposible, pero puede advenir." — Edgar Morín
El fenómeno Alofoke es tan interesante que, confunde hasta a sus detractores, incapaces de distinguir un debate académico, con una comisión de esas que crean los políticos para salir del paso. Cuando intentamos objetivar el análisis de uno de los fenómenos sociales más complejos e interesantes que ha producido esta sociedad, que vincula el arte de la persuasión con el entretenimiento.
La persuasión se remonta a la Antigua Grecia, donde se practicaba como una forma de fabricar el consentir o disentir del comportamiento humano. Es en Estados Unidos, a principios del siglo XX, donde surgen los grandes manipuladores de la historia de la comunicación, expandiéndose por el resto del mundo al servicio de publicistas, políticos, industriales, figuras públicas, lobistas, etc.
Hoy Alofoke está en medio del debate electoral, anunciando que formará su propio partido para el 2028, con analistas políticos afirmando que “no irá a ninguna parte”, mientras las autoridades legitiman su papel en la comunicación (67 % del gasto en publicidad estatal ha sido asignado a las plataformas digitales). La exitosa carrera de Santiago Matías – Alofoke (1981) nos lleva a preguntarnos si puede considerarse como un influencer o un manipulador de masas.
Vale destacar que "la manipulación de masas es un hecho social y un objeto histórico que requiere ser abordado con gran rigor científico y metodológico" (David Colon, “Les Maîtres de la manipulation”).
Al analizar la serie de medios e instrumentos comunicacionales ,desde los inicios de Alofoke como productor musical urbano, se observa que ha venido construyendo una audiencia exponencial en las redes sociales, siendo considerado hoy como la persona más influyente en los medios del país – con un universo empresarial mediático, asociando y, eliminando a otras pequeñas empresas competidoras. Estamos ante uno de los mayores actores de la comunicación numérica, creador de diversos formatos mediáticos – sobre todo su ecosistema “Planeta Alofoke” (lanzando en 2025 en YouTube el reality show “La Casa de Alofoke”). Demostrando que tiene talento, creatividad y capacidades empresariales que lo acercan al arte de la manipulación.
De acuerdo al Prof. Colon arriba citado, podría ser calificado de “maestro de la manipulación” a un sujeto cuya intención es manipular a las masas con un objetivo preciso, con capacidad de hacerlo a gran escala, y con voluntad de aplicar la ciencia para lograr un efecto medible.
Los resultados de los últimos episodios de la Casa de Alofoke pueden ser la respuesta a si estamos ante un influencer o un manipulador, ya que ha generado una novedosa dinámica que le ha atraído una audiencia internacional, con resultados medibles de millones de espectadores, y récords Guinness (transmisión de video en vivo más larga – 918 horas y 55 minutos – y a la mayor cantidad de días consecutivos con más de un millón de visualizaciones diarias). Además de mantener un discurso en torno a sus capacidades y control de los medios que posee.
Es necesario recordar que la evolución del arte de la manipulación se nutre de la psicología. Lo que se llamó la “publicidad científica”: en 1928, cuando Edward Bernays, sobrino de Sigmund Freud, extrae ciertos principios del psicoanálisis e inventa nuevas formas de publicidad, en especial la manipulación de masas. La evolución del arte de la persuasión no se detiene, y en 1957, cuando aparece Vance Packard con su libro Las formas ocultas de la propaganda (título original: The Hidden Persuaders), donde muestra cómo, inconscientemente, los consumidores son llevados más allá de sus necesidades, con la ayuda de la psiquiatría y las ciencias sociales.
Es con la llegada del Internet, en 1969, cuando la publicidad se vuelve poderosa, gracias a la "tecnología persuasiva" y el "diseño conductual", inspirados por algoritmos de ingenieros deseosos de hacer sus herramientas numéricas más adictivas y persuasivas.
Para 2018, Google y Facebook habían desarrollado mecanismos publicitarios inéditos. Mark Zuckerberg concibió la mayor herramienta de manipulación de masas de la historia, capaz de predecir, modelar e influenciar el comportamiento de millones de sus usuarios.
Es indudable que el accionar de Alofoke se inscribe dentro del desarrollo de los nuevos medios, controlados por las grandes empresas de la comunicación a nivel mundial —Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp), Google, Amazon, TikTok—, destacándose los aportes que se desarrollan en Estados Unidos a raíz del surgimiento de internet como hemos dicho antes.
La introducción de estas herramientas generó una gran convulsión en los medios de comunicación ,y en el arte de la manipulación de masas, que llega a nuestra sociedad sumergida en la anomia y el abandono de una clase política representada por 41 partidos políticos, sin planteamientos ideológicos, sustituidos por mentiras y dádivas. Imponiendo la "mediocracia" (sistema de mediocridad) que permite que "los mediocres se aprovechen de todo", según el filósofo canadiense Alain Deneault. Aventureros y negociantes improvisados se han apoderado de la gestión del Estado.
Hoy están dadas las condiciones para que surjan fenómenos mediáticos – producto del desarrollo de los nuevos medios -, se hagan ricos y alcancen la figura de outsider.
Es el Estado el que tiene la obligación de defender a los ciudadanos, que desconocen cómo son manipulados – siendo insuficientes los esfuerzos de los gobiernos de todo el mundo, para controlar los ataques a las instituciones estatales y regular el accionar de estas empresas mediáticas, que integran herramientas publicitarias a sus plataformas sin asumir responsabilidad ética ni moral.
El mundo entero está amenazado por el crimen digital, mientras crece la incertidumbre ante la IA, la post verdad, el plagio y la vulgaridad, en un intento por comprender un mundo post-humano que, desde hace varias décadas, integra técnicas publicitarias de persuasión y manipulación masiva, junto a la degradación de los medios de comunicación tradicionales. Este es el escenario en el que nace, crece y se desarrolla el fenómeno Santiago Matías, Alofoke, empresario mediático y ahora político, junto al poder que ejercen las grandes empresas que controlan la comunicación planetaria y los fabricantes de IA, que no asumen responsabilidad ante la incertidumbre que generan.
La degradación mediática es un fenómeno global, que debe ser estudiado en su génesis y funcionamiento, asumiendo la popularidad de actores sociales subestimados como Santiago Matías que puede revertir su imagen, como viene sucediendo con personalidades y hechos políticos internacionales, que han recurrido a estrategias de manipulación de las redes sociales – como lo hizo Steve Bannon, fundador de Cambridge Analytica, director de campaña de Donald Trump y artífice del Brexit.
Alofoke puede pasar de ser "vulgar y agresivo" a "indispensable y sensible", convirtiendo esos likes en otro tipo de apoyo, al contar con los recursos materiales, tecnológicos y de control de la narrativa del ciudadano, que viene produciendo esta sociedad, además de cristalizar lo que la gente desilusionada de los 41 partidos "no colapsados" esperan.
Santiago Matías no sólo puede incidir en la política nacional, sino que su futuro depende de él mismo, corriendo el riesgo de convertirse en la encarnación del outsider esperado por muchos.
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