Estatua de Lenin delante del Museo de Historia Nacional de Kirguistán en Bishkek
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El actual Museo de Historia Nacional de Kirguistán, ubicado en Bishkek, era el Museo Lenin durante la era soviética.

La capital de Kirguistán se encuentra en el epicentro de una purga de su pasado arquitectónico.

Bishkek, que hasta ahora era considerada un ejemplo del urbanismo soviético, ha perdido varios edificios emblemáticos y otros monumentos se encuentran amenazados de demolición.

Hace unos meses, el presidente de Kirguistán, Sadyr Zhaparov, participó en la inauguración de unas obras diseñadas para albergar a 60.000 residentes y con un coste estimado de US$3.000 millones.

El lugar elegido para la construcción fue el terreno del otrora legendario hipódromo soviético Ak Kula. Se decía que allí se encontraban la ciudad y la estepa, la modernidad y las tradiciones nómadas.

Para algunos analistas Ak Kula era incluso una representación simbólica de una parte importante de la identidad y la historia de Kirguistán, esta pequeña exrepública soviética ubicada en Asia Central.

Pero este complejo construido en 1947 estaba en estado de abandono, había perdido su condición de monumento a principios de la década de 2020 y, finalmente, fue demolido para darle una nueva vida.

En definitiva, cualquier hipódromo es un enorme terreno baldío. Los argumentos a favor de utilizar ese espacio en la ciudad de forma más eficaz y rentable son bastante sencillos y comprensibles.

La particularidad del nuevo complejo edilicio de Bishkek radica en que las estructuras únicas y reconocibles de Ak Kula —el complejo de entrada, los edificios administrativos y las tribunas— podrían haberse conservado e integrado en el proyecto como parte de la historia urbana y nacional.

Y no se trata de un solo ejemplo.

En los últimos cinco años, Bishkek ha perdido al menos nueve edificios históricos importantes, según estimaciones de periodistas y urbanistas.

La mayoría de los edificios demolidos fueron construidos en el estilo arquitectónico conocido como imperialismo estalinista.

"¿Cómo estaríamos sin estos edificios?", dice la premiada artista kirguisa Gulnara Musabai, de 71 años.

"Ahora los van a derribar y construirán esos edificios todos iguales. Otra vez una caja de hormigón armado y ya está", agrega.

El edificio y la pista del hipódromo con la ciudad de fondo
Anna Karamurzina
El hipódromo Ak Kula seis meses antes de su demolición.

Ciudad "desechable"

La imprenta Erkin-Too, construida en 1931 y donde se publicó el primer periódico de Kirguistán, es uno de los edificios demolidos.

En 2015 la imprenta fue despojada de su condición de monumento. El Ministerio de Cultura declaró que el edificio había perdido su valor arquitectónico, urbanístico e histórico-cultural y que no era susceptible de restauración.

También fue demolido el edificio de la Escuela de Música Kurenkeev, la más antigua del país, construida en 1939, y única encargada de la formación de músicos profesionales.

También han desaparecido tres monumentos emblemáticos, cuyo desmantelamiento no tuvo una explicación práctica clara. Entre ellos estaba "Recepción de invitados", una de las fuentes más antiguas de Bishkek, y el bajorrelieve de la pared del Teatro Dramático Ruso Aitmatov.

La profesora de arquitectura Aigul Nasirdinova señala que este tipo de actitud hacia los edificios históricos convierte a Bishkek en una "ciudad desechable", que está perdiendo su código cultural diverso.

"Las ciudades que se respetan a sí mismas no derriban los monumentos arquitectónicos", afirma Nasirdinova.

Estas obras, agrega, "se acumulan como un capital que aportará ingresos en el futuro".

El arquitecto y experto en desarrollo estratégico del entorno urbano Aibek Sydykov coincide: "Falta la comprensión de que la identidad preservada es un activo a largo plazo que, en el futuro, aportará a la ciudad mucho más a través del turismo y la calidad de vida que la construcción acelerada".

"Debemos dejar de considerar los edificios antiguos como 'ruinas' o un 'freno al progreso'. En la práctica internacional, se trata de edificios emblemáticos que crean el espíritu del lugar", afirma.

Un edificio con una cúpula dorada y la bandera de Kirguistán.
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"La ciudad está perdiendo su ADN, convirtiéndose en un conjunto de soluciones estandarizadas", dice un experto.

La historia pierde ante los negocios

La Ley de Protección de Monumentos de Kirguistán establece que cualquier bien adquiere ese estatus de forma definitiva.

Sin embargo, el artículo 36 de la ley aclara que la demolición y la reconstrucción de objetos del patrimonio histórico-cultural se permiten con autorización del gobierno "en caso de destrucción repentina del monumento como consecuencia de una catástrofe natural y ante la amenaza de pérdida del valor histórico, científico, artístico y de otro tipo del objeto".

Es precisamente esta disposición la que utilizan el gobierno y las comisiones especiales para privar a un objeto de su condición de monumento arquitectónico o histórico.

Nasirdinova afirma que, cuando se derriban edificios históricos, las primeras en beneficiarse son las empresas constructoras. Muchos edificios históricos de Bishkek se encuentran en el centro de la ciudad, una zona densamente urbanizada con los precios por metro cuadrado más elevados.

"[A menudo] los monumentos arquitectónicos son propiedad del Estado y no están sujetos a privatización. Se encuentran en la parte central de la ciudad y ocupan grandes superficies", explica Nasirdinova.

Pero si un monumento se ha derrumbado y no es restaurable, en ese lugar se puede hacer lo que se quiera. "Los monumentos arquitectónicos pierden frente a los intereses empresariales", señala la profesora.

Activistas y analistas coinciden en que uno de los factores clave de lo que está ocurriendo es la corrupción.

Según datos de Transparencia Internacional (declarada en Rusia organización "indeseable" y "agente extranjero"), Kirguistán se encuentra sistemáticamente entre los países con peores resultados en este aspecto.

Detalles de estilo soviético sobre el edificio del Teatro de Ópera de Bishkek.
Getty Images
Detalles de estilo soviético sobre el edificio del Teatro de Ópera de Bishkek.

"Aquí prevalece la lógica pragmática del beneficio económico a corto plazo. Lamentablemente, en este marco de referencia, el valor del metro cuadrado sigue pesando más que el valor inmaterial de la historia y la cultura", afirma Sydykov.

En los últimos cinco años, la envergadura de los proyectos de construcción ha aumentado notablemente en Kirguistán. Y el boom de la construcción se ha convertido en uno de los principales factores del crecimiento del PIB del país.

En los últimos tres años, el PIB se ha duplicado, pasando de 1 billón de som (US$11.000 millones) a casi 2 billones de som (US$22.000 millones). Según datos del gobierno, en 2025 la economía del país creció un 11%. En el sector de la construcción, el crecimiento el año pasado superó el 21%.

El ADN de Bishkek

Bishkek (entonces Pishpek) obtuvo el estatus de ciudad en 1878.

Hasta principios del siglo XX era un asentamiento con edificios de una sola planta. Los pocos de dos plantas que existían, albergaban las oficinas de la administración o las residencias de los comerciantes acaudalados.

El principal desarrollo de la ciudad tuvo lugar durante el periodo soviético.

La casa de Ilya Terentyev, el primer alcalde electo de la ciudad (1910), es uno de los pocos edificios de la época prerrevolucionaria que se conservan en Bishkek
Dmitry Motinov, para el Servicio ruso de la BBC
Bishkek creció en la época de la Unión Soviética. La casa de Ilya Terentyev, el primer alcalde electo de la ciudad (1910), es uno de los pocos edificios prerrevolucionarios que se conservan.

Sydykov explica que el paisaje de Bishkek se caracteriza por el modernismo soviético y los edificios de estilo imperialista estalinista, una corriente arquitectónica de la Unión Soviética de los años 1930 a 1950.

"El Circo Estatal de Kirguistán (1976) es uno de los ejemplos más reconocibles del modernismo soviético en la ciudad. Se trata de un edificio circular con el característico 'platillo volador' de cúpula", explica el arquitecto.

Sydykov destaca que lo que hace única a la arquitectura de Bishkek no son las llamadas "cajas soviéticas", sino el modernismo de Frunze, que fue de los años 1960 a 1980.

"Se trata de una adaptación del estilo internacional al contexto local: celosías para proteger del sol, uso del hormigón, ornamentos nacionales", explica.

Un ejemplo es la Filarmónica Estatal de Kirguistán T. Satyganov: "Es una sala de conciertos monumental con una fachada expresiva, grandes formas geométricas típicas del modernismo postsoviético y elementos decorativos en relieve", dice.

Por todo esto y más, Sydykov afirma: "Nuestra tarea es aprender a sacar partido de la historia, en lugar de venderla al precio del ladrillo para su demolición. El futuro de Bishkek reside en su singularidad, no en imitar a las megaciudades sin personalidad".

Y continúa: "La ciudad está perdiendo su ADN, convirtiéndose en un conjunto de soluciones estandarizadas".

Un edificio con forma de "plato volador" en el centro de Biskek. En el tejado se lee "Circo" en letras grandes. Al fondo se ven tres grúas de obra y un rascacielos en construcción.
Dmitry Motinov, para el Servicio ruso de la BBC
El "plato volador" del circo estatal es un claro ejemplo del modernismo soviético. Y uno de los edificios más emblemáticos de Bishkek.

¿Desovietización?

Tanto Zhaparov como sus seguidores suelen usar la expresión "Nuevo Kirguistán", que busca el crecimiento del PIB y el desarrollo del turismo, pero también reformas arquitectónicas.

Al asumir como jefe de Estado en 2021, anunció la necesidad de construir un nuevo edificio para la administración presidencial.

La inauguración oficial del nuevo complejo tuvo lugar en agosto de 2024. El edificio se construyó en el lugar que ocupaba el antiguo hotel Issyk-Kul, que anteriormente también tenía la categoría de monumento arquitectónico.

El entonces portavoz del presidente, Erbol Sultanbaev, respondió a las protestas de ciudadanos y de la comunidad de arquitectos, diciendo que la construcción del nuevo edificio era una cuestión de "prestigio" para el país.

"Cuando visitamos países extranjeros, siempre observamos con admiración sus complejos administrativos y su arquitectura", señaló el portavoz. "Ojalá que ahora los visitantes de nuestra república nos miren con la misma admiración".

Unos militares vestidos con uniforme de gala desfilan frente a un edificio administrativo blanco. En el centro del edificio se alza una fachada acristalada con forma de cruz. En la torreta ondea una bandera.
Gobierno del presidente de Kirguistán
Según los planes de las autoridades, la nueva sede presidencial debe cautivar a los visitantes extranjeros.

En los últimos cinco años, las autoridades han gastado decenas de millones de dólares en la construcción de nuevos edificios administrativos.

La atención prestada a los símbolos también se ha plasmado en el cambio de la bandera nacional (aunque no haya sido radical, sí ha suscitado reacciones encontradas entre la ciudadanía), y en 2024 se inició el proceso para la adopción de un nuevo himno (actualmente, una comisión especial sigue estudiando las propuestas).

El 14 de abril, durante un viaje al sur del país, Zhaparov también declaró que el año que viene se cambiarán los nombres de todas las localidades de Kirguistán que tengan nombres soviéticos o rusos.

Más tarde, sin embargo, su actual portavoz, Askat Alagozov, informó de que se había malinterpretado al jefe de Estado y que solo se trataba de una prohibición temporal de dar a los pueblos nombres de personalidades concretas.

Cuando el año pasado se derribó en Osh, la segunda ciudad más grande de Kirguistán, un monumento de 23 metros dedicado a Vladimir Lenin, algunos expertos comenzaron a hablar de que en el país se había iniciado un proceso de desovietización.

En aquel momento, era el monumento a Lenin más alto de Asia Central. La calle donde se encontraba también dejó de llamarse en honor al revolucionario que fundó la Unión Soviética.

La Casa Blanca, edificio de oficinas presidenciales construido en estilo moderno estalinista en Bishkek, Kirguistán.
Arterra/Universal Images Group via Getty Images)
"Las ciudades que se respetan a sí mismas no derriban los monumentos arquitectónicos", dice una experta.

Sin embargo, en la capital de Kirguistán, los barrios siguen llevando nombres soviéticos y en el centro se conserva el monumento a Lenin.

Es más, en sus discursos, Zhaparov sigue mencionando, sin dejar de lado a nadie, a "los fundadores del Estado, los héroes de la Unión Soviética, los maestros de la prosa y los héroes populares".

Por lo tanto, afirmar que el desmantelamiento y la demolición de la arquitectura soviética forman parte de algún tipo de programa ideológico es, como mínimo, prematuro.

"El proceso de desovietización no se está llevando a cabo de forma reflexiva y consciente a nivel político en Kirguistán", explica Elmira Abylbek, directora del proyecto de investigación histórico Esimde.

"Existen diferentes debates y narrativas, pero no a nivel estatal. Seguimos siendo muy leales a nuestra antigua metrópoli. En cambio, se están desarrollando activamente procesos de 'retorno a uno mismo': hacia la conservación y el desarrollo de la lengua, la cultura y la historia", agrega.

"No se trata necesariamente de un proceso de oposición a algo y mucho menos de forma agresiva, sino de la recuperación de nuestra propia subjetividad".

*Esta nota es una versión resumida del artículo publicado por el Servicio ruso de la BBC, que puedes leer en su idioma original aquí.

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