Casi uno de cada dos dominicanos no vota. La tasa de abstención en las elecciones presidenciales y congresuales llegó al 45.6%, una cifra que la Junta Central Electoral (JCE) decidió dejar de tratar como un dato estadístico y empezó a leer como un mensaje político. Para descifrar ese mensaje, encargó al Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) y su Centro de Asesoría y Promoción Electoral (IIDH/CAPEL) la investigación sobre abstención en el país.
El estudio tomó un año y tres meses. Integró a la academia, la sociedad civil, los partidos políticos y las oficinas de servicio en el exterior. Sus conclusiones desmontan el mito más cómodo del sistema: el del ciudadano -o la ciudadana- apático que simplemente no le importa.
"Una democracia se fortalece cuando tiene la capacidad de escucharse a sí misma (…) ¡la participación ciudadana no se decreta: se construye!"
Hirayda Marcelle Fernández Guzmán
Miembro titular y coordinadora de la Comisión del Voto Dominicano en el Exterior
El abstencionista no es indiferente
El perfil que emerge de la investigación es el de un elector -o electora- que usa la abstención como mecanismo de expresión, o que se ve forzado a ella por obstáculos concretos. La diferencia importa, porque las soluciones son distintas según la causa.
El estudio organiza las razones del abstencionismo en tres dimensiones: barreras logísticas, desencanto político, así como presión económica y cultural.
Sobre las barreras logísticas y prácticas, el equipo de investigación conformado por José Thompson Jiménez, Luis Mario Rodríguez y Sofía Vincenzi Guilá, establecen las dificultades de movilidad, falta de información oportuna y obstáculos de movilidad para llegar a las urnas.
"Conocer la magnitud de la abstención nos permite dimensionar el fenómeno; pero conocer sus causas nos permite pensar en soluciones".
Hirayda Marcelle Fernández Guzmán
Miembro titular y coordinadora de la Comisión del Voto Dominicano en el Exterior
En un segundo lugar está el desencanto político, resumido como la "desconfianza en la oferta electoral, en los partidos o en la capacidad real del voto para cambiar algo". Y, el tercero, la presión económica y cultural: "cuando la realidad del bolsillo pesa más que el ejercicio político, o cuando el entorno familiar y social no refuerza la participación".
De acuerdo a lo explicado en la presentación del estudio, ninguna de estas causas es sinónimo de apatía. Son señales que el sistema electoral, según la propia JCE, tiene la obligación de escuchar "sin prejuicios y con rigor científico".
La brecha informativa: más grave en el país que en la diáspora
Uno de los hallazgos más llamativos tiene que ver con la información. En el territorio nacional, el 38% de los ciudadanos dice sentirse poco informado sobre los procesos electorales y las plataformas disponibles. En la diáspora, esa cifra baja al 27.17%. Es un dato que debe motivar a revisar las estrategias de comunicación institucional.
En este sentido, la JCE reconoce que la ciudadanía dominicana es transfronteriza. Para la diáspora, la abstención responde a una lógica propia: la integración en el país de residencia, la distancia emocional con la política local y las dificultades prácticas de ejercer el voto desde el exterior configuran un escenario que no puede abordarse con las mismas herramientas que se usan en Santo Domingo o Santiago; es por esto que el estudio trata al voto en el exterior como una parte integral del sistema, no como un apéndice.
Una señal de alerta: el 5% que prefiere el autoritarismo
Entre los datos que merecen atención especial, el estudio registra que un 5% de los consultados declara preferir un sistema de gobierno autoritario. Es una minoría, pero su existencia dentro de un diagnóstico sobre desafección democrática no es un dato menor.
En este sentido, el Pleno de la JCE aprobó el proyecto Diálogo por la integridad electoral y creó una Subcomisión de abstención electoral, con alcance nacional y en el exterior, para traducir los hallazgos en políticas públicas concretas.
"Reactivar el vínculo político exige ajustes situados que devuelvan la utilidad, la decencia y la viabilidad al ejercicio del voto, reconociendo que no se trata de persuadir, sino de habilitar derechos".José Thompson Jiménez
Director ejecutivo de IIDH/Capel
La institución advierte que los resultados no pueden archivarse: ignorar las causas de la abstención erosiona el contrato social, y "luego podría ser tarde". El llamado incluye a los partidos políticos, la sociedad civil, la academia y los medios de comunicación. La JCE se coloca como facilitadora, pero deja claro que la responsabilidad es de todos.
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