Mientras el país seguía de cerca la búsqueda de los restos del cacique Enriquillo en las ruinas de la Iglesia de Las Mercedes, en Pueblo Viejo, Azua, otra historia se escribía en paralelo entre las mismas piedras coloniales: seis profesionales dominicanos aprendían, por primera vez en un sitio arqueológico activo, a documentar, excavar y conservar el patrimonio que el suelo guarda desde el siglo XVI. Esta semana, la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) les entregó sus certificados.
De las ruinas al aula: 180 horas entre tierra y memoria
El programa de pasantías se desarrolló del 2 al 28 de febrero de 2026, en paralelo a la fase de excavaciones del proyecto "Tras los Restos del Cacique Enriquillo", impulsado por la Fundación Macarrulla con el respaldo de la Dirección General de Proyectos Estratégicos y Especiales de la Presidencia (PROPEEP).
La formación no fue teórica. Los seis pasantes trabajaron directamente en el terreno bajo la dirección de la arqueóloga dominicana doctiora Kathleen Martínez Berry, quien viajó desde Egipto —donde dirige las excavaciones en busca de la tumba de Cleopatra— para encabezar los trabajos en Azua. Fue en ese mismo sitio donde el equipo halló 13 osamentas humanas, en lo que constituye uno de los hallazgos arqueológicos más significativos de los últimos años en el país.
Lo que aprendieron
El programa cubrió competencias técnicas que hoy escasean en el sistema universitario dominicano:
- Documentación arqueológica, registro sistemático de hallazgos en campo
- Fotogrametría y planimetría, técnicas de medición y representación espacial del sitio
- Reconstrucción virtual, modelado digital de estructuras y piezas
- Excavación y tratamiento de materiales, manejo de restos con criterios científicos
- Restauración y consolidación de estructuras, conservación preventiva del patrimonio construido
Los seis profesionales reconocidos fueron Catherine Cepeda, Francisco Rannel Báez, Jensil Brujan, José Antonio Arias, Juan Peña y Melissa Beriguette, todos provenientes de áreas afines a la arqueología y la arquitectura.
La UNPHU como aval académico: un rol que va más allá del certificado
La participación de la UNPHU en el proyecto no fue decorativa. A través de su Facultad de Arquitectura y Artes, la universidad funcionó como respaldo institucional del proceso formativo, garantizando que las 180 horas de práctica tuvieran validez académica y criterios de rigor científico.
El acto de entrega de certificados fue encabezado por la propia doctora Kathleen Martínez Berry; Lidia Martínez de Macarrulla, presidenta de la Fundación Macarrulla; doctora María Guadalupe Silva, directora de Investigación de la UNPHU; y la arquitecta Mizoocky Mota, directora de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo.
Martínez Berry subrayó la necesidad de crear espacios de formación especializada que permitan a las nuevas generaciones desarrollar capacidades científicas en áreas vinculadas a la investigación arqueológica. En un país donde la carrera de arqueología no existe como programa universitario formal, esa afirmación tiene un peso particular.
Un sitio que pasó de ser ruina a ser patrimonio
Las Ruinas de la Iglesia de Las Mercedes, en Pueblo Viejo, Azua, corresponden a los vestigios del antiguo asentamiento colonial de Azua de Compostela, fundado en el siglo XVI. El sitio permaneció prácticamente ignorado por décadas hasta que la Fundación Macarrulla, con más de diez años de investigaciones históricas y documentales, impulsó el proyecto arqueológico que arrancó formalmente en febrero de 2026.
Al concluir la fase de excavaciones, el Ayuntamiento de Pueblo Viejo declaró el complejo Patrimonio Histórico y Cultural, reconociendo el valor del sitio que alberga la iglesia y el convento de Nuestra Señora de Las Mercedes. La declaratoria llegó en marzo, semanas después de que las excavaciones revelaran las 13 osamentas que aún están siendo analizadas para determinar si alguna pertenece al cacique Enriquillo.
¿Por qué importa la formación en este arqueología?
La arqueología dominicana enfrenta un déficit estructural de profesionales especializados. La mayoría de los proyectos de envergadura —como el de Pueblo Viejo— dependen de equipos internacionales para cubrir roles técnicos que deberían poder ejercer profesionales locales. El programa de pasantías de la UNPHU y la Fundación Macarrulla apunta, aunque sea de forma incipiente, a cerrar esa brecha.
Lo que queda después de las excavaciones
Los seis certificados entregados esta semana no son solo un reconocimiento individual. Son, en cierta medida, una apuesta institucional por construir una comunidad científica dominicana capaz de custodiar su propio patrimonio sin depender exclusivamente de la mirada externa.
El sitio de Pueblo Viejo sigue activo. Los análisis de las osamentas continúan. Y ahora, al menos seis profesionales más saben cómo leer lo que la tierra guarda.
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