Este 27 de febrero, al conmemorarse el 182 aniversario de la Independencia Nacional, el presidente Luis Abinader comparecerá ante la Asamblea Nacional para rendir cuentas e iniciar la primera legislatura ordinaria del año. Será su sexta rendición de cuentas en un contexto político particularmente desafiante, en el que deberá recuperar la confianza en la gestión, recomponer la cohesión interna de su partido y responder al relanzamiento de la oposición.

Ante este escenario, desde Acento conversamos con la politóloga y periodista Angely Moreno y con el consultor en comunicación estratégica y política, Felipe Vallejos, para conocer cuáles entienden son los principales retos y oportunidades que enfrenta el mandatario en este nuevo ciclo que se abre a partir de esta rendición de cuentas.

Moreno considera que el jefe de Estado tiene el desafío de consolidar un gobierno verdaderamente eficiente.

“Si sus aspiraciones incluyen presidir el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y garantizar la continuidad de esa organización en el poder, el primer paso imprescindible es entregar resultados tangibles”, sostiene. A su juicio, esto implica priorizar perfiles técnicos en posiciones estratégicas y dejar de lado cuotas políticas, apostando por funcionarios con capacidad de ejecución.

Asimismo, advierte que el presidente enfrenta un reto interno de gran sensibilidad dentro del PRM, donde convergen varios aspirantes presidenciales. “Abinader debe ejercer un liderazgo firme pero imparcial, que garantice reglas claras, equidad y cohesión interna”, afirma.

En materia de transparencia, Moreno señala que, aunque parte de la población percibe esta administración como más honesta que la anterior, los casos de corrupción conocidos han impactado negativamente la imagen del gobierno. Por ello, entiende que será necesario reforzar los mecanismos de control y acelerar los procesos judiciales para sostener la credibilidad institucional.

Por su parte, el analista político Felipe Vallejos considera que esta sexta rendición de cuentas llega en el momento más desafiante para el presidente y su gobierno.

“Todo gobierno que se aproxima a los seis años enfrenta un desgaste natural. Los números no mienten: la popularidad del presidente ha descendido y el rechazo ha aumentado, aunque no de manera extraordinaria”, explica.

Añade que el hecho de que Abinader no pueda optar por una nueva repostulación imprime a la administración una sensación anticipada de cierre. “Es un gobierno que ya se siente que va de salida. Eso acelera la competencia interna y reconfigura el tablero político”, sostiene.

En su análisis, Vallejos subraya que, aunque el PRM cuenta con mayoría congresual, las grandes reformas estructurales —fiscal, laboral, policial, de seguridad social y el Código Penal— no han avanzado con la contundencia esperada. Atribuye esta cautela a la intención de preservar estabilidad política y evitar tensiones que puedan afectar las posibilidades de continuidad en el poder frente a la oposición, particularmente la Fuerza del Pueblo (FP).

“El tema de la corrupción, que era el principal distintivo del PRM con respecto al PLD, sobre todo con aquel discurso del Ministerio Público independiente, ha quedado en entredicho con el caso de Senasa. ¿Qué va a pasar con eso? ¿Hasta dónde el PRM puede permitirse este escándalo sin verse manchado por casos de corrupción? Porque entonces desaparecería ese sello distintivo?”, apuntó Vallejos.

El consultor reconoce que el gobierno también tiene activos importantes que exhibir. Destaca los resultados en política exterior y el posicionamiento internacional del país, especialmente en la relación con Estados Unidos, así como el dinamismo del turismo.

“La imagen del país a nivel internacional está sólida, y eso es uno de los principales puntos fuertes del gobierno”, afirma.

Sin embargo, advierte que en materia de obras públicas persiste una brecha entre expectativas y percepción ciudadana. Aunque existen proyectos relevantes en ejecución, como el monorriel y la ampliación del Metro, entiende que la población evalúa la gestión en función de obras tangibles y de impacto directo en su calidad de vida.

Ambos coinciden en que esta rendición de cuentas no será solo un recuento administrativo, sino también un ejercicio de narrativa política. Con menos tiempo por delante que el ya transcurrido, el presidente deberá definir cómo quiere que sea recordada su gestión y si logrará convertir el tramo final de su mandato en una etapa de consolidación y legado.

Franiel Genao

Activista social

Comunicador Social especializando en temas políticos y legislativos.

Ver más