Desde el 25 de mayo de 2026, ningún empleado de la Universidad Católica Nordestana (UCNE) puede circular en motocicleta por la vía pública sin casco protector. La institución, con sede en San Francisco de Macorís, formalizó la medida como política institucional obligatoria, convirtiéndose en una de las pocas organizaciones del país en trasladar al ámbito laboral una norma que la Ley 63-17 ya impone desde hace años, pero que el Estado dominicano ha sido incapaz de hacer cumplir de manera sostenida.
La decisión no surge en el vacío. Llega en medio de una crisis vial que, según datos del INTRANT publicados el pasado 5 de junio, ya acumula 893 fallecidos y más de 30,800 lesionados en lo que va del año 2026.
Una política que nació de adentro hacia afuera
La medida fue construida de forma transversal dentro de la institución. Participaron el Consejo Ejecutivo, las áreas de Gestión del Personal Administrativo, Transporte, Logística y Seguridad, Servicios Generales y Comunicación. No se trató de un decreto unilateral de las autoridades, sino de un proceso deliberativo que culminó en una norma de cumplimiento obligatorio para todos los colaboradores que se desplacen en motocicleta, sin importar si lo hacen dentro o fuera del campus.
"La crisis vial que experimenta la República Dominicana en estos momentos es una emergencia de salud pública que requiere ser analizada, tratada y combatida por todos los ciudadanos y todas las instituciones, sin importar su naturaleza", afirmó el rector, el sacerdote y doctor Isaac García de la Cruz, al justificar la decisión.
La UCNE cuenta además con un Comité Mixto de Salud y Seguridad Laboral que monitorea el bienestar de sus colaboradores y el estado emocional de sus familias, un mecanismo que, según la institución, fue clave para articular la nueva política.
El contexto que hace urgente la medida
Los números que respaldan la decisión de la UCNE son contundentes y, a estas alturas, ampliamente documentados. La República Dominicana figura entre las naciones con mayor riesgo vial del mundo: la Organización Mundial de la Salud (OMS) le asigna una tasa de 67.23 fallecidos por cada 100,000 habitantes, ubicándola como el cuarto país de América Latina y el Caribe con mayor número de muertes de motociclistas.
Durante 2025, el Observatorio Permanente de Seguridad Vial (OPSEVI) del INTRANT registró 1,994 personas fallecidas en siniestros viales y más de 104,666 lesionadas. En lo que va de 2026, la tendencia no cede: solo en los primeros cuatro meses murieron al menos 213 personas en accidentes de motocicletas, según el OPSEVI.
La motocicleta, en el centro de la tragedia
Con más de 3.5 millones de motocicletas registradas —el 57% del parque vehicular nacional—, la moto es el medio de transporte más utilizado por la clase trabajadora dominicana y, simultáneamente, el más letal. Según la Oficina Nacional de Estadística, 7 de cada 10 muertes por accidentes de tránsito corresponden a motociclistas o usuarios de pasolas.
El Hospital Traumatológico Dr. Darío Contreras recibió más de 12,500 motociclistas accidentados en un solo año, y el 95.8% de los pacientes ingresados en centros traumatológicos por siniestros viales en 2025 fueron usuarios de motocicletas, según informó la Sociedad Dominicana de Emergenciología.
El casco: la intervención más barata y más eficaz
La evidencia científica es inequívoca. La OMS documenta que el uso correcto del casco reduce en un 42% el riesgo de traumatismos mortales y en un 69% el riesgo de lesiones craneales. Los cascos de calidad certificada pueden reducir el riesgo de fallecimiento en más de seis veces y mitigar las probabilidades de sufrir un trauma cerebral hasta en un 74%.
Los datos hospitalarios lo confirman desde otra ángulo: los motociclistas sin casco presentan lesiones encefálicas graves en el 29.4% de los casos, frente al 10.5% de quienes sí lo usan. La diferencia en mortalidad es aún más dramática: los motoristas sin casco mueren siete veces más que quienes lo portan correctamente.
"Un casco correctamente colocado, homologado y de calidad certificada no es un accesorio ni una incomodidad: es un protector que salva. Incluso puede marcar la diferencia entre llegar al trabajo al día siguiente o no volver a casa jamás", señaló el rector García de la Cruz.
El costo que nadie quiere pagar
Más allá del drama humano, la siniestralidad vial tiene un impacto económico que el país sigue subestimando. Según la Sociedad Dominicana de Emergenciología, los accidentes de tránsito comprometen más del 2.2% del PIB anual, con un costo estimado que supera los RD$130,000 millones anuales en atención médica, discapacidad y pérdida de productividad.
Para las instituciones empleadoras, el cálculo también es directo: cada accidente de un colaborador genera ausentismo, redistribución de funciones, deterioro del clima organizacional y pérdida de capital humano formado durante años. "Prevenir es siempre más inteligente, más humano y más económico que lamentar", resumió el rector.
Un llamado que va más allá del campus
La UCNE no se limitó a regular la conducta de sus empleados. Con la implementación de esta política, la institución lanzó un llamado explícito al sector empresarial privado y público para que adopte medidas similares, y exigió a las autoridades competentes mayor rigurosidad en la aplicación de la Ley 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial.
El panorama que describe la institución es el de un sistema que falla en múltiples frentes: más del 50% de las motocicletas circula con luces incompletas, el 66.6% lo hace sin espejos retrovisores, y de los más de 3.5 millones de motociclistas registrados en el país, solo el 0.3% posee licencia de conducir.
Frente a ese escenario, el INTRANT anunció esta semana el fortalecimiento de la licencia por puntos, la automatización de la fiscalización y el endurecimiento de sanciones. También desplegó operativos conjuntos con la Policía Nacional, la DIGESETT y el DNCD en paradas de motocicletas del Gran Santo Domingo. Si esas medidas tendrán continuidad o quedarán como gestos aislados, es la pregunta que la ciudadanía lleva años haciéndose.
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