El presidente de la Federación Nacional de Transporte (Fenatrano), Juan Hubieres, reclamó al Gobierno una rebaja en los precios de los combustibles y aseguró que los aumentos no pueden justificarse únicamente por conflictos internacionales.

En declaraciones recogidas en una intervención pública, el dirigente planteó que el país debe revisar el esquema de precios y subsidios, al tiempo que anunció un plazo de espera de 20 días antes de tomar nuevos pasos.

“Estamos pidiendo al Gobierno que rebaje el precio de los combustibles, por lo menos a como estaba”, afirmó Hubieres. En su argumento, sostuvo que el alza no se explica por la coyuntura bélica que suele citarse en el debate público: “No es la guerra de Estados Unidos contra Irán la que ha provocado los aumentos de los combustibles”, dijo, aunque matizó que, en el caso de otros rubros, sí podría haber impacto por factores externos, como el encarecimiento de insumos vinculados a Ucrania y Rusia.

El dirigente puso como referencia el precio internacional del crudo para respaldar su reclamo. Según expresó, “el barril de petróleo hoy está entre 81 y 90 dólares el barril como máximo”, y comparó ese rango con momentos previos a otros episodios de tensión internacional para cuestionar por qué el precio local seguiría subiendo.

Hubieres también llamó la atención sobre el impacto del combustible en el transporte público y, en particular, en las unidades pequeñas. Señaló que una parte significativa del parque vehicular que ofrece servicios de corta capacidad opera con gasolina, no solo con gas o propano, como suele afirmarse.

“Nosotros tenemos cientos, cientos y cientos de guagüitas de ocho o diez pasajes que consumen gasolina”, afirmó, al responder a quienes —según dijo— minimizan el problema bajo la idea de que el transporte menor opera con otros combustibles.

En su intervención, el presidente de Fenatrano también criticó lo que describió como un trato desigual en el acceso a combustible y beneficios. Mencionó casos de grandes consumidores que —según sus palabras— reciben volúmenes muy superiores, mientras que los transportistas organizados reciben lo mismo que se entregaba desde administraciones anteriores. “El que recibe dos millones… de galones por un mes. O ‘Barry Gold’ (sic), que recibe diez millones de galones de gasoil todos los meses”, expresó, en un pasaje en el que cuestionó que esos flujos se mantengan “pase lo que pase”.

Además, denunció que el esquema vigente —según su planteamiento— ha favorecido el mercado informal y a sectores con conexiones políticas. “Aquí mucha gente se dedica a vender en el mercado negro… y le ha ido muy bien. Y al político le ha ido muy bien. Y amigo de políticos le ha ido muy bien”, afirmó, al referirse a quienes, presuntamente, obtendrían combustible subsidiado para luego comercializarlo.

Junto al reclamo económico, Hubieres incorporó un componente social: la situación de los choferes y trabajadores del transporte que, según dijo, enfrentan dificultades para acceder a pensiones. “Mientras nuestros compañeros no tienen pensiones, nuestros compañeros que están ciegos, que ya no pueden trabajar, que no tienen una pensión especial”, afirmó, al insistir en que los trabajadores del sector requieren condiciones de retiro que consideró “dignas”.

En cuanto a los próximos pasos, Hubieres señaló que no se trata de una reacción inmediata, sino de un compás de espera. “Nosotros no nos vamos a morir ni por quince días, ni por veinte días… en lugar de quince días, veinte días”, dijo, al indicar que el sector aguarda una respuesta en ese plazo. Sin embargo, dejó abierta la puerta a medidas posteriores: “La ñapa viene atrás, que no hay problema”, advirtió, sin detallar en qué consistiría.

En un cierre más personal, el dirigente aludió a su relación con funcionarios y a la percepción que asegura generan sus posiciones.

“Aunque hay funcionarios que me ven con mala cara… no me ven con mala cara porque yo soy malo”, comentó, antes de definirse con una metáfora: “Yo soy como el limón: seco y ácido”.

Las declaraciones se producen en medio del debate por el costo de los combustibles y su efecto en el transporte público, un rubro especialmente sensible por su impacto directo en los costos de operación y, eventualmente, en las tarifas que paga la ciudadanía.

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