Nueva Zelanda ha visto partir al exterior en tan solo un año a más de 70.000 de sus ciudadanos.
Aunque parece una cifra modesta, es casi el 1,4% de la población de este Estado insular del suroeste del océano Pacífico habitado por unos 5,1 millones de personas.
El que está siendo el mayor flujo de salida de neozelandeses en décadas está comenzando a generar inquietud en el país.
Sus emigrantes no escogen, por lo general, destinos remotos como Europa o Estados Unidos. Toman un vuelo relativamente corto y se instalan en el que históricamente ha sido su principal destino: Australia.
El fenómeno no es nuevo, pero sí lo son su intensidad y su contexto.
Nueva Zelanda ha registrado durante décadas moderadas pérdidas netas de ciudadanos, que compensaba con creces la llegada de inmigrantes.
Sin embargo, en los dos últimos años las salidas se han acelerado de forma abrupta coincidiendo con un débil mercado laboral y una percepción generalizada de estancamiento económico.
La comparación con Australia -donde el PIB es mayor, los salarios más generosos y hay más oportunidades- se ha vuelto omnipresente en conversaciones cotidianas, redes sociales y titulares de prensa de Nueva Zelanda.
Y, si bien el perfil del emigrante neozelandés solía ser el de un joven que prueba suerte durante unos años en el país vecino, hoy cada vez más trabajadores con experiencia se marchan sin un plan claro de regreso.
Para algunos expertos, este cambio de paradigma y la intensificación de las salidas sugieren que Nueva Zelanda podría estar ante algo más que un ciclo migratorio corriente.
Qué está ocurriendo
Las cifras confirman que la salida de neozelandeses ha entrado en una fase excepcional.
Antes de la pandemia, Nueva Zelanda registraba una pérdida neta relativamente estable de ciudadanos, en torno a 3.000 personas al año, según datos de la agencia nacional de estadística Stats NZ.
Más de 71.000 neozelandeses emigraron en un período de 12 meses hasta octubre de 2025, mientras aproximadamente 26.000 regresaron, lo que supone una pérdida neta de 45.000 ciudadanos.
El precedente más reciente se remonta al pico de emigración en los dos últimos años de la crisis financiera mundial (2011-2012), con saldos migratorios negativos anuales que superaron los 40.000.
Aquel repunte, sin embargo, fue transitorio y ligado a las delicadas circunstancias por las que entonces pasaban países de todo el mundo.
La diferencia ahora, subrayan los analistas, es la persistencia del fenómeno, ya que el ritmo de salidas se mantiene elevado y no da señales claras de moderación.
Paul Spoonley, profesor emérito de la Universidad Massey en Nueva Zelanda, considera "preocupante" el número de salidas ya que, así bien las cifras son similares a las de finales de la crisis financiera, ahora también se marchan más extranjeros que vivían en el país, lo que "ha reforzado una tendencia que no muestra signos de desaceleración".
Australia concentra a alrededor del 60% de los neozelandeses que abandonan su país, según indican los datos oficiales de los últimos años.
Más de 700.000 neozelandeses (alrededor de un 13% de la población) viven hoy en el gigantesco país vecino al otro lado del mar de Tasmania, a quienes se suman unos 100.000 nacidos en Australia pero con ciudadanía neozelandesa.
"Eso es un gran atractivo para mucha gente que tiene conexiones sociales allí", indicó el sociólogo Francis Collins a la cadena 1News de Nueva Zelanda.
La emigración de ciudadanos se produce, además, en un contexto de debilitamiento de la inmigración neta: aunque las llegadas de no ciudadanos siguen amortiguando la salida de nacionales, el saldo migratorio total se ha reducido de forma significativa respecto a los picos alcanzados tras la pandemia.
Esto ha provocado una caída en la tasa de crecimiento de la población de Nueva Zelanda del 2,3% en 2023 a solo el 0,7% en 2025.
Qué los empuja a irse
El aumento de la emigración neozelandesa responde, en gran parte, a razones económicas.
"El factor que explica las salidas es la debilidad del mercado laboral, con una tasa de desempleo del 5,3% (la más alta en casi una década) y grandes reducciones en el trabajo en el sector público", explica a BBC Mundo el sociólogo Paul Spoonley.
A una economía ralentizada, con un crecimiento del PIB de en torno al 1% en 2025 según estimaciones oficiales, se suma la pérdida de poder adquisitivo, con salarios que crecen más lentamente que los precios, entre ellos los de los productos básicos y la vivienda, con la consiguiente presión sobre los hogares.
Así, los neozelandeses se ven cada vez más tentados por "los mejores salarios en otros países, además de la contratación activa por parte de ciertos sectores y empleadores, con incentivos como la cobertura de los gastos de reubicación", señala Spoonley.
"Otro factor es la solidez del mercado laboral de los países más grandes, con más opciones en cuanto a la naturaleza del trabajo y las posibilidades de ascenso", agrega.
Por qué escogen Australia
Australia, en específico, ofrece condiciones más atractivas para quienes buscan trabajo, con un mercado laboral dinámico, menor tasa de desempleo y salarios medios sensiblemente más altos.
A esto se añaden mejores condiciones laborales, como pagos adicionales por horas extra, fines de semana y festivos, que no están garantizados por ley en Nueva Zelanda.
Un buen ejemplo lo encontramos en el sector de la salud: el salario medio de un enfermero registrado en Australia ronda los 85.000 a 90.000 dólares australianos anuales (US$59.000 a US$62.000), según datos de la plataforma Seek, y solo el año pasado más de 10.000 enfermeros neozelandeses se registraron para trabajar en el país vecino.
En las fuerzas de seguridad también ocurre: 212 agentes dejaron la policía de Nueva Zelanda entre enero de 2023 y abril de 2025, según confirmó la propia institución, tras recibir solicitudes de verificación de agencias australianas, que en algunos casos ofertan salarios de más de US$75.000 mensuales, con vivienda gratuita o subsidios.
La minería y la construcción también figuran entre los sectores con mayor capacidad de atracción, impulsados por una economía australiana que el año pasado creció por encima del 2% y demanda constantemente mano de obra cualificada.
Quiénes se van
También ha cambiado el perfil de quienes abandonan Nueva Zelanda.
Tradicionalmente, la emigración estaba dominada por jóvenes que acababan de terminar la escuela secundaria o recién graduados universitarios que probaban suerte durante unos años en el exterior.
En el ciclo actual, sin embargo, hay más personas de entre 20 y 30 años.
"Esto sugiere que se trata de personas que ya llevaban un tiempo en el mercado laboral neozelandés", apunta el sociólogo Paul Spoonley.
El experto destaca que el 38% de quienes emigran son personas con ciudadanía neozelandesa pero que no nacieron en Nueva Zelanda.
"En algunas comunidades de inmigrantes, hay más personas que se van que las que llegan. Esto ocurre, por ejemplo, con los inmigrantes de Reino Unido", indica.
A estos se suman los jubilados que optan por reunirse con familiares en el extranjero, sobre todo en Australia.
En un plano más amplio, este patrón refleja una realidad demográfica singular: los más de 800.000 ciudadanos neozelandeses y sus hijos que viven fuera del país constituyen una de las diásporas más grandes de la OCDE en relación con el tamaño de la población.
En este caso, Spoonley critica que "el gobierno neozelandés no parece interesado en conectar con la diáspora ni en aprovechar su experiencia y sus contactos".
En cuanto a las implicaciones a largo plazo, expertos creen que la salida sostenida de trabajadores con experiencia puede traducirse en pérdida de capital humano, menor productividad y un crecimiento económico más débil.
El gobierno ha prometido reformas para favorecer el talento en Nueva Zelanda con incentivos fiscales y cambios regulatorios, si bien estos se enfocan más en atraer y conservar a trabajadores extranjeros cualificados.
En todo caso, la debilitada economía neozelandesa, unida a otros factores como la ventaja comparativa de Australia en salarios y oportunidades, plantea importantes desafíos a la hora de revertir la creciente tendencia de los jóvenes a buscar nuevos horizontes en otro país.
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