La "defensa de la revolución y de sus conquistas".
Esa es la misión que el artículo 150 de la Constitución iraní asigna al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), el ejército paralelo establecido por el fallecido ayatolá Ruhollah Jomeini apenas meses después del triunfo del movimiento con el que derrocó al régimen del sha Reza Pahlavi en 1979.
Hoy, la todopoderosa organización puede considerar que ha cumplido su tarea. Después de casi seis semanas de bombardeos por parte de sus grandes enemigos —Estados Unidos e Israel—, el régimen teocrático nacido hace 47 años sigue en pie y sin señales visibles de que vaya a colapsar. Esto, a pesar de que buena parte de su liderazgo, comenzando por el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, fue eliminado.
Organizaciones de inteligencia y expertos en Medio Oriente señalan que el régimen iraní difícilmente habría sobrevivido a los ataques aéreos ordenados por Donald Trump y Benjamin Netanyahu sin el férreo control que la Guardia Revolucionaria ejerce sobre amplios sectores de la sociedad, un control que, además, parece haberse fortalecido y expandido.
El otro ejército
El CGRI fue creado por Jomeini porque él y los demás clérigos "no confiaban en el ejército regular iraní, el cual había sido formado durante el tiempo del sha", explicó a BBC Mundo la politóloga e internacionalista Roxane Farmanfarmaian.
Y prueba de lo anterior es que este cuerpo responde directamente a quien ocupa el cargo de líder supremo y no está bajo el control del Ministerio de Defensa.
"Es un cuerpo diseñado fundamentalmente para defender los ideales del régimen revolucionario", agregó la profesora en la Universidad de Cambridge (Reino Unido).
"La guerra contra Irak (1980-1988) no solo creó la oportunidad para que el CGRI demostrara su lealtad al régimen, sino también para convertirse en la principal fuerza militar en Irán", señaló por su parte el director del Instituto Independiente de Administración y Estudios de la Sociedad Civil de Irak, el general (r) Munqith Dagher.
A lo largo de estas casi cinco décadas, el cuerpo ha ido creciendo. Hoy se estima que sus efectivos rondan entre los 125.000 y 200.000, mientras que las fuerzas armadas regulares tienen unos 350.000 uniformados, según fuentes occidentales.
La Guardia Revolucionaria tiene una fuerza terrestre, una marina y una aérea. Esta última, aunque no opera aviones de combate, es responsable del programa de misiles balísticos que el país ha desarrollado en los últimos años.
Además de las tres ramas que tradicionalmente se encuentran en cualquier fuerza armada, el cuerpo tiene otras dos que generan preocupación en Occidente y entre sus vecinos: los Basij y la Fuerza Quds.
Los Basij son grupos de paramilitares conformados por voluntarios que se encargan del orden interno.
Estos grupos han sido acusados por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y por organizaciones civiles en el exilio de causar miles de muertes durante la represión de las distintas olas de protestas antigubernamentales que han sacudido al país en las últimas dos décadas.
Por último, está la Fuerza Quds, una unidad especializada en guerra asimétrica y operaciones de inteligencia militar, responsable de conducir acciones fuera del país.
En 2011, miembros de este grupo fueron acusados de orquestar un plan para asesinar al embajador saudita en EE.UU. Y en 2019, un tribunal alemán condenó a uno de sus agentes por espiar al antiguo líder de un grupo germano-israelí y a personas de su entorno.
Por su parte, las autoridades estadounidenses lo acusan de planificar atentados por todo Medio Oriente que han "resultado en la muerte de cientos de civiles y militares estadounidenses".
La organización también se encarga de mantener contactos con aliados de Teherán, tanto estatales como no estatales, como el llamado "Eje de la resistencia", que integran Hezbolá en el Líbano, Hamás en la Franja de Gaza y los hutíes en Yemen.
Todo lo anterior explica por qué EE.UU. liquidó en 2020 a uno de sus líderes, el general Qasem Soleimani, entonces comandante de la Fuerza Quds, en un ataque con un dron en Irak, y por qué ofrece una recompensa de US$10 millones por información que lleve a la captura de cinco altos mandos del cuerpo, según se lee en la página web del Departamento de Estado.
Una fuerza poco convencional
Pero tener cinco ramas no es la única peculiaridad de esta fuerza militar. La estructura de mando del CGRI tampoco es la tradicional.
"Cuando estalló la guerra el 28 de febrero, la Guardia Revolucionaria pasó inmediatamente a un sistema descentralizado de mando y control, el llamado 'Sistema Mosaico’", le explicó a BBC Mundo Antonio Giustozzi, experto en terrorismo y conflictos del Instituto Real de Servicios Unidos (RUSI) de Londres.
El "Sistema de Mosaico" o "Defensa Mosaico" es una doctrina por la cual los mandos del CGRI, ante la imposibilidad de vencer la superioridad tecnológica y de fuego de EE.UU., asumieron que la única opción era resistir y causar daño. Para ello, repartieron a sus hombres y los arsenales de misiles y drones entre las 31 provincias del país, y a cada comando regional se le dio una lista de tareas que cumplir en caso de un ataque.
"Hemos tenido dos décadas para estudiar las derrotas del ejército estadounidense en nuestras inmediaciones, tanto al este como al oeste (en Irak y en Afganistán). Hemos incorporado las lecciones correspondientes", afirmó el ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi.
"La Guardia Revolucionaria otorgó autonomía a sus unidades, de modo que los distintos mandos regionales pusieron en marcha sus respectivas unidades y actuaron, sin tener que esperar órdenes de los superiores, los cuales que fueron liquidados en los primeros bombardeos", señaló Antonio Giustozzi.
Esto explicaría por qué, incluso cuando el presidente del país, Masud Pezeshkián, anunció en abril pasado que su país dejaría de atacar a sus vecinos, los cohetes y drones siguieron cayendo en Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Qatar.
"La degradación de los nodos centrales de comunicación en Teherán no ha resultado en la parálisis esperada, ya que la Guardia Revolucionaria delegó la autoridad de lanzamiento (de cohetes y drones) a comandantes regionales, permitiendo una respuesta fragmentada pero persistente", constató el Instituto de Estudios de la Guerra de Estados Unidos (ISW, por sus siglas en inglés).
Algunos expertos achacan a este cuerpo la arriesgada estrategia de cerrar el estrecho de Ormuz, por donde cruza el 20% del crudo mundial; y de atacar a los Estados del Golfo en respuesta a los bombardeos de EE.UU. e Israel.
"El ejército regular iraní no pudo hacer eso. No estaba entrenado para ello", agregó Giustozzi.
Más allá de los cuarteles
Otra singularidad del CGRI es que su influencia va más allá de los ámbitos de la defensa y de la represión de la disidencia.
"Se le ha permitido involucrarse en la economía del país. Por ejemplo, se convirtió en el principal accionista de la industria nuclear y en un actor clave en algunas de las grandes empresas militares", aseguró a BBC Mundo Farmanfarmaian.
También participa en la industria petrolera, de la construcción y bancaria, según se lee en un informe del Consejo de Asuntos Internacionales, un centro de estudios no partidista estadounidense.
La influencia de la Guardia Revolucionaria ha llegado a la política igualmente. A lo largo de las últimas décadas, varios generales y comandantes del cuerpo han dado el salto a la política para convertirse en diputados, y algunos han competido por la presidencia del país. Esto, con la venia del fallecido líder supremo, Alí Jamenei.
Sin embargo, tras el inicio de los ataques el 28 de febrero, la influencia del ejército paralelo ha crecido. Prueba de ello es que el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, un antiguo general del CGRI y quien se ha postulado para las últimas cuatro elecciones presidenciales, era una de las voces cantantes en las negociaciones con EE.UU.
Otra señal es el respaldo que el poderoso cuerpo armado dio para que Motjaba Jamenei, hijo del fallecido líder supremo, fuera elegido en reemplazo de su padre.
La relación entre Motjaba Jamenei y el CGRI data de su juventud, cuando se alistó para luchar en la guerra contra Irak, y se reforzó después de que su padre sucediera al fundador de la República Islámica, el ayatolá Jomeini, en 1989.
Varios de los compañeros de armas del flamante líder supremo escalaron y ocuparon cargos de importancia durante el largo mandato de su padre, reveló el diario estadounidense The New York Times.
¿Cambio de régimen?
"La estrecha relación entre la Guardia Revolucionaria Islámica y la oficina del líder supremo ha sido uno de los mayores activos de Motjaba Jamenei", agregó Farmanfarmaian.
Sin embargo, el hecho de que el nuevo líder no se haya mostrado en público desde su elección y los rumores de que habría resultado seriamente herido en el mismo ataque en el que murió su padre, junto al cada vez más notorio protagonismo de mandos y exaltos mandos del CGRI en los asuntos cotidianos hacen creer el poder en Irán está cambiando de manos.
"Mojtaba no es supremo; puede que sea líder de nombre, pero no es supremo como lo fue su padre", declaró a The New York Times Ali Vaez, director para Irán del International Crisis Group.
"Mojtaba está subordinado a la Guardia Revolucionaria porque les debe su cargo y la supervivencia del sistema", agregó el experto.
Según la Constitución iraní, el líder supremo es el jefe del Estado y comandante de las fuerzas armadas.
Por su parte, el presidente, aunque es el jefe del gobierno, tiene un rol puramente simbólico en áreas como la seguridad y la defensa.
Un análisis similar hacen desde el ISW, donde creen que el verdadero poder en Teherán ahora está en manos del general Ahmad Vahid, comandante del CGRI, quien es de los pocos que "tiene acceso" al líder.
Vahid es de los que mantiene una postura dura y rechaza hacer cualquier concesión a Washington durante las negociaciones sobre su programa nuclear, a pesar de que esto pueda desencadenar nuevos bombardeos. Los militares iraníes han participado, por primera vez, en dichas conversaciones.
No obstante, los expertos consultados por BBC Mundo consideran que es pronto para hablar de un cambio de régimen, en especial uno que suponga el desplazamiento de los clérigos del poder.
"Irán podría terminar pareciéndose a Pakistán", afirmó Giustozzi.
"En Pakistán, de vez en cuando, los militares toman el poder, pero al final deciden retirarse porque no quieren tener que cargar con la culpa de que la economía fracase", explicó.
"Los miliares del CGRI podrían optar por seguir siendo poderosos y tener una especie de poder de veto sobre el gobierno civil, pero no un control total. Serían un poder en la sombra", remató.
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