Fotografía en blanco y negro, pero con tinte rosa añadido, de la tenista en plena acción, vista de frente, agachada, con un brazo estirado hacia la izquierda y el otro hacia abajo, agarrando la raqueta. Su vestido es blanco, sin mangas, cubre la mitad de los muslos, y calza tenis. En la parte superior derecha se ve la pelota, y en el fondo, espectadores.
Getty Images
Maria Bueno es la tenista latinoamericana más laureada de la historia del tenis mundial. Ningún otro jugador o jugadora se acerca a su legendario palmarés de 19 títulos de Grand Slam.

Era un día de verano de 1962. La tenista brasileña Maria Bueno, apodada la "bailarina de tenis", regresó a Wimbledon tras una ausencia por lesión. Al volver a la pista central, lucía un vestido blanco que parecía estar en consonancia con la preferencia del All England Club por la vestimenta completamente blanca. Hasta que sacó.

Entonces se reveló la verdad: su vestido estaba forrado de rosa, y su calzón eran del mismo color.

Como Sunita Kumar Nair, autora del nuevo libro Ace: The Times & Style of Tennis, le comenta a la BBC: "Causó un gran revuelo".

Años después, Bueno, que para entonces ya había ganado dos títulos individuales femeninos de Wimbledon -y ganaría uno más-, recordó que "se oyó un murmullo de asombro en un extremo de la pista. La gente del otro extremo no supo por qué, hasta que cambié de lado y saqué desde allí".

"Más tarde", dijo, "usé una prenda que se parecía a los colores del club [verde y morado], lo que indignó al comité del club, y entonces impusieron la norma de vestir completamente de blanco".

La exigencia de que los miembros vistieran de blanco se remontaba a la fundación del All England Lawn Tennis and Croquet Club (AELTC) en 1877, pero era principalmente una cuestión de costumbre.

Se dice que el atuendo de Bueno, obra del diseñador Ted Tinling, fue el que impulsó la nueva y estricta normativa.

Pero, ¿a quién escandalizó exactamente un destello de ropa interior rosa?

Fotografía a color con Bueno saltando con raqueta en alto, con un vestido con encaje blanco y falda plizada, braga de encaje y un sweater amarillo apagado, sobre pista de grama.
Allsport UK via Getty
Más allá de sus calzones, Bueno era considerada una prodigio autodidacta. El comentador de deportes de la BBC John Barrett la llamó "La golondrina de Sao Paulo" por su habilidad y elegancia para dominar la red.

"De mal gusto e impropio"

"Como organización conservadora, el AELTC habría considerado los volantes de su vestido… de mal gusto e impropios de una dama, señala el historiador de tenis Rob Lake.

"No estaban muy de acuerdo con los cambios sociales que se estaban produciendo fuera del club en la década de 1960", explica en conversación con la BBC.

En ese momento -y hasta la década de 1980-, añade, todos los miembros del comité eran hombres.

Representaban "el orden establecido, con afiliaciones políticas y conexiones en otras instituciones de élite. Desde luego, no estaban dispuestos a promover avances sociales que pudieran desacreditarlos".

Fotografía en blanco y negro de cinco chicas conversando en círculo, todas con vestidos de tenis, mayoritariamente blancos y cortos, con volantes y encajes, mangas cortas. Todas calzan tenis y medias dobladas, sus piernas se ven casi completas. Se ven algunas raquetas. Están en una cancha de pasto y en el fondo se ve vegetación.
Alamy

Según Lake, "el AELTC parecía tener una visión más estricta sobre cómo debían presentarse las mujeres que los hombres, o al menos parece que las mujeres eran reprendidas con mayor frecuencia por su apariencia".

En 1967, la polémica resurgió con los vestidos cortos de la tenista italiana Lea Pericoli, también fruto de una colaboración con Tinling, que había empezado más de una década antes y escandalizado desde entonces.

"Llegué con una bombacha de lamé y tul y fue un infierno: paparazzi y público enloquecido alrededor de la pista. En aquel circo perdí la concentración y el partido. Me fui llorando", diría Pericoli, recordando su primera aparición en Wimbledon años después en entrevista con el diario italiano Quotidiano Nazionale.

"Cada vez que el viento levantaba la falda y dejaba ver la 'invención pecaminosa' de Tinling, se oía un rumor en las gradas", agregó.

El diseñador era conocido como "el mago de Wimbledon", y su papel en el estilo vestimenta en el tenis femenino fue fundamental.

Su presencia fue omnipresente en este deporte durante gran parte del siglo XX; como menciona Kumar Nair, "entre 1940 y 1980, el 75% de las mujeres que compitieron en Wimbledon lucieron sus vestidos".

Fue "el primer diseñador de alta costura dedicado exclusivamente al deporte", escribe.

Fotografías en blanco y negro de la tenista de espaldas, en plena acción, raqueta en mano. Lleva vestidos blancos cortos, sin mangas, las faldas adornadas y parcialmente levantadas, dejando ver calzónes cubiertos de encaje.
Getty / Alamy
Lea Pericoli se hizo famosa por sus atuendos desde que debutó en 1955 (izq): "Venían en procesión a ver mis prendas de encaje", recordaría después. En 1967 (der) seguía escandalizando.

El blanco tenía sentido como color predilecto de Wimbledon.

A finales del siglo XIX, cuando se estableció la convención, el blanco estaba cargado de connotaciones de estatus social.

"Solo los ricos podían permitirse vestirlo, poseerlo y mantenerlo. El resto no tenía ni los medios ni el personal para tener y conservar ropa deportiva propia", cuenta Kumar Nair.

Para el historiador de tenis Christopher Bowers, el creciente dogmatismo de Wimbledon respecto al blanco se originó "al principio, simplemente era el color del tenis. Luego, (el club) se aferró a su regla del blanco como una forma de imponer su sentido de la tradición al deporte".

' Vulgaridad y pecado '

Bueno no fue la primera jugadora en infringir el código de vestimenta en Wimbledon con su pincelada rosa, ni la primera vez que se hacía luciendo un diseño de Tinling.

Más de una década antes, en 1949, la actriz californiana Gussie Moran, o "Gorgeous Gussie" (algo así como "La espléndida Gussie"), como la apodaban los periódicos sensacionalistas, ya había causado revuelo en una creación anterior de Tinling.

El calzón con encaje de Gussie Moran provocaron la indignación de los directivos, quienes la condenaron por llamar la atención sobre su "zona sexual".

Si bien en aquel momento la prenda no infringía ninguna norma de color, sí parecía ir en contra de las normas de buen gusto. El comité incluso la acusó de introducir "vulgaridad y pecado en el tenis".

Portada de la revista Sports Illustrated con Gussie en posición de juego, con el pelo atado con una cinta roja, vestido blanco con cinta roja en la cintura, y la falda en movimiento, dejando ver un poco del encaje de sus bragas.
Alamy
Los atuendos "atrevidos" convirtieron a Gussie en una sensación que, según los diarios, "le dio al tenis un reconocimiento mayor que el de todos los grandes campeones de la inmediata posguerra".

Pero podría decirse que no fue precisamente Moran quien se comportó de forma inapropiada.

Como el diseñador Tinling comentó más tarde: "Lo excitante era que solo se veía [el calzón] una vez cada tres minutos… Por primera vez en la historia, había fotógrafos tumbados boca arriba. Todo el mundo se volvió loco".

Desde la perspectiva de 2026, resulta difícil comprender la magnitud del asunto. Pero Moran, como señaló en su momento el diario Times, "era menos conocida por su talento en la cancha que por el escándalo que causó en el puritano mundo de Wimbledon en 1949".

Y Tinling, quien había ejercido como enlace con los jugadores desde 1927, fue posteriormente expulsado como miembro del club y no fue invitado de nuevo durante más de 30 años.

Antes y ahora

Incluso antes de Moran, las jugadoras ya habían provocado reacciones con su vestimenta en las pistas de hierba de Wimbledon.

Al parecer, se levantaron cejas cuando, en 1919, la jugadora francesa Suzanne Lenglen, conocida como La Divine (la diosa), dejó de lado los corsés, las enaguas, las faldas largas y los sombreros de ala ancha, y optó por un elegante vestido de manga corta hasta la pantorrilla de Jean Patou.

Luego, la tenista española Lili de Álvarez, en 1931, se atrevió a usar unos pantalones culotte diseñados por Elsa Schiaparelli. Debido a su amplitud, fue solo cuando realizó uno de sus característicos saltos que los espectadores se dieron cuenta de que no era una falda.

Muchos comentaristas vinculan las elecciones de la vestimenta de Álvarez con su compromiso de toda la vida con la promoción de la igualdad para las mujeres.

Con una diadema de tela blanca en la cabeza, y atuendo también blanco, de mangas cortas, culote cubriendo las rodillas y una falda más corta encima, la tenista está en movimiento, con una mano agarrando una bola y la otra la raqueta, brazos estirados y musculozos, medias oscuras y zapatillas.
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También en 1931, Álvarez usó estos culotte, causando tal revuelo que el diario Daily Mail de la época sugirió que "deberían darle una buena paliza".

Cuando en 2014 se formalizó en Wimbledon una estricta norma que exigía que la vestimenta fuera "casi completamente blanca" (sujetadores, calzones, tirantes, encajes, suelas y demás accesorios), Serena Williams no tardó en incumplirla con unas bragas moradas y rosas.

Pero Roger Federer también lo hizo, con unas zapatillas Nike con suela naranja que, al parecer, le pidieron que se cambiara.

En los últimos 20 años, afirma Bowers, "el código de vestimenta de Wimbledon se ha vuelto increíblemente estricto".

"La motivación ahora es la imagen de marca. Wimbledon se presenta como 'tenis en un jardín inglés', y la ropa blanca combina a la perfección con el césped a rayas, las fresas con crema, etc. Todo forma parte de la marca, y se espera que los jugadores se adapten a ella", opina.

Para Nair, las razones por las que Wimbledon se empeña en conservar sus tradiciones tienen que ver con la sensación de ser un bastión de la tradición.

"Creo que hay un idealismo casi de cuento de hadas asociado a Wimbledon", afirma, "y están muy interesados ​​en mantener esa imagen que han conservado durante mucho tiempo".

Tiene una atmósfera especial que ella describe en el libro.

"Un ligero silencio de biblioteca en el aire, el suave estallido de las botellas de champán de picnic al descorcharse en las pistas, el aroma fresco del césped verde recién cortado y el brillo de los competidores vestidos de blanco impoluto: este es el All England Lawn Tennis and Croquet Club, señoras y señores, como fue, es y siempre será".

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