Una tarde cualquiera en Japón, John Deng está de pie cerca del parque infantil, escuchando a otros niños jugar y reír.
Sus hijos no están a la vista. Añora los momentos cotidianos que compartía con ellos: llevarlos al parque, verlos despertar y formar parte de sus vidas.
Deng, nombre ficticio, es originario de Hong Kong y ha vivido en Japón durante los últimos 22 años. Allí construyó su vida, conoció a su expareja y se convirtió en padre de dos hijos: una niña de diez y un niño de ocho años.
Pero, según cuenta, esa vida se desmoronó. Su matrimonio fracasó y su expareja se llevó a sus hijos sin previo aviso.
Su historia no es excepcional en Japón. Durante décadas, el divorcio ha implicado que un niño pierda por completo el contacto con uno de sus padres. A menudo, en situaciones como esta, la custodia se otorga al progenitor que se marcha primero con los hijos.
Bajo el antiguo sistema de custodia exclusiva, solo uno de los progenitores conservaba los derechos legales tras la separación.
Esto significaba que, independientemente de su relación con el menor, el otro progenitor podía verse obligado a desaparecer de su vida, a menos que el progenitor con la custodia le concediera el derecho de visita.
Pero todo apunta a que las cosas van a cambiar. Japón está redefiniendo el concepto de "familia" tras una separación.
El 1 de abril de 2026 entró en vigor una histórica reforma del Código Civil que permite a las parejas divorciadas compartir la custodia de sus hijos. Hasta que el Parlamento aprobó la enmienda en 2024, Japón era el único país del G7 —el grupo de las economías más ricas del mundo— que no reconocía legalmente la custodia compartida.
"Siempre me ha sorprendido que, cada vez que hablo con abogados en Estados Unidos y Reino Unido, digan que no se trata de ganar o perder. Se trata de velar por el bienestar de los niños", recordó Seiya Saito, abogado de familia de la firma Setagaya International Law Office, con sede en Tokio.
"Me siento tan vacío"
Deng recuerda el momento exacto en que se dio cuenta de que había perdido a sus hijos.
"Me sentí impotente, triste y también enfadado con el sistema que permite que esto suceda. Son mi mundo", dijo en voz baja.
Deng dice que ahora no le queda más remedio que aferrarse a cualquier oportunidad que se le presente. Mantiene dos residencias: una en Tokio y otra a una hora de distancia, más cerca de donde viven sus hijos.
Aun así, solo se le permiten unas pocas horas de visita supervisada al mes, sin ningún tipo de contacto entre medias.
Cuenta que su expareja dejó de permitir que su hija se comunicara con él por teléfono. Esto significa que la ausencia no solo se siente físicamente, al perderse cumpleaños, recitales escolares y festividades como el Día del Padre, sino también emocionalmente.
"Me siento tan vacío", dijo, conteniendo las lágrimas.
"Creo que los niños tienen derecho a hablar con sus padres, con ambos, siempre que lo necesiten o quieran, y eso no está ocurriendo en este momento", se lamenta.
El cambio en la ley de custodia ofrece cierta esperanza a padres como Deng, que sienten que han sido separados de sus hijos.
La reforma representa una de las modificaciones más significativas en el derecho de familia japonés en décadas.
Según el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón, alrededor del 38,5% de los matrimonios en Japón terminaron en divorcio en 2024, el año más reciente del que se dispone de estadísticas. Esto representa aproximadamente una de cada tres parejas.
Ese año, las mujeres obtuvieron la custodia en más del 86% de los casos, mientras que los acuerdos de custodia compartida representaron solo una fracción del total de acuerdos alcanzados.
En 2024, más de 164.000 menores de 18 años en Japón se vieron afectados por acuerdos de custodia tras el divorcio de sus padres.
La nueva ley reconoce que los niños a menudo se benefician al mantener relaciones con ambos padres, al tiempo que ayuda a distribuir la responsabilidad parental de manera más equitativa.
Opiniones encontradas
"Estoy completamente seguro de que es un buen cambio para nuestra sociedad, especialmente para los niños", dijo Saito.
"Para aquellos que ya tienen una relación cordial y pueden tomar decisiones juntos, es muy positivo que tengan la opción de elegir la custodia compartida. Creo que es un gran paso adelante", agrega.
Este cambio se produce en un momento en que Japón enfrenta una tasa de natalidad decreciente y una población que envejece rápidamente. Esta tendencia demográfica ha intensificado los llamados al gobierno para que brinde un mejor apoyo a las familias y reduzca la carga financiera de los padres solteros.
Si bien la nueva ley acerca a Japón a otros países y ofrece a padres como Deng la oportunidad de reunirse con sus hijos, también suscita serias preocupaciones.
Los críticos advierten que la custodia compartida podría poner en mayor peligro a las víctimas y sobrevivientes de violencia doméstica y abuso, o forzarlas a continuar o reanudar el contacto con sus parejas abusivas.
"Existe el riesgo de que quienes sufren violencia doméstica o abuso infantil no puedan escapar", afirmó Chisato Kitanaka, codirectora de la Red de Refugios para Mujeres de Japón.
Kitanaka dirige la organización sin fines de lucro y advierte a los padres que comprendan plenamente las implicaciones de los acuerdos de custodia compartida en Japón, particularmente en casos que implican riesgos para la seguridad.
Para algunas familias, la custodia compartida genera profundos temores personales.
Taro Suzuki ya tiene 18 años, lo que significa que ya no está bajo la tutela de sus padres. Sin embargo, afirma que presenciar años de abuso que su madre, Ryo, sufrió a manos de su padre lo ha traumatizado. Ambos nombres han sido cambiados por motivos de seguridad.
"Ojalá no existiera en este mundo. Incluso desearía que mis padres nunca se hubieran conocido y que yo nunca hubiera nacido", dijo Taro.
"Realmente creo que esta ley no debería existir", sentencia.
Ryo, quien describe incidentes en los que su exmarido la estrangulaba contra una pared, la dejaba suspendida en el aire y la arrastraba por el cabello, también está preocupada.
"Daba mucho miedo. Cuando obtuve la custodia exclusiva, pensé: 'De ahora en adelante todo irá bien', pero ahora existe la posibilidad de que estemos atados", dijo Ryo.
La mujer teme que esto le permita a su exmarido volver a solicitar la custodia compartida de su hija de 15 años, lo que los obligaría a retomar el contacto.
"Realmente creo que es un problema. Tendré que vivir con esa ansiedad hasta que mi hija sea mayor de edad", se lamenta.
Sin embargo, existen protecciones legales para los casos en los que existe riesgo de abuso o daño al bienestar físico o mental del menor.
"Si el tribunal está convencido de que existen problemas de violencia doméstica antes de la separación, antes del divorcio, entonces debe otorgar la custodia exclusiva", explicó Saito.
Aun así, algunas víctimas, como Ryo, temen que los tribunales de familia en Japón exijan pruebas contundentes, y ella no está convencida de que los tribunales acierten en todos los casos.
La mujer indica que en su caso casi nunca hubo señales físicas de abuso porque su exmarido era muy cuidadoso para no dejar marcas.
Por ahora, la ley se encuentra en un delicado equilibrio entre proteger a los padres vulnerables y preservar la relación del menor con ambos.
De vuelta en el parque, Deng tiene la esperanza de que la nueva ley le permita volver a formar parte de la vida cotidiana de sus hijos.
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